El hielo de la Antártida ha abierto una ventana inesperada al fondo del océano. Tras el desprendimiento del iceberg A-84, un equipo científico del Schmidt Ocean Institute pudo explorar con un robot submarino una zona que había permanecido cubierta por la plataforma de hielo George VI. Allí no apareció un desierto oscuro, sino un ecosistema lleno de vida.
La imagen que más ha llamado la atención es la de un Galiteuthis glacialis, un calamar de cristal antártico que no se había grabado vivo en su ambiente natural. Fue captado a 687 metros de profundidad en el mar de Bellingshausen, con el cuerpo transparente y los brazos colocados sobre la cabeza. No es poca cosa.
La grieta que cambió la expedición
El iceberg A-84 se separó el 13 de enero de 2025 de la plataforma de hielo George VI. La NASA lo describió como una gran masa de hielo de unos 30 kilómetros de largo y 17 kilómetros de ancho, con un área cercana al tamaño de Chicago.
El equipo del buque de investigación R/V Falkor (too) no estaba allí para perseguir titulares. Su misión era estudiar el fondo marino y los ecosistemas en la zona de contacto entre el hielo y el mar. Pero el desprendimiento cambió el plan sobre la marcha.
Los científicos llegaron el 25 de enero a la zona recién expuesta. Según el Schmidt Ocean Institute, se convirtieron en los primeros en investigar un área del fondo marino que antes no había sido accesible para los humanos.
Un calamar transparente en la oscuridad
El protagonista de esta historia es el Galiteuthis glacialis, una especie de calamar de cristal descrita científicamente en 1906. Su nombre aparece registrado como Galiteuthis glacialis (Chun, 1906) en el World Register of Marine Species.
Lo importante no es solo que exista, sino cómo se ha visto. Antes de estas imágenes, la especie no había sido observada viva en su entorno natural. El ROV SuBastian la grabó en alta resolución, en una zona fría, profunda y muy difícil de estudiar.
«La primera observación de dos especies diferentes de calamares en expediciones consecutivas es notable», afirmó la doctora Jyotika Virmani, directora ejecutiva del Schmidt Ocean Institute. Su frase resume el fondo del asunto. Sabemos mucho menos del Océano Austral de lo que creemos.
El océano no estaba vacío
Durante ocho días, el robot SuBastian recorrió el fondo marino y encontró comunidades vivas a profundidades de hasta 1300 metros. Los científicos observaron grandes corales, esponjas, peces de hielo, arañas de mar gigantes y pulpos.
La doctora Patricia Esquete, codirectora científica de la expedición, lo explicó de forma sencilla. «No esperábamos encontrar un ecosistema tan hermoso y próspero», señaló. La sorpresa tiene sentido, porque bajo una plataforma de hielo no llega la luz como en la costa que vemos en verano.
La presencia de animales grandes también cuenta una historia más larga. Algunas esponjas crecen muy despacio, en ocasiones menos de dos centímetros al año, por lo que los investigadores creen que estas comunidades podrían llevar décadas, quizá cientos de años, funcionando bajo el hielo.
Otro calamar apareció después
El hallazgo del calamar de cristal no fue el único golpe de suerte científico. El 9 de marzo, en otra expedición cerca de las islas Sandwich del Sur, el mismo buque logró filmar un calamar colosal juvenil vivo en su hábitat natural.
El animal medía unos 30 centímetros y fue grabado a 600 metros de profundidad. Parece pequeño si lo imaginamos en una pantalla, pero su especie puede alcanzar hasta 7 metros y pesar unos 500 kilos en la edad adulta, lo que la convierte en el invertebrado más pesado del planeta.
La doctora Kat Bolstad, de la Auckland University of Technology, ayudó a verificar la identificación. Recordó que durante 100 años los científicos habían conocido a estos calamares sobre todo por restos encontrados en estómagos de ballenas y aves marinas. Verlo vivo cambia la película.
Por qué importa mirar bajo el hielo
Este descubrimiento no es solo una curiosidad para amantes de los animales raros. También ayuda a entender cómo funcionan los ecosistemas bajo las plataformas de hielo flotantes, una de las zonas menos conocidas del planeta. Y ahí está la clave.
La NASA recuerda que el desprendimiento de icebergs es un proceso normal en las plataformas de hielo. Pero también advierte de que el calentamiento del aire y del agua, junto con la pérdida de hielo marino protector, puede acelerar estos procesos en algunas zonas. Conviene no mezclarlo todo, pero tampoco mirar hacia otro lado.
En la práctica, cada ventana abierta bajo el hielo puede ofrecer datos sobre biodiversidad, corrientes, geología y cambios pasados de la capa de hielo antártica. Es ciencia lenta, de la que no siempre sale una imagen espectacular. Pero cuando sale, como ahora, ayuda a explicar por qué el océano profundo importa tanto.
Qué falta por saber
Los investigadores sospechan que algunas de las especies observadas podrían ser nuevas para la ciencia. Aun así, queda trabajo por hacer, porque una imagen no basta para describir formalmente una especie ni para entender todo un ecosistema. Hace falta comparar, revisar muestras y seguir bajando cámaras al fondo.
El comunicado oficial sobre las imágenes del calamar colosal y del calamar de cristal ha sido publicado por el Schmidt Ocean Institute.










