Las cerezas dobles, gemelas o con formas extrañas no son una nueva variedad ni una rareza sin explicación. Son frutos que se han desarrollado de forma anómala porque la flor de la que nacieron ya venía marcada meses antes, normalmente durante el verano anterior a la cosecha, cuando el árbol sufrió calor intenso, falta de agua o una combinación de ambos factores.
Para el consumidor, la sorpresa llega en la frutería. Abres una caja, ves una cereza con dos cuerpos pegados o una hendidura profunda y la primera reacción puede ser dejarla a un lado. Pero el problema no está en el plato, sino en el campo. Y, en buena parte, en ese clima cada vez más duro para los frutales, con veranos largos, secos y calurosos. No es poca cosa.
Qué está pasando
Estas cerezas deformes suelen aparecer cuando se altera la formación de la yema floral. Dicho de forma sencilla, la cereza que comemos en mayo o junio empezó a decidir su forma muchos meses antes, cuando el árbol estaba preparando las flores de la siguiente campaña.
Ahí está la clave. Joan Girona, delegado institucional del IRTA en Terres de Lleida i Pirineus, explica que el origen de las cerezas gemelas, los frutos pequeños y otras malformaciones está en la fase de diferenciación floral, que en la región se produce sobre agosto y septiembre. En ese momento, la yema empieza a formar los órganos de la futura flor.
Si durante esa fase el árbol pasa sed, calor o llega con pocas reservas, algunas partes de la flor pueden crecer de forma anómala. Y meses después, cuando el consumidor ve la fruta, el resultado aparece en forma de cerezas dobles, suturas profundas o piezas con aspecto irregular.
No son nuevas
Aunque ahora puedan llamar más la atención, estas cerezas no han aparecido de repente. Los expertos las conocen desde hace tiempo. La diferencia es que muchas veces no llegan al mercado porque se descartan antes por motivos estéticos.
Y aquí entra un detalle incómodo. Si una cereza sabe bien y tiene una textura comparable, pero se tira porque no es «bonita», estamos ante una forma más de desperdicio alimentario. Puede que el consumidor nunca la vea, pero eso no significa que no exista.
José Miguel Peris, investigador del programa de Fructicultura del IRTA, recuerda que la formación de cerezas gemelas o deformes es «una problemática conocida desde hace mucho tiempo» y que depende sobre todo del estrés térmico sufrido durante el verano de la campaña anterior.
El papel del calor
La ciencia apunta desde hace años al calor como uno de los grandes factores detrás de este fenómeno. Una revisión publicada en 2011 sobre cerezo dulce en clima cálido explica que los frutos dobles proceden de la formación de pistilos dobles durante el desarrollo de la yema floral de la campaña anterior.
En la práctica, esto significa que una ola de calor no solo afecta a lo que se está cosechando ese año. También puede condicionar la fruta del año siguiente. Es como si el árbol guardara memoria del verano.
El Centro Fruticultura Sur, en Chile, señala que estos defectos se originan muy pronto, durante el desarrollo inicial de la yema floral, y los vincula a condiciones de alta temperatura durante la diferenciación floral. También apunta que podría influir un bajo suministro de agua en verano, aunque esa relación no está completamente demostrada.
Cambio climático y cerezas
La pregunta es inevitable. ¿Habrá más cerezas dobles con el cambio climático? La respuesta prudente es que puede ocurrir, pero no conviene convertir cada caja de cerezas raras en una prueba directa de que el campo está peor este año.
Peris lo matiza bien. Con el cambio climático «es posible que haya más incidencia», pero también advierte de que en Catalunya no hay constancia de un trabajo que lo documente para esta campaña. Además, si hay menos oferta de cereza de alta calidad y los precios suben, pueden llegar al mercado piezas que en otros años se habrían descartado.
El matiz importa. Ver más cerezas deformes en una tienda no significa necesariamente que haya más deformaciones en el campo. Puede significar que se está vendiendo fruta que antes se apartaba. Aun así, el fenómeno encaja con un escenario agrícola cada vez más exigente.
Qué pueden hacer los productores
La investigación más reciente va más allá de describir el problema y busca soluciones. Un estudio publicado en 2025 en Applied Fruit Science analizó redes protectoras en huertos de cerezo y observó que algunos diseños redujeron de forma importante la presencia de pistilos dobles y frutos dobles.
Los datos son llamativos. Las redes perlado gris y gris azul redujeron un 88 % la incidencia de pistilos dobles, y los frutos dobles en estados inmaduros y en cosecha bajaron un 79 % y un 89 % respecto al control. Además, estas redes redujeron la radiación solar un 22 % y bajaron la temperatura de la yema entre 1,5 y 2,5 °C.
Dicho de otra manera, unas décimas o pocos grados en el punto adecuado pueden marcar la diferencia entre una flor normal y una flor que dará un fruto deformado. Para un agricultor, eso puede significar menos descarte, más kilos comerciales y menos pérdidas.
Qué debe saber el consumidor
Para quien compra cerezas, el mensaje es más sencillo. Una forma rara no convierte automáticamente la fruta en mala. Según la información disponible, estas alteraciones afectan sobre todo al aspecto comercial, aunque el sabor y la textura pueden ser comparables a los de una cereza normal.
¿Merece la pena rechazarlas siempre? No necesariamente. Si la fruta está fresca, sin golpes graves, sin moho y con buen olor, su aspecto doble o irregular no debería ser el único motivo para tirarla.
La cereza perfecta, brillante y redonda, gusta más en el escaparate. Eso es evidente. Pero el campo real no siempre produce frutas de catálogo, sobre todo cuando el calor aprieta, el agua falta y el verano deja huella en los árboles.
El estudio científico más reciente sobre redes, calor y deformaciones en cerezo ha sido publicado en Applied Fruit Science.













