La Gran Mancha de Basura del Pacífico enseña un problema distinto al que podemos encontramos en la arena de la playa. Un estudio en Scientific Reports analizó más de 6.000 piezas y vio que entre el 75% y el 86% del peso de los plásticos de más de cinco centímetros procede de aparejos de pesca abandonados, perdidos o tirados al agua.
Hay que situar bien este dato para no confundir las cosas, no quiere decir que la pesca genere casi todo el plástico que llega al mar. El estudio se centra solo en los residuos flotantes de cierto tamaño que se han ido juntando en esa zona concreta del Pacífico Norte.
Redes en mitad del agua
La Gran Mancha no es una isla sólida de basura por la que se pueda caminar, es una extensión de grandes dimensiones de océano donde las corrientes van agrupando desperdicios de forma más o menos dispersa.
Estudios anteriores ya alertaban de que los microplásticos suponen el 94% de las piezas que flotan allí, pero puestos en una báscula apenas suman el 8% del peso. Las redes de pesca por sí solas suponen el 46% del peso total. En el trabajo de 2022 miraron 6.093 objetos de más de cinco centímetros. De las 232 piezas que aún conservaban letras o marcas para rastrear su origen, el 34% venía de Japón, el 32% de China, el 10% de Corea del Sur, el 7% de Estados Unidos y el 6% de Taiwán.
Por qué termina tanto plástico allí
La explicación está en el punto donde se tira el residuo, lo que se cae o se abandona desde un barco pesquero está ya metido en las corrientes que van directas a esa zona de acumulación.
Los números de la investigación señalan que un plástico soltado por un barco tiene más de diez veces más probabilidades de terminar en la Gran Mancha que uno que entra al agua desde un río. La basura que sale de tierra suele quedarse atrapada en las playas, en las rocas o en la costa antes de introducirse mar adentro.
El peligro de la pesca fantasma
Una red perdida en mitad del mar supone un peligro continuo porque sigue pescando sola, se pasa años atrapando peces, tortugas, aves y mamíferos marinos sin que nadie los pueda recoger y liberar.
Es lo que la FAO llama pesca fantasma. Los aparejos abandonados van destrozando las poblaciones de peces, matan especies protegidas y rompen los fondos. Además, con los años y los golpes del agua, las cuerdas, redes y boyas se van desmenuzando hasta convertirse en microplásticos.
El plástico de casa sigue ahí
Esto no quiere decir que el plástico que usamos en casa deje de ser importante. La basura dominante cambia según el sitio donde se mida. En las playas lo que más se encuentran son bolsas, botellas, tapones y envoltorios de comida.
La diferencia es que el material de pesca flota muy bien, aguanta muchos años recorriendo grandes distancias sin sumergirse al fondo. Por eso el estudio propone marcar los aparejos, obligar a avisar si se pierde una red y dar facilidades para recuperar el material en los puertos. La conclusión no es que el plástico que tenemos en casa sea un problema menor, solo que el verdadero problema en el corazón del Pacífico Norte son las redes y los aparejos de los barcos, basura grande que flota.
El estudio ha sido publicado en la revista Scientific Reports.













