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Encuentran una especie de abeja sin aguijón que construye auténticas fortalezas con barro, resina y cera para blindar las colmenas ante depredadores

Descubren una abeja sin aguijón que construye fortalezas de barro, resina y cera para proteger su colonia.

Encuentran una especie de abeja sin aguijón que construye auténticas fortalezas con barro, resina y cera para blindar las colmenas ante depredadores

En la Mata Atlántica brasileña vive una abeja que no necesita aguijón para defenderse. Se llama Melipona mondury, también conocida como “uruçu amarela”, y su gran herramienta está en la entrada del nido, una estructura fabricada con barro, cera, resina y propóleo que funciona como una pequeña puerta de seguridad natural.

La conclusión principal es sencilla, pero potente. Esta abeja no solo busca un hueco en un árbol y lo ocupa. Lo adapta, lo protege y lo convierte en una colonia organizada, con miles de individuos y una arquitectura que ayuda a mantener la temperatura, guardar alimento y frenar intrusos. En plena crisis de biodiversidad, no es un detalle menor.

Una entrada hecha para resistir

La entrada del nido de Melipona mondury está hecha con arcilla, cera, resina y propóleo, una mezcla que da lugar al geopropóleo. Según el estudio, forma una estructura dura, de color rojizo, con un orificio central rodeado por radios convergentes. A simple vista puede parecer una rareza. En realidad, es ingeniería biológica.

Esa abertura no está ahí solo para entrar y salir. Su tamaño reducido permite el paso de una sola abeja cada vez, algo que ayuda a controlar mejor el acceso. Los investigadores también observaron una obrera vigilando el orificio, atenta a cualquier intruso. Vamos, una portera diminuta en una colonia muy seria.

Además, las sustancias aplicadas en la entrada pueden servir de guía para las recolectoras por su reflectividad ante la luz ultravioleta. ¿Qué significa esto en la práctica? Que la puerta también funciona como señal de orientación para las abejas que vuelven con alimento. Y eso se nota.

El nido necesita árboles maduros

El estudio analizó 19 colonias de Melipona mondury en la Mata Atlántica de Bahía, en Brasil. Trece estaban en cajas y seis en cavidades de troncos, dentro de municipios como Jaguaquara, Jequié y Tancredo Neves, entre diciembre de 2009 y agosto de 2011.

Los datos muestran por qué los árboles grandes son tan importantes. Las cavidades usadas por la especie tenían un volumen medio de 18,4 litros y un diámetro medio de 15,8 centímetros. La entrada del nido aparecía a una altura de entre 2,80 y 5,20 metros sobre el suelo. No vale cualquier agujero.

En condiciones naturales, estas abejas ocupan huecos formados por daños o accidentes en los árboles. Por eso, conservar solo árboles jóvenes o jardines aislados no basta. La especie necesita fragmentos forestales con árboles capaces de ofrecer refugio, resinas y alimento durante buena parte del año.

Una colonia que funciona como ciudad

Las colonias estudiadas no eran pequeñas en términos biológicos. La población de Melipona mondury varió entre 3537 y 10 281 individuos, contando huevos, larvas, pupas y adultos. La media fue de 5959 individuos por colonia. Casi nada.

Dentro del nido, los panales de cría podían ir de seis a quince. También había recipientes de miel y polen, con volúmenes y masas medidos por los investigadores para entender mejor cómo funciona la colonia. Es una organización silenciosa, pero muy precisa.

La temperatura también cuenta. En las colonias estudiadas, los panales de cría se mantuvieron entre 28 y 31 °C, mientras que la temperatura ambiental varió entre 17 y 30 °C. Esa diferencia ayuda a entender por qué la arquitectura del nido no es un capricho. Protege a las crías cuando fuera cambia el tiempo.

Por qué importa para el bosque

Las abejas sin aguijón son polinizadoras clave en regiones tropicales. El propio estudio recuerda que pueden ser responsables de entre el 30 % y el 40 % de la polinización, según el bioma. En otras palabras, ayudan a que muchas plantas produzcan frutos y semillas.

En el caso de Melipona mondury, su presencia se asocia a fragmentos de Mata Atlántica en estados como Bahía, Espírito Santo, Río de Janeiro, Minas Gerais, São Paulo, Paraná y Santa Catarina. Allí cumple una función ambiental importante, tanto por la polinización como por su relación con plantas nativas.

El fondo de la historia es fácil de entender. Si desaparecen estas abejas, el bosque pierde parte de su maquinaria natural de regeneración. Menos polinización significa menos frutos, menos semillas y menos oportunidades para que la vegetación se recupere. El problema no se ve de un día para otro, pero avanza.

El riesgo no ha desaparecido

Los autores señalan que Melipona mondury está amenazada por la fragmentación de hábitats. También indican que su conservación debe incluir la reforestación de la Mata Atlántica con especies nativas y regionales, sobre todo aquellas que sirven para anidar y recoger resinas.

El contexto actual deja una noticia agridulce. El Atlas de la Mata Atlántica 2024-2025, elaborado por el INPE y la Fundación SOS Mata Atlántica, registró una reducción del 40 % en la pérdida de florestas maduras, que pasó de 14 366 a 8668 hectáreas. Es el menor índice de la serie histórica y la primera vez en cuatro décadas que baja de 10 000 hectáreas anuales.

Pero no conviene cantar victoria demasiado pronto. El mismo informe recuerda que solo queda alrededor del 24 % de la cobertura original de la Mata Atlántica, y que apenas un 12,4 % corresponde a florestas maduras. Para una abeja que depende de cavidades, resinas, flores y corredores forestales, cada fragmento cuenta.

Qué podemos hacer

La conservación no empieza solo en los laboratorios. En las zonas donde viven estas abejas, plantar especies nativas con flores, evitar pesticidas innecesarios y proteger árboles maduros puede marcar diferencias pequeñas, pero reales. Son gestos sencillos, aunque no sustituyen a la restauración forestal bien planificada.

También importa cómo se crían estas abejas en meliponarios. El estudio recomienda que las cajas racionales se diseñen teniendo en cuenta el tamaño medio de los nidos naturales y la disponibilidad de polen y néctar alrededor. En la práctica, esto significa no separar el manejo de la salud del paisaje.

La Melipona mondury demuestra que una abeja diminuta puede construir una defensa sofisticada con materiales que encuentra en su entorno. Barro, cera, resina y propóleo. Nada más. Y, a la vez, casi todo lo que necesita para proteger una colonia entera.

El estudio completo ha sido publicado en Biota Neotropica.

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