Estados Unidos retira cada año unos 200.000 barcos de recreo y en Rhode Island han descubierto que sus cascos de fibra de vidrio sirven para alimentar hornos de cemento, aunque reciclarlos sigue costando más que tirarlos al vertedero

Adrián Villellas
Publicado el 30 de septiembre de 2026 a las 20:44
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Un viejo velero de fibra de vidrio abandonado en tierra

Un barco puede dejar de navegar mucho antes de que desaparezca su casco. En Rhode Island, Estados Unidos, un programa impulsado por la fundación de la asociación náutica RIMTA ha demostrado que la fibra de vidrio de embarcaciones retiradas puede aprovecharse en hornos de cemento, donde aporta energía y sustituye parte de las materias primas.

La iniciativa WAVES busca ampliar esa experiencia y reducir su coste, con apoyo de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA) y un calendario de junio de 2025 a mayo de 2027. El reto es que reciclar resulte más asequible para los propietarios.

Una prueba con resultados

El piloto de RIMTA y Rhode Island Sea Grant arrancó en 2018. Según el informe publicado por la fundación en febrero de 2023, se habían recogido, procesado y entregado a una cementera de Holly Hill, en Carolina del Sur, 80 toneladas cortas estadounidenses de material de fibra de vidrio, equivalentes a unas 72,6 toneladas métricas.

La experiencia permitió comprobar que los restos de embarcaciones podían llegar a una instalación industrial y utilizarse en su proceso de fabricación. El informe también identificó obstáculos para extender el modelo a todo el país, entre ellos los costes y la coordinación entre empresas y administraciones.

Por qué cuesta reciclarlos

Estos cascos combinan fibras de vidrio con una resina que, una vez endurecida, mantiene unido el conjunto. Las resinas termoestables convencionales no pueden volver a fundirse y moldearse como algunos plásticos de los envases, lo que complica recuperar sus componentes.

Esa resistencia ayuda a entender el problema al final de su vida útil. Separar los materiales exige procesos específicos y puede deteriorar las fibras, como explica el Departamento de Energía estadounidense en su evaluación sobre materiales compuestos.


Del puerto al horno

Antes de triturar una embarcación hay que retirar combustibles, baterías y otros elementos que necesitan una gestión separada. También se recuperan metales y equipos aprovechables, y después se reduce el casco a fragmentos adecuados para su procesamiento y transporte.

Restos de embarcaciones de fibra de vidrio reunidos para triturarlos en el programa de reciclaje de Rhode Island
Materiales de embarcaciones recogidos para su procesado en el programa de reciclaje de fibra de vidrio de Rhode Island. Foto: RIMTA Foundation

En la cementera, el material tiene una doble utilidad. Su parte combustible aporta calor y sus componentes minerales sustituyen materias primas necesarias para fabricar cemento, entre ellas sílice y alúmina.

Este aprovechamiento se conoce como coprocesamiento y combina recuperación de materiales y energía. Por su funcionamiento, permite aprovechar el casco sin conservarlo como fibra lista para construir otro barco.

Miles de barcos cada año

RIMTA recoge una estimación sectorial de unas 200.000 embarcaciones de recreo que alcanzan cada año el final de su vida útil en Estados Unidos. Es una referencia sobre el conjunto de esa flota, no un recuento de 200.000 cascos de fibra de vidrio abandonados.

La fabricación masiva de barcos con este material desde los años sesenta ayuda a explicar la acumulación de unidades envejecidas. Cuando quedan abandonadas, pueden generar contaminación y obstáculos para la navegación, además de gastos de retirada para las administraciones.

Para las comunidades costeras, el problema va más allá del barco que ocupa espacio en un puerto deportivo. Los temporales y huracanes también pueden dispersar embarcaciones dañadas y agravar las dificultades de gestión.

La factura sigue pesando

¿Dónde se atasca una solución que ya ha funcionado? La NOAA señala que reciclar la fibra de vidrio sigue costando más que llevarla al vertedero, una diferencia que desanima a muchos propietarios cuando llega el momento de deshacerse de su barco.

La guía de RIMTA ofrece una pista concreta sobre esa factura. En el desglose del piloto, la trituración representaba el 59,1 % del coste, al que se sumaban el desmontaje, los transportes y las tarifas de recepción en el horno.

Por tanto, la utilidad industrial del material no garantiza por sí sola que el servicio sea asequible. Conseguir que las cuentas salgan exige actuar sobre toda la cadena, desde el puerto deportivo hasta la cementera.

Qué busca WAVES

WAVES plantea reunir residuos de distintas procedencias, incluidos restos de fabricación y palas de aerogeneradores retiradas. La idea es trabajar con más volumen y coordinar mejor las operaciones para reducir el coste del reciclaje.

Ese ahorro es una meta del proyecto, y la ficha oficial no presenta todavía una reducción de costes conseguida. Tampoco ofrece una cifra de emisiones evitadas por WAVES que permita cuantificar su beneficio climático.

El siguiente paso será comprobar cuánto puede abaratarse esta alternativa y si resulta accesible para más propietarios. La información oficial de la iniciativa, actualizada el 25 de marzo de 2026, está publicada en el Programa de Residuos Marinos de la NOAA.

Imagen: RIMTA

Adrián Villellas

Adrián Villellas

Adrián Villellas es ingeniero informático y emprendedor en marketing digital y ad tech. Ha liderado proyectos de analítica, publicidad sostenible y nuevas soluciones de audiencia. Colabora además en iniciativas científicas ligadas a la astronomía y la observación espacial. Publica en medios de ciencia, tecnología y medioambiente, donde acerca temas complejos y avances innovadores a un público amplio.

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