En Colombia acaban de descubrir la ‘araña Pink Floyd’ que vive atrapada en las paredes y ha desarrollado una capacidad única para cazar insectos 6 veces más grandes que ella

Publicado el: 28 de mayo de 2026 a las 09:46
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Araña Pink Floyd descubierta en Colombia sobre una pared blanca.

Una araña de apenas unos milímetros, casi invisible si no se mira con atención, acaba de ganarse un sitio en la ciencia y también en la cultura pop. Su nombre oficial es Pikelinia floydmuraria, una nueva especie descrita en Colombia que vive asociada a paredes de edificios, grietas y luces urbanas, y que ha sido bautizada en homenaje a Pink Floyd y a su álbum The Wall.

El hallazgo llama la atención por el nombre, claro, pero lo importante está en lo que cuenta sobre la biodiversidad urbana. Mientras solemos pensar en nuevas especies escondidas en selvas remotas, esta araña aparece en lugares bastante más cotidianos. En la práctica, el muro de una casa o de un aparcamiento puede ser también un pequeño ecosistema.



Una araña de pared

La nueva especie pertenece a la familia Filistatidae, un grupo de arañas conocidas por vivir en rendijas y construir telas en grietas estrechas. Los ejemplares descritos proceden de Ibagué, en el departamento colombiano de Tolima, donde fueron localizados en paredes de edificios y en un aparcamiento. No es precisamente un escenario de documental selvático.

Los investigadores la consideran una especie sinantrópica. Dicho de forma sencilla, eso significa que vive cerca de los humanos y aprovecha ambientes creados por nosotros. En este caso, los muros, las fisuras y la iluminación nocturna parecen formar parte de su rutina.



El nombre también tiene su historia. El estudio explica que «floydmuraria» combina la referencia a Pink Floyd con «muraria», una palabra relacionada con el latín «murus», que significa muro. Es un guiño doble a la banda británica, al disco The Wall y al hábitat de esta araña diminuta.

Pequeña pero eficaz

Pikelinia floydmuraria mide alrededor de 3 o 4 milímetros, un tamaño que ayuda a entender por qué había pasado desapercibida. A simple vista puede confundirse con una mota en la pared. Pero su papel como cazadora es bastante más llamativo que su tamaño.

El estudio revisó restos de presas de Pikelinia floydmuraria en Tolima y de otra población de Pikelinia en Armenia. Los investigadores identificaron insectos como moscas, mosquitos, escarabajos y hormigas, con un peso importante de himenópteros, dípteros y coleópteros en la dieta. No son nombres de andar por casa, pero sí grupos muy comunes en la ciudad.

Lo más sorprendente es que puede capturar hormigas de hasta seis veces el tamaño de su prosoma, la parte anterior del cuerpo de la araña. No significa que vaya devorando cualquier insecto enorme que se cruce, pero sí muestra una capacidad de caza muy notable para un animal tan pequeño. Y eso se nota.

Las luces hacen de trampa

La estrategia parece tener mucho que ver con las luces artificiales. Los autores observaron a estas arañas en paredes situadas junto a farolas u otras fuentes de iluminación, donde muchos insectos acuden por la noche atraídos por el brillo. Para la araña, ese tráfico constante es casi un buffet urbano.

¿La clave? Colocar la telaraña donde la presa ya llega sola. La investigación señala concentraciones de entre 20 y 30 individuos por metro cuadrado en algunos muros próximos a luces, incluyendo juveniles. También indica que no encontraron ejemplares lejos de hábitats urbanos en las observaciones realizadas.

Esto no convierte a la especie en una solución mágica contra las plagas. Pero sí abre una vía interesante. Si captura mosquitos, moscas domésticas, hormigas y otros insectos frecuentes, podría contribuir en pequeña escala al equilibrio de las zonas urbanas.

Biodiversidad bajo el cemento

El caso de esta araña recuerda algo sencillo y a veces incómodo. La ciudad no está vacía de naturaleza. Entre muros, patios, jardines, fachadas y rincones con humedad viven especies que casi nunca miramos, aunque compartan espacio con nosotros cada noche.

En Colombia, la descripción de Pikelinia floydmuraria amplía el conocimiento del género Pikelinia. El comunicado de Pensoft destaca que es solo la segunda especie de este género registrada en el país, una cifra que deja clara una cosa. Aún queda mucho por revisar en la biodiversidad urbana.

Esto también cambia la forma de mirar una pared iluminada. Donde una persona ve una fachada cualquiera, un aracnólogo puede ver refugios, seda, presas y relaciones ecológicas. Es ciencia en miniatura, pero ciencia al fin y al cabo.

El vínculo con Galápagos

El trabajo no se queda solo en la especie colombiana. Los investigadores también compararon Pikelinia floydmuraria con Pikelinia fasciata, una especie endémica de las islas Galápagos descrita a comienzos del siglo XX. En esta investigación se describió por primera vez la genitalia interna femenina de esa especie de Galápagos.

Las semejanzas morfológicas entre ambas son llamativas. Los machos tienen estructuras muy parecidas, aunque los autores aún no pueden cerrar si esa similitud se debe a un parentesco cercano o a adaptaciones parecidas. El océano Pacífico y los Andes separan a estos animales, y ahí aparece la gran pregunta.

Para responderla hará falta más que mirar al microscopio. Los propios investigadores plantean la necesidad de usar análisis moleculares y estudios basados en ADN para entender mejor su origen, su historia evolutiva y su dieta real. El problema es que la biodiversidad corre más deprisa que los catálogos.

Qué falta por saber

Por ahora, conviene leer el hallazgo con entusiasmo, pero también con prudencia. Sabemos que esta especie vive asociada a entornos urbanos, que aprovecha las luces, que captura insectos comunes y que su nombre es un homenaje poco habitual. Lo que no sabemos todavía es hasta qué punto regula plagas urbanas o cuál es su distribución completa.

También quedan pendientes más muestreos en otros departamentos colombianos. El estudio menciona poblaciones adicionales no identificadas de Pikelinia en Cauca, Quindío y Risaralda, lo que sugiere que el mapa está lejos de estar cerrado. No es poca cosa.

Al final, la llamada «araña de Pink Floyd» no solo es una curiosidad con buen titular. Es una señal de que la naturaleza se cuela en la vida urbana por rendijas muy pequeñas, incluso por aquellas que casi nadie mira. El estudio completo ha sido publicado en Zoosystematics and Evolution.

Imagen autor

Adrián Villellas

Adrián Villellas es ingeniero informático y emprendedor en marketing digital y ad tech. Ha liderado proyectos de analítica, publicidad sostenible y nuevas soluciones de audiencia. Colabora además en iniciativas científicas ligadas a la astronomía y la observación espacial. Publica en medios de ciencia, tecnología y medioambiente, donde acerca temas complejos y avances innovadores a un público amplio.

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