Proteger a las abejas mejora las cosechas y puede convertirse en una inversión agrícola medible. GO POLINIZA utilizará drones, satélites, sensores, colmenas e islas de biodiversidad para calcular cuánto aportan los polinizadores a la alfalfa, la castaña y la miel.
Si hay unos animales que tienen un papel crucial esos son los insectos polinizadores cuando hablamos de la producción de los alimentos que consumimos cada día en nuestra mesa. Sin embargo, si su población está amenazada o desparece, esto puede traer consecuencias importantes para nosotros.
Por eso se puso en marcha la iniciativa GO POLINIZA por parte de la Unión de Pequeños Agricultores y Ganaderos (UPA) y donde se trabajará durante más de un año para llevar a cabo todo tipo de estrategias agroecológicas (con la ayuda de la herramientas digitales para mejorar la gestión de estos insectos en cultivos de alfalfa y castaño).
La iniciativa analizará su impacto sobre la productividad, la biodiversidad y la rentabilidad de las explotaciones, mediante herramientas como drones, sensores e imágenes satelitales, además de medidas para favorecer la presencia de polinizadores en los cultivos.
Analizar el trabajo de los insectos polinizadores en los cultivos
De todos es sabido que los insectos polinizadores cumplen con una función que es clave cuando se trata de la producción de nuestros alimentos. Lo dice también la FAO que habla de que un 30 % de los alimentos que consumimos en nuestro día a día dependen de este hecho; sin embargo, el progresivo declive que se va viendo tanto en poblaciones de abejas como en otros polinizadores hace que muchos de los cultivos de alimentos estén ante una amenaza a su sostenibilidad.
Un problema sobre el que el proyecto GO POLINIZA, un Grupo Operativo supraautonómico coordinado por la Unión de Pequeños Agricultores y Ganaderos (UPA), trabajará hasta finales de 2028 en un proyecto titulado “Gestión de polinizadores en cultivos de alfalfa y castaño mediante estrategias agroecológicas y digitales”.
Con esta iniciativa lo que se pretende es trabajar para desarrollar nuevas estrategias de gestión sostenible de los polinizadores en el caso de los cultivos de alfalfa y castaño. Los trabajos servirán para poder analizar cómo es el impacto de los polinizadores sobre la productividad agraria, la biodiversidad, así como la rentabilidad de estas explotaciones.
España, potencia apícola
“España continúa siendo una de las grandes potencias apícolas de la Unión Europea, con 27.423 toneladas de miel producidas en 2023 y cerca del 14% del parque de colmenas comunitario. Sin embargo, la producción nacional ha descendido un 19,4% desde 2021, como consecuencia de fenómenos climáticos extremos, la expansión de la varroosis y la creciente presión del avispón asiático (Vespa velutina). Esta situación pone de manifiesto la necesidad de reforzar el apoyo a la apicultura profesional y familiar, un sector que presta un servicio ambiental imprescindible para el conjunto de la agricultura”, recuerdan al respecto desde UPA.
Estrategias que sean más sostenibles
Como objetivo general, este programa del que hablamos busca integrar estrategias que sean más sostenibles en cuanto a la gestión de polinizadores para optimizar la producción de alfalfa, castaña y miel; mientras se va analizado cómo se van distribuyendo, cómo es su impacto ecológico y qué beneficios desde el punto económico trae consigo.
Para ello, se determinará el alcance y la eficacia de la polinización en cultivos de alfalfa usando para ello herramientas y tecnologías de observación de forma remota, se identificarán los sistemas de gestión forestal más acordes para poder elevar la presencia de polinizadores en los castañares y mejorar simultáneamente la producción de castaña y miel, y se cuantificará el valor de la polinización como servicio ecosistémico y su aportación económica a las explotaciones agrarias.
Entre las acciones que se llevarán a cabo en este sentido destacan la creación de islas de biodiversidad por medio de márgenes florales y setos, así como la introducción planificada de colmenas en parcelas piloto de alfalfa de secano en las comunidades de Castilla y León y Aragón.
También en este sentido se usarán drones, sensores remotos e imágenes obtenidas por satélites para cartografiar la actividad de los polinizadores, una metodología innovadora que, según la memoria técnica del proyecto, se aplicará por primera vez en estos cultivos. En los análisis también se incluirán estudios comparativos sobre diferentes modelos de gestión de castañares y el cálculo de la capacidad de carga apícola de distintos ecosistemas, con el fin de conocer cuántas colmenas pueden mantenerse de forma sostenible sin comprometer los recursos florales disponibles.
¿Qué sucede si hay una polinización que es deficiente?
Entre las acciones que se llevarán a cabo en este sentido destacan la creación de islas de biodiversidad por medio de márgenes florales y setos, así como la introducción planificada de colmenas en parcelas piloto de alfalfa de secano en las comunidades de Castilla y León y Aragón.
Una polinización deficiente puede traer consigo numerosos problemas a nuestras mesas, a nuestras economías y a nuestros ecosistemas… Y estos son algunos de ellos:
- Menos cantidad de comida: Un gran número de frutas, verduras y semillas necesitan de los insectos para nacer y sin ellos, las cosechas serán menores.
- Peor calidad: Los frutos que logran crecer sin una buena polinización suelen ser más pequeños, deformes o con menos nutrientes; no tienen tanta calidad en otras palabras.
- Precios más altos: Como hay menos alimentos, los pocos que hay se venderán a precios más elevados.
- Daño al ecosistema: Las plantas que no se reproducen dejan sin alimento a otros animales, lo que rompe el equilibrio de la naturaleza y reduce la biodiversidad.











