El hielo marino del Ártico tocó fondo el 12 de septiembre con 4,60 millones de km², empatado como décimo mínimo más bajo, y la Antártida firmó su tercer máximo más pobre desde que hay satélites

ECOticias.com El periódico verde
Publicado el 15 de octubre de 2026 a las 08:01
Síguenos
Hielo marino del Ártico en su mínimo del 12 de septiembre de 2026, con la línea amarilla de la media 1981-2010

Este verano, el rompehielos sueco Oden llegó al polo norte con científicos y turistas a bordo, ayudado por un hielo suelto que en el lado atlántico se extendía casi hasta el polo. Al final de ese verano, el hielo marino del Ártico tocó fondo: el 12 de septiembre cubría unos 4,60 millones de kilómetros cuadrados, según el Centro Nacional de Datos de Nieve y Hielo de Estados Unidos (NSIDC) y la NASA.

Esa cifra empata con 2008, 2010 y 2025 como el décimo mínimo más bajo desde que empezaron las mediciones continuas por satélite, a finales de 1978, según el anuncio preliminar del NSIDC. En el otro extremo del planeta, el hielo que rodea la Antártida alcanzó su máximo invernal el 14 de septiembre con 17,59 millones de km², el tercero más bajo del registro.

En su análisis de fin de temporada, publicado el 7 de octubre, los científicos del NSIDC, con sede en la Universidad de Colorado en Boulder, califican la temporada de deshielo de 2026 en el Ártico de «inusual en extremo».

Un mínimo que se repite desde 2007

Según el NSIDC, los 20 mínimos más bajos de los casi 48 años de registro se han producido todos entre 2007 y 2026. El de este año quedó 1,21 millones de km² por encima del récord, los 3,39 millones del 17 de septiembre de 2012, y 1,62 millones por debajo de la media de 1981 a 2010, una diferencia que el centro compara con la superficie de Alaska.

«Nos hemos estancado, pero seguimos bajos en comparación con la primera parte del registro», resumió Walt Meier, científico investigador sénior del NSIDC, en la nota de la NASA sobre el mínimo.

Veinte años de meseta a un nivel muy bajo

De 1979 a 2026, el mínimo ha caído un 11,8 % por década respecto a la media de 1981 a 2010, unos 73.200 km² de hielo al año. El propio NSIDC matiza que en las dos últimas décadas no ha habido un descenso significativo y que las causas de ese aplanamiento «son objeto de un debate activo en la comunidad científica del Ártico».

Linette Boisvert, científica especializada en hielo marino del Centro de Vuelo Espacial Goddard de la NASA, apunta a las nubes. En la última década, una mayor nubosidad ha impedido que la radiación solar acelere todavía más el deshielo, según la agencia.

El especialista en clima de Alaska Rick Thoman añade en su boletín Alaska and Arctic Climate Newsletter que el hielo que sobrevive a finales del verano queda sobre todo al norte de los 76 grados norte, donde el calentamiento solar intenso dura mucho menos.

«Puede que no suene muy impresionante, pero sigue siendo casi un 15 % más bajo que el mínimo de CUALQUIER año anterior a 2007», escribe Thoman, que calcula que el mínimo típico de hoy es un 34 % menor que la media de principios de los años ochenta.

Un verano frío y tormentoso sobre el océano Ártico

Las temperaturas globales del aire estuvieron en niveles récord o cerca de ellos en junio, julio y agosto, mientras que sobre el océano Ártico el verano fue fresco y tormentoso. Una zona de bajas presiones se quedó cerca del polo norte durante meses, y los científicos del NSIDC escriben que «la persistencia de este patrón ciclónico fue notable».

Zack Labe, científico de Climate Central, explicó a Carbon Brief que esas bajas presiones «trajeron condiciones más nubosas y frescas que limitaron el deshielo en superficie».

En el lado atlántico el verano fue mucho más extremo. Según Labe, el mar de Barents registró su «deshielo completo más temprano del que hay registro». Lettie Roach, climatóloga polar del Instituto Alfred Wegener, en Alemania, recordó a ese mismo medio que el calor récord de agosto llegó a costas del Ártico cercanas a zonas con mucha pérdida de hielo.

Menos hielo viejo y más rutas abiertas

Que el hielo acabara derritiéndose en un verano fresco tiene que ver con su edad. En los mares de Beaufort y Chukchi dominaba el hielo de primer año, el que se forma en un solo invierno, que es más fino y se funde del todo con más facilidad.

Desde 2007, al final del verano, el hielo plurianual (el que ha sobrevivido al menos a un deshielo) ha ocupado entre 1,3 y 1,9 millones de km², frente a unos 3,5 millones en los años ochenta, según el NSIDC.

«Aunque este verano fue relativamente fresco sobre el océano Ártico, la tendencia de calentamiento a largo plazo ha provocado más deshielo y una distribución más rápida del hielo marino, lo que significa que el hielo no sobrevive ni de lejos tanto tiempo como antes», escriben los científicos del centro.

Roach lo resumió así para Carbon Brief: «El cambio climático causado por el ser humano ha reducido la cobertura y el grosor del hielo marino del Ártico, así que la región es fundamentalmente distinta a la de hace unas décadas».

Thoman observó que la Ruta Marítima del Norte, junto a la costa rusa, y el paso del Noroeste, entre las islas del Ártico canadiense, estuvieron abiertos a finales del verano, algo que rara vez ocurrió en el siglo XX. Esa navegación por el Ártico tiene sus límites, porque a principios de octubre el NSIDC aún veía mucho hielo en la ruta sur del paso del Noroeste.

La Antártida, cerca de mínimos récord

Alrededor de la Antártida, el hielo marino creció durante todo el invierno austral por debajo del rango habitual, aunque por encima del récord de 2023, hasta tocar techo el 14 de septiembre.

En agosto había perdido unos 300.000 km² en seis días antes de volver a crecer. Meier lo atribuyó a un tiempo que empujó y compactó el hielo fino del borde exterior. «Ese tipo de cosas pasan todo el tiempo», dijo a la NASA. «Pero su magnitud es, sin duda, inusual».

Después del máximo, la caída fue brusca. El NSIDC indica que desde el 2 de octubre la extensión diaria marca valores récord a la baja, por debajo de los de 2023, con pérdidas en los mares de Ross y Amundsen y en el sector del océano Índico.

Según el Observatorio de la Tierra de la NASA, el hielo antártico creció en torno a un 1 % por década entre 1979 y 2014, y desde 2016 el hielo marino antártico mengua y se mantiene casi siempre por debajo de lo normal. Para Roach, «tras varias décadas de condiciones estables o en aumento del hielo marino invernal antártico, es preocupante ver que estos valores bajos persisten».

Lo que todavía no se sabe

El NSIDC presentó ambas cifras como preliminares y recordó que el hielo antártico fluctúa mucho cerca de su pico. El puesto depende además de la base de datos. Con el índice europeo OSI SAF, la Oficina Meteorológica británica (Met Office) sitúa el mínimo ártico en el 14.º lugar, porque varios mínimos recientes están muy próximos entre sí.

En la Antártida, Roach pide prudencia. «En comparación con el Ártico, está menos claro hasta qué punto los cambios recientes en el hielo marino antártico se pueden atribuir al calentamiento causado por el ser humano o a la variabilidad natural. Necesitamos más años de observaciones para entender mejor si se trata de verdad de un cambio estructural», dijo.

Falta además el grosor del hielo. El sistema PIOMAS, que lo reconstruye desde 1979, dejó de actualizarse después de que la NOAA cancelara en marzo de 2026 un conjunto de datos de presión atmosférica del que dependía, según Carbon Brief.

Tras el mínimo, el Ártico se ha vuelto a congelar con rapidez, aunque a principios de octubre su extensión seguía en el decil más bajo del registro de satélite.

Imagen: NASA’s Scientific Visualization Studio

ECOticias.com El periódico verde

ECOticias.com El periódico verde

Equipo editorial de ECOticias.com (El Periódico Verde), integrado por periodistas especializados en información ambiental: naturaleza y biodiversidad, energías renovables, emisiones de CO₂, cambio climático, sostenibilidad, gestión de residuos y reciclaje, alimentación ecológica y hábitos de vida saludable.

Deja un comentario