Un estudio descubre que los paneles solares con seguimiento solar logran que el suelo del desierto almacene más carbono: mientras los fijos solo humedecen su borde, los que giran crean dos zonas húmedas que favorecen la vegetación

Publicado el 22 de septiembre de 2026 a las 20:48
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Filas de paneles solares montados sobre seguidores de un eje en un terreno árido

Los paneles solares que giran siguiendo al Sol pueden cambiar algo más que la producción de electricidad. Una investigación realizada en una estepa desértica del noroeste de China ha encontrado que estas instalaciones favorecen la acumulación de carbono en determinadas zonas del suelo, mediante cambios en la humedad, la vegetación y los microorganismos.

La clave está en cómo se reparte el agua alrededor de las placas y en lo que ocurre después bajo nuestros pies. El espacio entre los paneles presentó los mayores valores de carbono en la capa superficial estudiada, mientras que el borde oriental destacó por su diversidad vegetal.

El agua marca la diferencia

En un paisaje seco, importa tanto la lluvia que cae como el lugar donde acaba. Los paneles interceptan parte de esa precipitación y modifican su distribución, mientras que la sombra puede reducir el calentamiento del suelo y la pérdida de agua por evaporación.

Los sistemas con seguimiento solar cambian de orientación durante el día. Según explica el trabajo, esa configuración permite generar zonas de concentración de lluvia en los bordes oriental y occidental, algo relevante para unas plantas cuyo crecimiento depende en buena parte del agua disponible.

El estudio, firmado por Fei Huang y sus colaboradores, se desarrolló cerca del límite suroccidental del arenal de Mu Us. La zona recibe unos 200 milímetros de precipitación al año como promedio, de modo que aprovechar mejor esa humedad puede marcar diferencias en la vegetación.

Más humedad, distintos resultados

Los investigadores compararon el terreno situado debajo de los paneles, sus dos bordes y el espacio entre las filas con una zona de control. Analizaron el agua del suelo, las plantas, los microorganismos y varias formas de carbono para entender cómo se relacionaban entre sí.


El borde oriental registró la mayor humedad, seguido del occidental y del espacio entre paneles. Pero tener más agua no significó acumular más carbono en ese mismo punto, una diferencia que ayuda a entender el resultado.

Entre los paneles se observó la mayor cantidad de materia vegetal, también llamada biomasa. En el borde oriental destacó la diversidad de plantas, por lo que dos lugares próximos respondieron de manera distinta a las condiciones creadas por la instalación.

Qué carbono queda bajo tierra

¿De qué carbono estamos hablando? Del carbono orgánico presente en raíces, restos vegetales y organismos del suelo, materiales que se incorporan y transforman mediante procesos biológicos.

En los primeros 10 centímetros, el espacio entre paneles presentó los valores más altos de carbono orgánico total y de las distintas fracciones analizadas. Entre ellas estaban el carbono de las partículas orgánicas, el asociado a minerales y el contenido en la biomasa microbiana.

Ese aumento no se extendió de forma uniforme por toda la instalación. Para esas mediciones superficiales, el estudio no encontró diferencias estadísticamente significativas entre los otros tres emplazamientos y la zona de control, un matiz importante para interpretar el alcance del hallazgo.

El trabajo de los microorganismos

Las plantas aportan materia orgánica al terreno mediante sus raíces y los restos que dejan. Después intervienen bacterias y hongos, capaces de transformar esos materiales y modificar las formas en las que el carbono permanece en el suelo.

Los autores detectaron cambios en las comunidades microbianas, con mayor abundancia de grupos como las proteobacterias y los ascomicetos. También observaron más actividad de varias enzimas, moléculas que facilitan las reacciones necesarias para descomponer y transformar la materia orgánica.

El modelo estadístico del equipo respaldó una explicación en cadena. La humedad favorecía el crecimiento vegetal y los cambios en los hongos, mientras que la actividad enzimática aparecía vinculada a la acumulación de carbono, según la interpretación de los investigadores.

Qué significa para la energía solar

El interés del trabajo está en conectar la producción renovable con lo que sucede en el terreno que la sostiene. Sus resultados sugieren que la distribución del agua y la respuesta de la vegetación merecen atención al estudiar instalaciones solares en regiones áridas y semiáridas.

Pero el hallazgo corresponde a un entorno concreto y presenta diferencias incluso dentro de la propia instalación. Para saber hasta dónde puede llegar este beneficio, hace falta comprobar si se mantiene a largo plazo y cómo responde en otros suelos y condiciones climáticas.

La lectura práctica es que mirar únicamente las placas deja fuera una parte de la historia. Entre sus filas también se producen cambios ecológicos que pueden influir en el almacenamiento de carbono y que conviene incorporar a la evaluación de estos proyectos.

Un resultado que necesita seguimiento

Acumular más carbono en una capa del suelo no permite, por sí solo, calcular cuánto CO₂ retira de forma permanente toda una planta solar. Esa distinción evita convertir un resultado prometedor en una garantía climática aplicable a cualquier instalación.

El trabajo aporta una pista concreta sobre cómo el reparto del agua puede conectar energía solar y funcionamiento del suelo.

El estudio ha sido publicado en la revista Applied Soil Ecology, en su volumen de agosto de 2026.

ECOticias.com El periódico verde

Equipo editorial de ECOticias.com (El Periódico Verde), integrado por periodistas especializados en información ambiental: naturaleza y biodiversidad, energías renovables, emisiones de CO₂, cambio climático, sostenibilidad, gestión de residuos y reciclaje, alimentación ecológica y hábitos de vida saludable.

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