Una fábrica australiana instaló 319 paneles solares en el tejado y bajo ellos crecieron 14.000 plantas autóctonas; lejos de estropear el experimento, generaron un 11% más de electricidad gracias a que enfrían el aire bajo los paneles

Publicado el 22 de septiembre de 2026 a las 09:42
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Paneles fotovoltaicos instalados sobre una cubierta vegetal en un edificio de Berlín

Un jardín en lo alto de un edificio puede hacer algo más que añadir verde al paisaje. En Bradfield, al oeste de Sídney, una investigación de la Universidad Tecnológica de Sídney (UTS) calcula una mejora media del 11,1 % en la producción por panel cuando las placas solares se combinan con vegetación.

El proyecto reúne unas 14.000 plantas autóctonas y 319 paneles, con una cubierta ajardinada de 1.300 metros cuadrados. En condiciones de calor extremo, la superficie vegetal llegó a estar hasta 28 °C más fresca que la cubierta convencional de aluminio, un resultado que ayuda a entender el interés por estas instalaciones.

Por qué las plantas ayudan

¿No necesitan calor las placas solares para funcionar? Lo que aprovechan es la luz, mientras que una temperatura elevada reduce su rendimiento. El Departamento de Energía de Estados Unidos explica que el calentamiento provoca una caída de tensión eléctrica que perjudica la producción.

Aquí interviene la evapotranspiración, la pérdida de agua por evaporación del suelo y a través de las plantas. Ese proceso consume energía y contribuye a refrescar el entorno de los paneles, que a su vez proporcionan sombra parcial a la vegetación.

El investigador Peter Irga describió el efecto refrigerante como “muy dinámico” y más eficaz al subir la temperatura ambiente. Conviene precisar qué se enfrió hasta 28 °C menos, porque el dato corresponde a la superficie del tejado y no equivale a una bajada semejante en las calles del barrio.

Qué significa el 11,1 %

El informe técnico compara 33 paneles sobre vegetación con 286 sobre cubierta convencional. Para calcular la producción por unidad, combina datos de radiación solar, temperaturas medidas y características del fabricante mediante un modelo.


La sección fotovoltaica analiza del 20 de noviembre al 17 de diciembre de 2025. Aunque la nota universitaria describe una evaluación general de cuatro meses, esta cifra eléctrica procede de un periodo de 28 días y no representa una mejora anual garantizada.

El aumento medio calculado fue del 11,1 %, con máximos del 23,25 % en jornadas de elevada radiación. Con poca luz, la diferencia resultó prácticamente nula, según el informe.

Un refugio sobre el edificio

La cubierta también ofreció espacio para la fauna. Los investigadores registraron 39 especies de aves, insectos, mamíferos y gasterópodos (como los caracoles), y contabilizaron 13 especies de polinizadores vinculadas a las plantas con flores.

Entre los visitantes aparecieron abejas australianas de bandas azules y cucaburras, aves características del país. Para quien mira el edificio desde abajo, buena parte de esa actividad pasa desapercibida, pero las observaciones muestran que el jardín cumple una función que va más allá de generar electricidad.

Agua que tarda en bajar

La investigación también evaluó la retención de lluvia mediante simulaciones de seis episodios de tormenta. En cinco escenarios, el modelo calculó que la cubierta podía retener toda el agua recibida sobre su superficie.

Esto apunta a una utilidad práctica cuando llueve con fuerza, porque almacenar agua en el tejado reduce la que llega de inmediato al desagüe. Son resultados de modelización, por lo que no deben confundirse con el seguimiento de seis tormentas reales.

Un jardín que necesita cuidados

La instalación fue diseñada por Hassell con la participación de Three Owls Landscaping. La ficha oficial de Bradfield describe una red de riego de 6,5 kilómetros y un sistema de drenaje capaz de almacenar 20.000 litros de agua.

Además, el equipo de jardinería realiza revisiones semanales. Retira malas hierbas, poda y comprueba tanto la humedad como el funcionamiento del riego, tareas que forman parte del mantenimiento habitual del proyecto.

Para una comunidad de vecinos interesada en algo parecido, esos detalles cuentan tanto como el porcentaje de electricidad adicional. Antes de trasladar la idea habría que estudiar el peso que admite la estructura, la impermeabilización, el agua disponible y el coste de conservar las plantas.

Cada tejado necesita su evaluación

Un trabajo anterior de la UTS en Barangaroo, también en Sídney, encontró una mejora eléctrica del 3,6 % al comparar dos edificios durante ocho meses, incluyendo verano e invierno. Los periodos y las instalaciones son diferentes, así que ambas cifras no permiten concluir que cualquier tejado vaya a ganar lo mismo.

La experiencia de Bradfield sugiere que combinar vegetación y energía solar merece estudiarse desde el diseño del edificio. Para valorar su aplicación en España, habría que comprobar cómo responde al clima local y qué recursos necesita para mantener sus beneficios.

Los resultados proceden de un informe técnico encargado por la autoridad de desarrollo de Bradfield. El comunicado oficial sobre la investigación fue publicado el 10 de agosto de 2026 por la Universidad Tecnológica de Sídney.

Adrián Villellas

Adrián Villellas es ingeniero informático y emprendedor en marketing digital y ad tech. Ha liderado proyectos de analítica, publicidad sostenible y nuevas soluciones de audiencia. Colabora además en iniciativas científicas ligadas a la astronomía y la observación espacial. Publica en medios de ciencia, tecnología y medioambiente, donde acerca temas complejos y avances innovadores a un público amplio.

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