Grito desesperado de los biólogos: mientras México lo convierte en su emblema para el Mundial 2026, al ajolote le quedan solo 160 días para extinguirse de sus canales naturales

Publicado el: 6 de junio de 2026 a las 09:47
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Ajolote mexicano (Ambystoma mexicanum) en un canal de Xochimilco, especie en peligro crítico de extinción.

Ciudad de México ha convertido al ajolote en una de sus imágenes más visibles rumbo al Mundial 2026. Aparece en campañas, carteles, infraestructura y relatos oficiales como un símbolo de identidad, resistencia y memoria lacustre. Pero el animal real no vive en los murales ni en los trenes decorados, sino en los canales de Xochimilco, donde su futuro sigue colgando de un hilo.

El contraste es incómodo. Mientras el ajolote gana fuerza como emblema urbano, el Ambystoma mexicanum continúa catalogado como especie en peligro crítico en su zona nativa, con amenazas principales como la pérdida de hábitat y la contaminación. ¿De qué sirve volverlo famoso si el agua donde sobrevive se vuelve cada vez menos habitable? Ahí está el verdadero problema.



Un símbolo que incomoda

El Gobierno de Ciudad de México presentó su imagen institucional rumbo al Mundial con referencias a la historia, los derechos humanos y la identidad de la capital. En ese sello aparece el ajolote como «símbolo vivo del antiguo sistema lacustre del Valle de México», junto a Quetzalcóatl y al aro del juego de pelota.

La idea puede sonar potente. Pero para científicos y ciudadanos, el riesgo está en que el símbolo tape la urgencia. Luis Zambrano, ecólogo e investigador de la UNAM, ha advertido que usar al ajolote como mercadotecnia no equivale a salvarlo. La especie necesita agua limpia, chinampas activas y menos presión urbana, no solo una imagen bonita para recibir turistas.



Las cifras pesan

Los datos muestran una caída muy fuerte. En 1998 se estimaban unos 6000 ajolotes por kilómetro cuadrado en Xochimilco. En 2002 la cifra bajó a unos 1000, y el registro de 2014 documentó apenas 36 en el mismo espacio. No es una bajada cualquiera. Es casi una desaparición en cámara lenta.

Zambrano lo resumió con una frase directa: «El ajolote sigue en peligro crítico de extinción». El investigador también explicó que el nuevo censo de la UNAM aún no tiene resultados finales, aunque la buena noticia es que todavía hay ajolotes en Xochimilco. La mala es que, según su estimación, podría haber menos que en 2014.

Xochimilco se encoge

El problema no está solo en contar animales. Está en mirar el lugar donde viven. Un estudio reciente sobre restauración del hábitat del ajolote analizó los cambios de uso de suelo en 2002, 2012 y 2021, y encontró que de 228 kilómetros de canales estudiados, solo 114 eran adecuados para restauración por sus condiciones físicas.

La cifra se reduce todavía más cuando se incorporan otros factores. Al sumar urbanización, invernaderos y pérdida de áreas agrícolas, la superficie útil baja a menos de 40 kilómetros de canales. En la práctica, esto significa que el ajolote no solo pierde agua, pierde caminos seguros dentro de su propio hogar.

El mismo estudio apunta al avance urbano, al crecimiento de invernaderos y a la pérdida de zonas de cultivo. También menciona cómo las canchas de fútbol y otros usos recreativos han limitado la capacidad del humedal para recuperar el hábitat del ajolote. Y eso se nota. Donde antes había chinampería, hoy muchas veces hay cemento, ruido o agua peor cuidada.

El ajolote real no es rosa

Hay otro detalle que parece menor, pero no lo es. El ajolote que suele verse en campañas, peluches o dibujos aparece blanco, rosado o casi transparente. Esa imagen viene en buena parte de variantes criadas en laboratorio o en cautiverio, no de los ejemplares silvestres que intentan sobrevivir en Xochimilco.

El ajolote mexicano silvestre suele ser oscuro, entre negro, café y tonos verdosos, lo que le ayuda a camuflarse. Zambrano lo dijo de forma clara: «El ajolote de verdad es negro o café oscuro». En un canal, un ejemplar blanco sería mucho más visible para depredadores como las garzas. La imagen tierna vende más, sí. Pero también puede confundir.

Refugios que sí ayudan

No todo son malas noticias. La UNAM mantiene iniciativas como AdoptAxolotl, un programa de adopción simbólica que recauda fondos para rehabilitar el hábitat del ajolote, conservar fauna local y fortalecer prácticas agrícolas chinamperas. La campaña ofrece apoyos desde cantidades pequeñas hasta aportaciones mayores, con la idea de conectar a la ciudadanía con la conservación real.

También están las chinampas refugio, espacios donde se busca mejorar la calidad del agua y proteger zonas frente a especies invasoras como carpas y tilapias. La lógica es sencilla, pero poderosa. Si se recupera la chinampa, se recupera parte del sistema que permite vivir al ajolote. Y de paso, se protege una forma histórica de producir alimentos en la ciudad.

La lección del ajolote

El ajolote puede ser un gran símbolo para Ciudad de México, pero su valor no debería quedarse en el diseño gráfico. Convertirlo en mascota urbana mientras su hábitat se deteriora sería una contradicción difícil de defender. En el fondo, lo que está en juego es si la ciudad quiere presumir su pasado lacustre o cuidarlo de verdad.

Salvar al ajolote exige agua limpia, menos descargas, apoyo a chinamperos, control del cambio de uso de suelo y refugios bien conectados. También requiere que la fama del animal se traduzca en decisiones públicas y no solo en decoración. Porque si Xochimilco pierde al ajolote, no pierde solo una especie rara. Pierde una parte viva de su historia.

El estudio científico más reciente sobre restauración del hábitat del ajolote ha sido publicado en la revista Urban Ecosystems.

Imagen autor

Javier F.

Periodista, licenciado en la Universidad Nebrija, diez años en Onda Cero, y ahora en proyectos profesionales como Freelance. Especializado en contenido SEO y Discover

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