Las mantarrayas de las Maldivas forman en la bahía de Hanifaru, en el atolón de Baa, las mayores concentraciones conocidas de mantas de arrecife. Se han contado hasta 247 en un solo banquete. Un estudio de la Universidad de Plymouth publicado este año señala como causa principal un remolino que crea la marea y que retiene su comida.
Según el MMCP, la temporada de mantas en Hanifaru va de mayo a diciembre, con el monzón del suroeste. En esos meses acuden a la bahía para comer zooplancton, los diminutos animales que flotan a la deriva.
Veintiocho hectáreas protegidas desde 2009
Hanifaru mide unos 700 por 400 metros, como mucho unas 28 hectáreas, y un arrecife de 2 a 6 metros de profundidad la cierra por tres lados. En la entrada, abierta al oeste, sobresale un saliente que los autores llaman «el nódulo».

El Gobierno maldivo la declaró área marina protegida en 2009, y en 2011 la UNESCO nombró el atolón de Baa reserva de la biosfera, con Hanifaru como zona núcleo.
El Programa de Conservación de Mantas de las Maldivas (MMCP), de la ONG británica Manta Trust, ha identificado allí a más de 1800 mantas distintas. En 2024 sumó 3382 avistamientos de 526 ejemplares, el 74 % de los de todo el atolón.
Remolino tras el nódulo
Harvey Cairns y cuatro coautores de Plymouth y de la Met Office británica construyeron un modelo de las corrientes del atolón, ajustado con medidores fondeados desde 2022 y un mapa del fondo hecho con sonar y drones.
Con la marea creciente, el agua entra hacia el este y choca con el nódulo, y detrás de él se forma un remolino que gira en el sentido de las agujas del reloj. Nace a mitad de la subida y se deshace unas dos horas después de la pleamar, el momento de máxima altura del agua, que es justo el horario de las mantas.
Cuando los autores soltaron partículas virtuales en el modelo, la mayoría salía de la bahía con la corriente, mientras que las del remolino daban vueltas sin salir.
Para el equipo, estos remolinos serían «el mecanismo dominante» de los banquetes, y la marea baja vacía después la bahía y deja sitio a plancton nuevo. El MMCP ya hablaba de una contracorriente que atrapa el plancton en Hanifaru, pero nadie había observado, medido ni modelado estos remolinos allí.
Ciclones que giran al revés
Hanifaru es uno de los pocos sitios con alimentación en ciclón, en la que las mantas nadan en fila y cierran la cadena en un círculo. Manta Trust la describe con unos 15 metros de diámetro, hasta 150 ejemplares y hasta 60 minutos de duración.
Según el estudio, el remolino gira siempre en el sentido de las agujas del reloj, pero los ciclones de mantas giran al revés, quizá porque así les entra más agua en la boca mientras filtran.
Plancton puntuado de 0 a 4
En mayo de 2026, el Journal of Plankton Research publicó un índice visual de zooplancton basado en Hanifaru, firmado por Hannah Moloney y colegas de Manta Trust, el CSIRO australiano y Plymouth. El buceador puntúa el plancton de 0 a 4 según lo que ve, desde el agua limpia hasta el agua «como una sopa», y el equipo lo comparó con 251 muestras de red antes de aplicarlo a 1261 observaciones hechas en Hanifaru entre 2016 y 2024.
Con el nivel 4 había 4,8 veces más mantas que con el nivel 1. Según los autores, el método permite sumar al seguimiento a guías y voluntarios sin formación científica, algo útil ahora que el cambio climático ya altera el zooplancton marino del que viven estos animales.
Ochenta turistas y cinco barcos
El plan de gestión de Hanifaru, en vigor desde 2012, limita los turistas y los barcos, prohíbe el buceo con botella y la pesca y fija velocidades máximas. Una ficha de la Convención sobre Especies Migratorias de la ONU recoge un máximo de 80 turistas y cinco barcos a la vez.
El informe de 2024 del MMCP recuerda que las mantas son «muy sensibles a las molestias». Ese año anotó en Baa 36 heridas nuevas en 35 mantas, y quince eran de origen humano, sobre todo enredos con hilo de pesca (11) y golpes de barco (3).
Desde el 5 de marzo de 2026, las diez especies de mantas y diablos de mar están en el Apéndice I de la CITES, aprobado en noviembre de 2025, que prohíbe su comercio internacional con fines comerciales. La medida cubre también a la manta del Mediterráneo, la de las más de 30 mantas raya liberadas de una almadraba en Cartagena en 2024.
El estudio de Plymouth advierte de que el cambio climático y el desarrollo costero pueden alterar las corrientes de la bahía, cuyo plancton podría alimentar también a los tiburones ballena que a veces se ven en la zona.
Viento y monzón, fuera del modelo
El modelo, publicado en Estuarine, Coastal and Shelf Science, promedia la corriente de toda la columna de agua y no incluye el viento ni el monzón, así que no explica por qué las mantas solo llenan la bahía con el monzón del suroeste. Tampoco hay medidas directas del zooplancton dentro del remolino. Los autores piden un modelo con viento y monzón y, quizá, en tres dimensiones.
Foto: Simon Hilbourne / Manta Trust










