Las inundaciones en Cataluña ponen a prueba las alertas

Sandra M.G.
Publicado el 7 de octubre de 2026 a las 10:19
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Lluvias torrenciales y riesgo de inundaciones en Cataluña.

Las inundaciones en Cataluña reabren el debate sobre prevención, lluvias torrenciales y desinformación: María del Carmen Llasat explica qué necesita mejorar.

Tras las últimas inundaciones que desbordaron el río Besós y anegaron grandes áreas en Cataluña, se ha puesto sobre la mesa nuevamente el tema de las predicciones meteorológicas, la prevención anticipada de estos eventos y la utilidad de las alertas.

Para la científica entrevistada es fundamental que las personas comprendan qué es una tormenta, las magnitudes que pueden adquirir y que sean capaces de reconocer aquellas pautas y factores que ponen en peligro su seguridad, para poder mantenerse a salvo.

En la entrevista se explica qué son las predicciones, especialmente acerca de las denominadas ‘inundaciones súbitas’ (como la de la DANA de 2024 que asoló Valencia), cuál es su alcance en cuanto a tiempo y locaciones concretas y se pone énfasis en la prevención, en el conocimiento de lo que son las zonas inundables y en cómo se debe actuar si se recibe una alerta.

En la conversación con María del Carmen Llasat que se comenta en el artículo, la física explica el valor que tiene la ciencia ciudadana a la hora de aportar datos ciertos y concretos, comenta varios programas de participación y llama a que la gente ignore los bulos y la desinformación, porque pueden poner en peligro las vidas de las personas.

Inundaciones en Cataluña: peligrosidad, alertas, predicciones y bulos

Las inundaciones son uno de los fenómenos meteorológicos extremos más frecuentes y con mayor impacto en la región mediterránea. El reciente episodio de lluvias torrenciales en Cataluña ha vuelto a mostrar la combinación de factores que puede convertir unas precipitaciones intensas en una emergencia.


En algunos puntos se acumularon más de 150 litros por metro cuadrado en pocas horas y el río Besòs alcanzó una crecida de 936 metros cúbicos por segundo en Santa Coloma de Gramenet.

Pero la cantidad de lluvia no explica por sí sola el impacto de una inundación. Las características del territorio, la ocupación de las zonas inundables, los sistemas de drenaje y las medidas de prevención también determinan hasta qué punto una ciudad o una población puede hacer frente a un episodio extremo.

Por otro lado, la participación ciudadana puede contribuir a mejorar el conocimiento de episodios pasados y la gestión del riesgo. Pero, como advierte María del Carmen Llasat, catedrática de Física de la Atmósfera de la Universidad de Barcelona, la desinformación puede dificultar esta respuesta al generar confusión y desacreditar los mensajes de científicos, servicios meteorológicos o protección civil.

Llasat aborda en sus investigaciones cómo están cambiando las precipitaciones intensas en el Mediterráneo, hasta dónde puede llegar hoy la predicción de las inundaciones y qué papel deben desempeñar la ciudadanía, la ciencia y las administraciones para reducir sus impactos.

Un estudio reciente sobre inundaciones súbitas en Alcanar (Cataluña) analiza cómo interactúan los fenómenos meteorológicos y cómo está cambiando la situación en el Mediterráneo. ¿Qué factores hay que tener en cuenta para entender por qué una inundación acaba produciendo más o menos impactos?

Nuestro interés por las inundaciones súbitas —flash floods en inglés—, que se producen muy poco tiempo después de que se registre el máximo de precipitación, se debe a que son las más frecuentes en toda la región mediterránea y, especialmente, en las costeras, aunque no se producen únicamente en estas zonas.

El estudio de Alcanar está motivado porque registramos inundaciones súbitas en 2018, 2021 y 2023 y, otra más recientemente, y nos preguntamos si estos episodios están aumentando. Además, en aquel momento se hablaba muy poco de esta zona porque queda al sur del delta del Ebro, un poco alejada del resto de cuencas internas de Cataluña, aunque sigue perteneciendo a ellas.

¿Por qué una misma cantidad de lluvia puede tener consecuencias muy diferentes según el lugar donde se produzca?

Cuando hablamos de inundaciones, hemos de tener presentes muchos tipos de factores. Esencialmente, los reducimos a tres, como en cualquier otro riesgo: la peligrosidad, que está más vinculada con los factores meteorológicos y el cambio climático; la vulnerabilidad, que incluye si existen sistemas de alerta, si la gente los conoce, si la población es muy vulnerable, si se puede mover o no, etcétera; y la exposición.

No es lo mismo la vulnerabilidad de un camping que la de una ciudad. Y después está la exposición, es decir, cómo interactúan los factores meteorológicos, el cambio climático y la ocupación del territorio. Por tanto, estaríamos hablando de cómo interactúan esa peligrosidad y, sobre todo, esa exposición.

¿Qué cambios relacionados con el clima se están empezando a detectar en las precipitaciones intensas?

En este momento, en la región mediterránea, estamos empezando a observar un posible aumento de la intensidad de las precipitaciones. Esto podría intensificar tormentas que ya son importantes y favorecer episodios de lluvias capaces de provocar inundaciones.

Esto va en línea con lo que se espera cuando se aplican los modelos de cambio climático. Porque un mayor calentamiento y una mayor presencia de vapor de agua en la atmósfera hacen que tengamos procesos que puedan ser más efectivos.

¿Tener más vapor de agua en la atmósfera significa necesariamente que va a llover más?

No siempre. Depende de los factores que llamamos dinámicos: la presencia de bajas o altas presiones, etcétera. Dicho esto, el cambio climático ya está teniendo un papel en la intensificación de las lluvias fuertes y se espera que lo tenga de forma muy importante a escala mundial.

Ahora ya tenemos pruebas de que hay una mayor intensificación. Existen estudios a partir de series subdiarias —precipitaciones que pueden acumularse en menos de una hora—, porque las inundaciones súbitas están asociadas a precipitaciones que duran poco tiempo.

¿Qué muestran los estudios sobre la evolución de este tipo de precipitaciones?

En otro artículo, publicado en Atmospheric Research en 2021, analizamos la tendencia de la precipitación convectiva, que es la que puede estar asociada a lluvias que produzcan inundaciones.

En el caso de la Confederación Hidrográfica del Júcar, para la que se dispone de información con mucho detalle, encontramos una señal clara de aumento de la precipitación convectiva.

¿Qué es lo que está cambiando en las precipitaciones de estos episodios extremos?

Este aumento de intensidad puede reflejarse en fenómenos como la DANA de 2024. En este caso, lo que indican los datos no es que la cantidad total alcanzada —más de 700 litros por metro cuadrado en 24 horas— no se hubiera registrado nunca. Esa cantidad ya se había superado en otros momentos. Lo que destaca es la intensidad horaria, es decir, la cantidad de lluvia que cayó en una hora, que fue superior a la que se tenía registrada hasta entonces.

Estamos hablando, por tanto, de intervalos cortos. Estas lluvias son producidas por lo que llamamos precipitaciones convectivas, que se ven favorecidas por ese calentamiento asociado al cambio climático.

El aire asciende porque está más caliente y puede formar nubes de tipo cumulonimbus; si tenemos más vapor de agua, puede precipitar más.

¿Cuál es la razón de centrar el estudio en Alcanar?

Esa zona ya había experimentado tormentas muy importantes. Pero lo que detectábamos es que parecían ser más intensas y se recogía más agua de la que era habitual.

Las inundaciones más típicas suelen ser como las de Alcanar, en cuencas pequeñas, donde una precipitación horaria a veces ni siquiera llega a 100 litros por metro cuadrado, pero ya produce inundaciones.

¿Por qué?

Porque el Mediterráneo, y sobre todo el Mediterráneo occidental, está plagado de pequeñas cuencas torrenciales. Eso lo vemos mucho en el Maresme, en Cataluña, en las llamadas rieras; y también en Alicante y Valencia. Son inundaciones que a veces no llegan a los medios de comunicación, salvo que haya alguna víctima, pero que son las más habituales. Todo apunta a que está aumentando en intensidad.

A esto se suma la ocupación del territorio. En el Mediterráneo, y a escala mundial, es indudable que las zonas inundables están cada vez más ocupadas, por la presión de la población y también porque normalmente es más fácil construir en llanuras de inundación.

¿Se puede saber dónde y cuándo se producirán estas inundaciones?

Actualmente, han mejorado muchísimo las herramientas de predicción meteorológica. En el caso de España, tanto AEMET como los servicios meteorológicos de las comunidades autónomas, como el Servei Meteorològic de Catalunya (SMC), se alimentan sobre todo de los modelos del Centro Europeo de Predicción a Plazo Medio, que han mejorado mucho.

¿Qué podemos predecir actualmente con cierta antelación?

En este momento ha mejorado la predicción en cuanto a conocer si existe un peligro de que, en las próximas horas o en los próximos días, se produzca un episodio de lluvias muy fuertes en una zona determinada.

No es lo mismo hablar de una lluvia torrencial extensa —volviendo al caso de las inundaciones de Valencia— que de una inundación muy localizada.

¿Qué diferencia hay en la capacidad de predicción entre estos episodios?

En el primer caso ya había avisos que afectaban a más de un municipio; prácticamente a toda la comunidad. Son sistemas muy organizados, asociados a determinadas situaciones o configuraciones meteorológicas que se pueden prever o predecir.

Ya en los días anteriores se puede pronosticar que existe un peligro de que vaya a llover mucho en una comunidad autónoma determinada, incluso con casi una semana de antelación cuando se trata de algo altamente organizado.

¿Cuánto podemos afinar esa predicción en el espacio y en el tiempo?

Lo que no podemos determinar con esa antelación es exactamente dónde. Para saber exactamente el lugar y el cuándo entramos en el mismo problema que con las inundaciones muy locales.

Este año hubo en Cataluña, en Roda de Berà, unas lluvias locales en las que murieron dos personas. También podríamos mencionar las que hubo este año en Ponferrada.

En estos casos, aunque ha mejorado mucho la predicción, pero es muy difícil saber con más de seis horas de antelación exactamente dónde se va a producir el episodio muy local, porque los modelos no pueden verlo con ese nivel de detalle. Es un sistema altamente complejo.

En el marco del proyecto Flood2Now, ¿qué hace falta para que una alerta temprana se convierta realmente en prevención?

La prevención se ha de preparar mucho antes que la alerta. El programa Early Warnings for All de Naciones Unidas establece cuatro pilares fundamentales: el conocimiento, la predicción, la comunicación y la capacidad de respuesta de la población.

El primero es conocer bien tanto los modelos meteorológicos como las zonas inundables. El segundo, mejorar la predicción mediante modelos y datos in situ, de lluvia o de satélite.

El tercero es comunicar adecuadamente la emergencia, tanto entre los actores implicados como a la población. Y el cuarto es que la población sepa cómo actuar.

Para que una alerta se convierta realmente en prevención, por tanto, no basta con emitir un aviso: la población tiene que saber qué significa y qué debe hacer. No es lo mismo un aviso que una alerta y la población no sabe la diferencia. Además, muchas personas ni siquiera son conscientes de que viven en una zona inundable.

¿Qué puede aportar la IA al conocimiento y la predicción de las inundaciones?

Nosotros la utilizamos para ampliar el conocimiento sobre episodios de inundaciones pasados, buscando y recopilando información que existe en la prensa. Lo que antes requería revisar manualmente periódicos durante años, ahora puede hacerse de forma mucho más rápida.

En Cataluña, por ejemplo, ha permitido ayudar a documentar episodios de inundaciones y ampliar el catálogo que utilizamos en el visor de Ágora. Ahora, con el proyecto MedFlood2Impact, vamos a hacer lo mismo en toda la cuenca mediterránea española.

La IA puede aportar, por tanto, conocimiento sobre situaciones que ya han ocurrido y ayudar a obtener información meteorológica para reanalizarlas, pero no sustituye a los expertos.

También puede contribuir a mejorar los modelos de predicción meteorológica, aunque todavía necesita suficientes datos para entrenarse bien, y las inundaciones son fenómenos extremos de los que tenemos relativamente pocos registros.

¿Y qué papel tiene la ciencia ciudadana y la participación de la población en este tipo de registros o modelos?

La ciencia ciudadana puede aportar información muy útil para conocer y reconstruir inundaciones, mejorar la cartografía del riesgo y calibrar los modelos hidrológicos.

Por ejemplo, en la campaña Tras las huellas del agua, las personas pueden enviar fotografías de marcas históricas de inundaciones, indicando el lugar y la altura que alcanzó el agua. Esta información permite mejorar la cartografía de las zonas inundables y reconstruir episodios del pasado.

En el proyecto Flood2Now, el objetivo es diferente: las personas pueden aportar información sobre el nivel del río desde puntos concretos. Estos datos se pueden contrastar con los modelos hidrológicos y ayudar a mejorar los avisos.

Por tanto, la participación de la población puede contribuir tanto a conocer mejor las inundaciones pasadas como a mejorar los modelos y la capacidad de respuesta, pero no sustituye a los sistemas de emergencia.

¿Qué cambia cuando las personas que viven el riesgo participan en la investigación?

Participar en la investigación hace que se sientan más responsables y que vean que forman parte del proceso. En proyectos como Flood2Now o Floodup se organizaron también sesiones de cocreación. En ellas las personas explicaban qué pasaba, hasta dónde llegaba el agua cuando llovía en su barrio o en su casa, etcétera.

Lo más importante es que la población sienta que forma parte del proceso de mejora frente al aumento de la resiliencia ante las inundaciones. De esta forma, su autorresponsabilidad, su conocimiento y su sensibilización mejora.

¿Qué hace falta para que esa participación se traduzca en políticas de adaptación?

Algunas de estas campañas ya se desarrollan con la propia Administración y se incorporan a políticas de adaptación, por ejemplo, para mejorar el conocimiento de las zonas inundables.

El reto es conseguir una mayor participación de la población y reforzar el diálogo entre el mundo científico y todos los actores implicados en la cadena de alertas. Ese diálogo es fundamental para que el conocimiento generado pueda trasladarse a la toma de decisiones.

Y relacionado con esto, ¿qué es lo que más cuesta en la interacción entre organismos de emergencia, administraciones y científicos?

Una de las mayores dificultades es la gestión del territorio, porque tiene un valor económico y también sentimental. Por eso, incluso cuando el conocimiento científico y la cartografía indican que una zona tiene un riesgo elevado de inundación, pueden surgir resistencias por parte de la Administración y de la población.

La otra dificultad es establecer un diálogo abierto entre todos los actores. Hace falta que cada uno esté dispuesto a escuchar y aprender del resto, algo que no siempre resulta fácil cuando existen dinámicas y posiciones ya asentadas.

¿Cómo afecta la desinformación a la percepción del riesgo y a la respuesta de la población?

Los bulos y la desinformación pueden aumentar el riesgo en una emergencia porque desacredita a las personas y organismos responsables, como científicos, Protección Civil o las agencias del agua.

Cuando circulan mensajes contradictorios, la población puede sentirse confundida y no saber a quién hacer caso. Esa confusión puede llevar también a desentenderse del problema o a trasladar la responsabilidad a otros. Por eso es especialmente importante combatir la desinformación también en relación con el cambio climático.

Sandra M.G.

Sandra M.G.

Inicie mi trayectoria en ECOticias.com como colaboradora y después desempeñé el puesto de redactora, especializada en temas como medio ambiente, cambio climático, energías renovables, sostenibilidad y ecología. Ganadora de varios premios literarios.

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