Hay noticias de naturaleza que no suenan a gran titular hasta que te paras a pensar en lo que implican. Guardaparques del Parque Nacional Río Clarillo, en Pirque (Región Metropolitana de Santiago), han confirmado un sitio activo de nidificación del loro tricahue. Es la primera vez en más de 15 años que se documenta allí una población residente, no solo ejemplares de paso.
En la práctica, esto significa reproducción y permanencia. Y también una responsabilidad extra, porque hablamos de un parque muy cercano a una zona altamente poblada. No es poca cosa.
Un regreso que empezó con un aviso
El punto de partida no fue un satélite ni un gran laboratorio. Fue el aviso de un vecino colindante al parque, que permitió activar el seguimiento. A partir de ahí, guardaparques de la Corporación Nacional Forestal (CONAF) localizaron un área de nidificación en una barranca de pomacita, en las cercanías del sector El Principal, donde está el acceso al parque.
El matiz clave está en la palabra “residente”. CONAF explica que durante años se veían ejemplares de paso, pero sin confirmación de que se alimentaran, permanecieran y se reprodujeran dentro del área protegida. Ahora sí.
Por qué este registro es tan importante
El loro tricahue (Cyanoliseus patagonus) tiene en Chile una subespecie endémica, Cyanoliseus patagonus bloxami. En el comunicado se recuerda que está clasificada como “En Peligro” en Atacama y Coquimbo, y como “Vulnerable” en O’Higgins y Maule, mientras que en la Región Metropolitana no se habían registrado poblaciones residentes.
Que vuelva a criar en Río Clarillo importa por dos razones claras. Primero, porque confirma que el parque vuelve a ofrecer condiciones para completar el ciclo reproductivo. Segundo, porque la guardaparque Catalina Parra Loyola recuerda que en los años 80 la especie estuvo “cercana a la extinción” y que tras esfuerzos de conservación “se está recuperando”.
Así es el tricahue y por qué necesita barrancas
Según el Servicio Agrícola y Ganadero (SAG), es el loro de mayor tamaño en Chile y mide cerca de 45 cm, con un anillo blanco alrededor del ojo y tonos verdosos, amarillos y anaranjados en el plumaje. Ese tamaño hace que destaque incluso a cierta distancia.
Su hábitat explica por qué el hallazgo se da donde se da. La ficha del Ministerio del Medio Ambiente describe que vive en ambientes semiáridos precordilleranos de Chile central, cerca de ríos, y que excava sus nidos en paredones. Sin paredón, no hay nido.
Amenazas que siguen presentes
El regreso no borra los problemas históricos. El Ministerio del Medio Ambiente señala como causas principales de su disminución la cacería y la extracción de crías, además de la modificación del hábitat, y recuerda que su caza y captura está prohibida desde 1972.
La misma ficha aporta un dato que da contexto. Indica que el área más poblada se concentra entre la VI y la VII región con el 85% de la población, y que en censos de CONAF en la VII región entre 1987 y 2001 se promediaron 1555 individuos. También menciona que podrían quedar no más de 12 “loreras” activas en la zona central.
Además, hay un riesgo muy cotidiano en zonas agrícolas. Parra Loyola advierte de que algunos tricahues pueden rondar nogaladas y campos de Pirque, y pide “convivir en armonía”. También insiste en identificarlos bien para no confundirlos con la cotorra argentina, una especie invasora.
Un parque muy cerca de la ciudad
Río Clarillo no es un parque remoto. CONAF lo define como la unidad del Sistema Nacional de Áreas Silvestres Protegidas (SNASPE) más próxima a Santiago, y sitúa su superficie en 13.134,15 hectáreas.
Si estás pensando en ir, conviene planificarlo. El parque cuenta con senderos, áreas de picnic para meriendas frías y un centro de información ambiental, y no hay venta de víveres en el interior.
Qué puedes hacer si ves tricahues
La recomendación más sencilla es también la más eficaz. El SAG lo resume así, “observarlo a distancia sin intervenir ni molestarlo”. En época de nidificación, ese margen de distancia puede ser la diferencia entre éxito y abandono.
Si ves un ejemplar herido o con dificultades, lo prudente es avisar a las autoridades competentes en vez de intentar capturarlo por tu cuenta. Y si los ves en los campos o cerca de viviendas, quédate con esta idea de Parra Loyola, “todos formamos parte de este territorio”.
Un trabajo que viene de lejos
CONAF vincula la presencia actual del tricahue con esfuerzos iniciados en la década de 1980 junto con el SAG, orientados a diagnosticar poblaciones y a protegerlas frente a la pérdida progresiva de hábitat. Ese trabajo de fondo es el que hace posible detectar cambios como el de ahora.
En 2011, cuando el área aún era Reserva Nacional (hoy Parque Nacional), se liberaron cerca de 20 ejemplares rehabilitados y entrenados para reconocer semillas nativas del bosque. Muchos no sobrevivieron y otros probablemente migraron, y durante años no se volvió a confirmar una presencia residente dentro del parque. Por eso el registro actual pesa tanto. Ahora toca seguir monitorizando y, sobre todo, evitar molestias en torno a la zona de nidificación.
El comunicado oficial se ha publicado en CONAF.









