Quien camina hoy por el bosque de piceas de Hog Island, frente a la costa de Maine, se cruza de vez en cuando con un árbol viejo de ramas muy abiertas que destaca entre los demás. Los ecólogos forestales lo llaman «árbol lobo», y en esta isla es la huella de los pastos que los granjeros despejaron para el ganado y en los que dejaban un solo árbol para dar sombra al rebaño.
Hog Island tiene unas 133 hectáreas (330 acres, según la National Audubon Society) y está en la bahía de Muscongus. Entre el 20 y el 23 de agosto de 2026, más de 200 personas entre trabajadores, antiguos participantes y voluntarios se reunieron allí para celebrar los 90 años del Hog Island Audubon Camp, el primer campamento de educación ambiental de Audubon.
Una compra para frenar la tala
La historia empieza en el verano de 1908, cuando David Todd, profesor de Astronomía en el Amherst College, y su mujer, Mabel Loomis Todd, visitaron la isla durante un viaje por la costa de Maine. Según el relato de Friends of Hog Island, Mabel quedó «horrorizada por la tala desordenada» que vio y decidió salvar la isla dando los primeros pasos para comprarla.
Mabel Loomis Todd fue escritora y la primera editora de la poesía de Emily Dickinson. Los Todd compraron una parte de la isla y levantaron allí un pequeño grupo de casas para pasar los veranos, de acuerdo con la historia que publica Audubon en la página de su programa de residencias artísticas.
Cuando Mabel murió en 1932, su hija, la geógrafa Millicent Todd Bingham, se hizo con el resto de la isla. Friends of Hog Island conserva unas palabras suyas sobre aquel lugar: «Cuando caminaba por el bosque y escuchaba a los zorzales, el grito del águila pescadora dando vueltas sobre mi cabeza o el ulular del búho cornudo por la noche, nunca podía sentir que era dueña de un lugar así. Parecía, más bien, propiedad de todos los que lo apreciaban y querían conservarlo para otros que lo apreciarían igual en los años venideros».
El acuerdo con Audubon en 1935
Millicent pasó los años de la Gran Depresión buscando a alguien que la ayudara a proteger la isla. Lo encontró en 1935 en John H. Baker, que acababa de ponerse al frente de la National Association of Audubon Societies, la actual National Audubon Society.
Según la crónica de los orígenes que publica Friends of Hog Island, Bingham le ofreció comprar 33 acres (unas 13 hectáreas) en el extremo norte de la isla, y Baker respondió: «¡Justo lo que quería!». Buscaba un sitio donde formar a profesores y monitores juveniles en ecología de campo para que después llevaran ese enfoque a sus comunidades.
El campamento abrió en junio de 1936 con Carl Buchheister, un joven profesor de latín, como primer director. Roger Tory Peterson fue su primer instructor de aves.
Profesores que vuelven a sus aulas
La apuesta era formar a quien enseña, para que lo aprendido en la isla llegara luego a muchos más alumnos. «Al centrar la programación de Hog Island en los educadores, que a menudo son nuestros embajadores más apasionados de la conservación, hemos podido multiplicar nuestro impacto de forma exponencial», explicó en 2011 Judy Braus, entonces vicepresidenta de Educación de Audubon.
Friends of Hog Island calculaba en 2006 que más de 20.000 profesores habían pasado por el campamento, y su crónica de los orígenes cifra en más de 50.000 los adultos y jóvenes que lo visitaron en sus primeros 60 años. Según Audubon, Rachel Carson describió su visita a la isla en «Primavera silenciosa».
Es la misma convicción que lleva a la Unesco a defender que la educación ambiental es la mejor defensa del planeta.
Los frailecillos de Eastern Egg Rock
El vínculo del campamento con la investigación tiene nombre propio. Stephen Kress trabajaba como educador de verano en Hog Island mientras hacía un posgrado de Ornitología en la Universidad Cornell, y en la biblioteca del campamento leyó que los frailecillos atlánticos habían criado en Eastern y Western Egg Rock, dos islotes a menos de 16 kilómetros de la costa.
Décadas de caza habían diezmado todas las colonias de Maine salvo la de Matinicus Rock. En 1973 Kress consiguió el permiso de David Nettleship, biólogo del Servicio Canadiense de Vida Silvestre encargado de los permisos, para trasladar pollos desde Terranova. «Para mi sorpresa, David dijo: “De acuerdo, aceptaremos esta idea tan arriesgada. Puedes trasladar seis frailecillos, ni uno más, desde Terranova”», recordó Kress en la historia oral que publicó la revista Audubon en 2023.
«Empezamos a criar a los frailecillos en la orilla de Hog Island, en pequeñas cuevas de cemento», contó Kress. Para el verano de 1981 el equipo había sacado adelante unos 630 pollos, pero el único que había vuelto a criar lo había hecho en Matinicus Rock. El 4 de julio de ese año llegó la señal que esperaban: «Mirando por un telescopio desde la cabaña, vi a un frailecillo llegar volando con peces, meterse bajo las rocas y salir sin ellos. Esa era la prueba que estábamos esperando».

El método se conoce como atracción social y consiste en hacer creer a las aves que una isla ya está ocupada por su especie. «La atracción social es la mayor contribución que hemos hecho a la conservación de las aves marinas. Es una receta parecida cada vez: señuelos, grabaciones de sonido y gestión del hábitat», resumió Kress.
Según Audubon, en 2023 había unas 1300 parejas reproductoras de frailecillos en cinco islas de Maine, y las técnicas del Proyecto Puffin se han usado en colonias de aves marinas de todo el mundo, en la misma línea que otros esfuerzos para devolver aves marinas a islas de las que habían desaparecido.
Un cierre y una segunda oportunidad
En 2000, la National Audubon Society cedió la gestión del campamento a Maine Audubon, que llegó a cerrarlo durante el verano de 2009. «De repente teníamos que averiguar cómo dirigir un campamento de verano. Nos costaba mantener las puertas abiertas. Tuvimos que cerrar un año para dejar de perder dinero», explicó Alexander «Sandy» Buck, miembro del patronato de Maine Audubon y del campamento juvenil Kieve-Wavus, al Portland Press Herald en 2012.
Kress, que trabajaba en la isla desde 1969, volvió a ofrecer allí programas de ornitología en 2010 a cargo del Proyecto Puffin. «El verano en que cerró fue un verano muy, muy triste. Pero empezamos con cuatro programas en 2010 y este año vamos por nueve. Está funcionando», contó al mismo periódico Pete Salmansohn, profesor del campamento desde 1980.
En 2010 se refundó la asociación Friends of Hog Island. Según sus propias cuentas, desde 2011 aporta al menos 50.000 dólares al año y una media de 7000 horas de voluntariado cada verano, sobre todo preparando, sirviendo y recogiendo las comidas del campamento, y ha pagado además obras en sus edificios. La pandemia de COVID-19 obligó a un nuevo cierre temporal en 2020.
Noventa años con la vista en la próxima década
Durante el aniversario, el 21 de agosto, en el edificio conocido como Fish House, el director de Conservación de Audubon, Marshall Johnson, y los instructores Maggie Dewane y Anthony Hill debatieron sobre lo que el campamento puede lograr en los próximos 10 años.
La isla también tiene un programa de residencias artísticas, que empezó de manera oficiosa en 2014. Los artistas se alojan en las cabañas Bingham, la antigua casa de verano de la familia Todd, que Friends of Hog Island empezó a restaurar en 2012, y Audubon prefiere a quienes ayuden a apreciar la naturaleza, la cultura o la historia de la costa de Maine.
Lo que el aniversario no resuelve
El golfo de Maine se calienta más deprisa que el 99 % de los océanos del mundo, según Audubon, y eso aleja los pequeños peces con los que los frailecillos alimentan a sus pollos. En 2021, el número de pollos de frailecillo que llegaron a volar se redujo a la mitad, en parte porque los padres traían palometas demasiado anchas para que las tragaran.
En 2022 las colonias se recuperaron, pero Dallas Jordan, supervisor de la colonia de Pond Island, avisó de que «hemos entrado en un ciclo en el que las aves ya no pueden contar con nada». Los temporales del Atlántico también golpean a estas aves, como muestra la muerte masiva de frailecillos tras varias borrascas.
Las propias fuentes de la historia no siempre coinciden. Audubon habla de 330 acres en unas páginas y de 300 o 335 en otras, y las crónicas difieren sobre si Bingham vendió a Audubon 33 acres del norte de la isla o le regaló la isla entera. Tampoco es un bosque virgen, porque los colonos europeos despejaron sus tierras para hacer granjas desde finales del siglo XVII.
La crónica oficial del aniversario se publicó en la web del Seabird Institute de Audubon el 28 de agosto de 2026.
La isla forma parte del Todd Wildlife Sanctuary y el público puede recorrer sus cerca de 9,7 kilómetros de senderos, aunque no hay rampa pública para botar embarcaciones en la parte del santuario que está en tierra firme.
Foto: Sydney Walsh / Audubon









