El calor extremo pone en riesgo la salud en los centros educativos con aulas que superan los límites legales

Publicado el: 1 de junio de 2026 a las 13:04
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El calor extremo pone en riesgo la salud en los centros educativos durante las primeras olas de calor del año

El calor extremo pone en riesgo la salud en los centros educativos en un momento especialmente delicado, con previsiones que apuntan a temperaturas superiores a los 40 ºC en diferentes zonas de España. La situación preocupa a expertos en salud laboral y educación, que advierten de que miles de trabajadores y estudiantes afrontan jornadas cada vez más difíciles en edificios que no fueron diseñados para soportar las condiciones climáticas actuales.

El avance del cambio climático, unido al envejecimiento de muchas infraestructuras escolares, está convirtiendo las aulas en espacios vulnerables frente al estrés térmico. Los efectos ya no se limitan al confort: afectan directamente a la salud, la capacidad de aprendizaje, la productividad laboral y el bienestar emocional de toda la comunidad educativa.



El calor extremo pone en riesgo la salud en los centros educativos y obliga a replantear las aulas del futuro

La subida de temperaturas, las olas de calor cada vez más tempranas y la falta de adaptación de numerosos centros educativos colocan a docentes, personal de apoyo y alumnado ante un desafío creciente para su salud y su rendimiento.

El cambio climático adelanta los meses de calor sofocante, cogiendo al cuerpo humano sin la aclimatación necesaria. Los expertos alertan sobre el incremento de deshidrataciones, sofocos y mareos en la comunidad escolar.

Muchos colegios e institutos antiguos carecen de aislamientos térmicos adecuados y de sistemas de ventilación eficientes. Estos problemas en las infraestructuras transforman las aulas en verdaderos ‘invernaderos’ cuyas temperaturas superan con creces los límites legales permitidos.



El calor extremo pone en riesgo la salud en los centros educativos mucho antes del verano

Las altas temperaturas ya no son un fenómeno exclusivo de los meses centrales del verano. Los episodios de estrés térmico comienzan cada vez antes y pueden prolongarse hasta bien entrado el otoño.

Los expertos recuerdan que las primeras olas de calor de la temporada son especialmente peligrosas porque el organismo todavía no ha completado su proceso de aclimatación. Esta situación incrementa el riesgo de sufrir fatiga, mareos, dolores de cabeza, deshidratación e incluso golpes de calor.

Según advierte el investigador Sergio Salas, las consecuencias afectan tanto al alumnado como a las personas trabajadoras que desarrollan su actividad diaria en los centros educativos.

Las aulas se han convertido en auténticos invernaderos térmicos

Gran parte de los centros educativos actuales fueron construidos en décadas en las que las temperaturas extremas eran menos frecuentes.

Muchos edificios presentan problemas de aislamiento térmico, ventilación insuficiente y ausencia de sistemas de climatización adaptados a las condiciones actuales. Además, los grandes ventanales diseñados para maximizar la luz natural pueden actuar como auténticos invernaderos cuando aumentan las temperaturas.

Esta realidad provoca que numerosos espacios educativos superen los límites establecidos por el Real Decreto 486/1997, que fija temperaturas máximas de 27 grados para trabajos sedentarios y 25 grados para trabajos ligeros en interiores.

El rendimiento académico puede caer hasta un 30 % por culpa del calor

Los efectos del calor no terminan en el plano físico. También afectan directamente a la capacidad cognitiva y al aprendizaje.

Los estudios analizados por la Fundación 1º de Mayo muestran que las altas temperaturas reducen la concentración, aumentan la irritabilidad y dificultan la capacidad de atención tanto de estudiantes como de docentes.

En determinados contextos, el rendimiento académico puede disminuir hasta un 30 %, una cifra que refleja la magnitud del problema y sus posibles consecuencias a largo plazo sobre el proceso educativo.

El profesorado afronta más estrés y riesgos psicosociales

La exposición continuada a temperaturas elevadas genera un entorno de trabajo mucho más exigente para el personal educativo.

El aumento de la conflictividad, la dificultad para mantener la atención del alumnado y el desgaste emocional asociado a las condiciones ambientales adversas incrementan los niveles de estrés laboral.

Los especialistas advierten de que el calor puede agravar riesgos psicosociales ya existentes y aumentar las exigencias emocionales que soportan diariamente los profesionales de la enseñanza.

Los espacios exteriores también están sujetos a protección legal

La actividad educativa no se desarrolla únicamente dentro de las aulas. Patios, instalaciones deportivas, recreos, comedores y actividades al aire libre exponen a muchos trabajadores a condiciones de calor intenso durante las horas de máxima radiación solar.

El Real Decreto 4/2023 establece medidas específicas para proteger a quienes trabajan en exteriores, incluyendo adaptaciones organizativas, evaluación de riesgos y protocolos de actuación frente a fenómenos meteorológicos adversos.

¿Qué medidas pueden reducir el estrés térmico en los centros educativos?

Los expertos defienden una combinación de actuaciones técnicas y organizativas para hacer frente a esta situación.

Entre las medidas prioritarias destacan la renaturalización de espacios escolares, la instalación de zonas de sombra, la mejora del aislamiento térmico, la creación de puntos de hidratación y la implantación de sistemas de climatización eficientes.

También se plantean medidas organizativas como la adaptación de horarios, la flexibilización de determinadas actividades físicas, la utilización de espacios refrigerados para los descansos y la suspensión de actividades al aire libre durante episodios extremos.

Cuatro de cada diez trabajadores consideran el calor muy molesto

Los resultados del proyecto CALORADAPT 2025 muestran hasta qué punto esta problemática afecta al mundo laboral.

Según la investigación, cuatro de cada diez trabajadores consideran que el calor es «muy molesto» durante el verano. Otro 25 % lo califica como «molesto» y solo un 35 % considera que genera pocas molestias.

La situación resulta especialmente preocupante en actividades manuales y en trabajos desarrollados al aire libre, donde aumentan significativamente los casos de fatiga extrema, deshidratación y síntomas relacionados con el estrés térmico.

El ambiente asfixiante merma la concentración del alumnado, desplomando el rendimiento académico en un treinta por ciento. Paralelamente, los profesores sufren mayores picos de estrés laboral y desgaste emocional debido al malestar general.

Para combatirlo, se propone reforestar los patios con sombras naturales y crear puntos de hidratación continua. También resulta vital flexibilizar los horarios lectivos y suspender los deportes exteriores durante las alertas meteorológicas.

El calor extremo pone en riesgo la salud en los centros educativos y la situación es muy preocupante

El calor extremo pone en riesgo la salud en los centros educativos y plantea un desafío que ya no puede considerarse puntual ni excepcional. El aumento de las temperaturas está transformando las condiciones de trabajo y aprendizaje en miles de centros que no fueron diseñados para afrontar esta nueva realidad climática.

La adaptación de las infraestructuras escolares, la implantación de protocolos específicos y la incorporación de medidas preventivas eficaces serán determinantes para proteger la salud de docentes, trabajadores y estudiantes. La gran cuestión ya no es si las escuelas deben prepararse para convivir con el calor, sino si serán capaces de hacerlo con la rapidez que exige el cambio climático.

¿Cómo afecta el calor extremo al alumnado?

Puede provocar fatiga, dificultades de concentración, menor rendimiento académico, irritabilidad y problemas de salud relacionados con el estrés térmico.

¿Qué riesgos afrontan los docentes durante las olas de calor?

Los docentes pueden sufrir agotamiento, estrés, deshidratación, dolores de cabeza y un aumento de los riesgos psicosociales derivados de las altas temperaturas por olas de calor.

¿Existe una temperatura máxima legal en los centros educativos?

Sí. El Real Decreto 486/1997 establece límites ambientales para los espacios de trabajo interiores, con máximos de 27 ºC para trabajos sedentarios y 25 ºC para trabajos ligeros.

¿Qué medidas ayudan a reducir el calor en las aulas?

La mejora del aislamiento, la ventilación adecuada, la instalación de sistemas de climatización, la creación de zonas de sombra y la renaturalización de los espacios escolares.

¿Por qué las primeras olas de calor son especialmente peligrosas?

Porque el organismo todavía no está aclimatado a las altas temperaturas, lo que incrementa el riesgo de sufrir problemas de salud relacionados con el calor.

Imagen autor

Sandra M.G.

Inicie mi trayectoria en ECOticias.com como colaboradora y después desempeñé el puesto de redactora, especializada en temas como medio ambiente, cambio climático, energías renovables, sostenibilidad y ecología. Ganadora de varios premios literarios.

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