Un barco puede dejar de navegar mucho antes de que desaparezca su casco. En Rhode Island, Estados Unidos, un programa impulsado por la fundación de la asociación náutica RIMTA ha demostrado que la fibra de vidrio de embarcaciones retiradas puede aprovecharse en hornos de cemento, donde aporta energía y sustituye parte de las materias primas.
La iniciativa WAVES busca ampliar esa experiencia y reducir su coste, con apoyo de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA) y un calendario de junio de 2025 a mayo de 2027. El reto es que reciclar resulte más asequible para los propietarios.
Una prueba con resultados
El piloto de RIMTA y Rhode Island Sea Grant arrancó en 2018. Según el informe publicado por la fundación en febrero de 2023, se habían recogido, procesado y entregado a una cementera de Holly Hill, en Carolina del Sur, 80 toneladas cortas estadounidenses de material de fibra de vidrio, equivalentes a unas 72,6 toneladas métricas.
La experiencia permitió comprobar que los restos de embarcaciones podían llegar a una instalación industrial y utilizarse en su proceso de fabricación. El informe también identificó obstáculos para extender el modelo a todo el país, entre ellos los costes y la coordinación entre empresas y administraciones.
Por qué cuesta reciclarlos
Estos cascos combinan fibras de vidrio con una resina que, una vez endurecida, mantiene unido el conjunto. Las resinas termoestables convencionales no pueden volver a fundirse y moldearse como algunos plásticos de los envases, lo que complica recuperar sus componentes.
Esa resistencia ayuda a entender el problema al final de su vida útil. Separar los materiales exige procesos específicos y puede deteriorar las fibras, como explica el Departamento de Energía estadounidense en su evaluación sobre materiales compuestos.
Del puerto al horno
Antes de triturar una embarcación hay que retirar combustibles, baterías y otros elementos que necesitan una gestión separada. También se recuperan metales y equipos aprovechables, y después se reduce el casco a fragmentos adecuados para su procesamiento y transporte.

En la cementera, el material tiene una doble utilidad. Su parte combustible aporta calor y sus componentes minerales sustituyen materias primas necesarias para fabricar cemento, entre ellas sílice y alúmina.
Este aprovechamiento se conoce como coprocesamiento y combina recuperación de materiales y energía. Por su funcionamiento, permite aprovechar el casco sin conservarlo como fibra lista para construir otro barco.
Miles de barcos cada año
RIMTA recoge una estimación sectorial de unas 200.000 embarcaciones de recreo que alcanzan cada año el final de su vida útil en Estados Unidos. Es una referencia sobre el conjunto de esa flota, no un recuento de 200.000 cascos de fibra de vidrio abandonados.
La fabricación masiva de barcos con este material desde los años sesenta ayuda a explicar la acumulación de unidades envejecidas. Cuando quedan abandonadas, pueden generar contaminación y obstáculos para la navegación, además de gastos de retirada para las administraciones.
Para las comunidades costeras, el problema va más allá del barco que ocupa espacio en un puerto deportivo. Los temporales y huracanes también pueden dispersar embarcaciones dañadas y agravar las dificultades de gestión.
La factura sigue pesando
¿Dónde se atasca una solución que ya ha funcionado? La NOAA señala que reciclar la fibra de vidrio sigue costando más que llevarla al vertedero, una diferencia que desanima a muchos propietarios cuando llega el momento de deshacerse de su barco.
La guía de RIMTA ofrece una pista concreta sobre esa factura. En el desglose del piloto, la trituración representaba el 59,1 % del coste, al que se sumaban el desmontaje, los transportes y las tarifas de recepción en el horno.
Por tanto, la utilidad industrial del material no garantiza por sí sola que el servicio sea asequible. Conseguir que las cuentas salgan exige actuar sobre toda la cadena, desde el puerto deportivo hasta la cementera.
Qué busca WAVES
WAVES plantea reunir residuos de distintas procedencias, incluidos restos de fabricación y palas de aerogeneradores retiradas. La idea es trabajar con más volumen y coordinar mejor las operaciones para reducir el coste del reciclaje.
Ese ahorro es una meta del proyecto, y la ficha oficial no presenta todavía una reducción de costes conseguida. Tampoco ofrece una cifra de emisiones evitadas por WAVES que permita cuantificar su beneficio climático.
El siguiente paso será comprobar cuánto puede abaratarse esta alternativa y si resulta accesible para más propietarios. La información oficial de la iniciativa, actualizada el 25 de marzo de 2026, está publicada en el Programa de Residuos Marinos de la NOAA.
Imagen: RIMTA












