Naturaleza

Científicos japoneses pintan unas vacas con rayas blancas y negras como si fueran cebras y el hallazgo es inaudito: consiguen reducir las picaduras de mosca tanto que podrían sustituir a los pesticidas tradicionales

Un estudio en Japón demuestra que pintar vacas como cebras reduce casi un 50 % las picaduras de moscas.

Científicos japoneses pintan unas vacas con rayas blancas y negras como si fueran cebras y el hallazgo es inaudito: consiguen reducir las picaduras de mosca tanto que podrían sustituir a los pesticidas tradicionales

Parece una escena preparada para llamar la atención, pero detrás de estas vacas con rayas hay una pregunta científica muy seria. Investigadores japoneses pintaron seis vacas negras con franjas blancas y comprobaron que tenían casi un 50 % menos de moscas picadoras posadas que cuando permanecían completamente negras.

El resultado apoya una de las explicaciones con más respaldo sobre las cebras. Sus rayas no serían solo un adorno de la evolución, sino una defensa visual que dificulta el aterrizaje de los insectos. Aun así, el ensayo fue pequeño y todavía no convierte la pintura a rayas en una solución lista para las granjas.

Un experimento sencillo

El trabajo se realizó en el Centro de Investigación Agrícola de Aichi, en Japón, durante 2017 y 2018. Los científicos utilizaron seis vacas preñadas de raza Negra Japonesa, con un peso medio de unos 481 kilos, y cada animal pasó por tres situaciones diferentes.

En una jornada llevaba rayas blancas sobre su pelaje negro, en otra recibía rayas negras apenas visibles y en otra no se pintaba. Este diseño permitió comparar a cada vaca consigo misma, algo importante cuando la muestra es tan reducida.

La mitad de moscas

Las franjas se dibujaron a mano con una laca al agua y medían entre cuatro y cinco centímetros de ancho. Pintar cada vaca llevaba unos cinco minutos y la capa desaparecía al cabo de pocos días.

Después, los investigadores observaron a los animales dos veces al día y fotografiaron su lado derecho para contar las moscas posadas en el cuerpo y las patas. En las vacas con rayas blancas y negras, el total fue casi la mitad que en las vacas sin pintar o pintadas solo con negro. Los autores concluyeron que «pintar rayas similares a las de una cebra puede reducir un 50 % el aterrizaje de moscas picadoras».

También cambió su comportamiento

Los científicos no se limitaron a contar insectos. También registraron movimientos habituales del ganado cuando intenta librarse de ellos, como sacudir la cabeza, mover las orejas, patear, contraer la piel o agitar la cola. Gestos pequeños, pero repetidos una y otra vez.

Las vacas rayadas realizaron 39,8 de estas respuestas durante cada periodo de observación de 30 minutos. Las no pintadas llegaron a 53 y las que llevaban rayas negras a 54,4. Los autores atribuyeron el descenso a la menor carga de insectos.

No era el olor de la pintura

Aquí aparece uno de los detalles más interesantes del ensayo. Las vacas pintadas con rayas negras recibieron prácticamente la misma cantidad de moscas que las que no llevaban pintura, aunque en ambos casos se había usado una laca sobre el animal.

Si el efecto procediera del olor o de algún componente químico, esas vacas también deberían haber mostrado una reducción. Como no ocurrió, los resultados apuntan al contraste visual entre el blanco y el negro, no a la pintura en sí.

El misterio de las cebras

Durante décadas se han propuesto muchas explicaciones para las rayas de las cebras. Se ha hablado de camuflaje, confusión de los depredadores, reconocimiento entre individuos, regulación de la temperatura y protección frente a insectos.

Un análisis publicado en 2014 encontró que la presencia e intensidad de las rayas en distintas especies y subespecies de équidos se relacionaba con la distribución de moscas picadoras. En cambio, no halló un apoyo constante para las hipótesis del camuflaje, los depredadores, el calor o la vida social. Otro experimento publicado en 2018, con barriles cubiertos por distintos pelajes, no encontró que el patrón rayado enfriara más que un tono gris comparable.

El experimento con vacas aporta una pieza distinta. Demuestra que el patrón puede funcionar sobre un animal que nunca desarrolló rayas de forma natural. No prueba por sí solo por qué evolucionaron las cebras, pero refuerza bastante el mecanismo contra los insectos.

Cómo confunden a las moscas

Las rayas no parecen actuar como un repelente que mantenga a los insectos lejos desde el primer momento. Otros experimentos con cebras y caballos observaron que los tábanos se aproximaban a ambos animales, pero tenían más dificultades para frenar y aterrizar de forma controlada sobre una superficie rayada.

En la práctica, el blanco y el negro pueden alterar las señales visuales que utiliza una mosca durante los últimos instantes del vuelo. La luz polarizada y la percepción del movimiento figuran entre las posibles explicaciones, aunque el mecanismo exacto sigue abierto. No es un muro invisible, es más bien una pista de aterrizaje que de pronto se vuelve confusa.

Menos insecticidas

Las moscas picadoras no son una simple molestia. Pueden provocar estrés, interrumpir el pastoreo, reducir la ganancia de peso y favorecer la transmisión de enfermedades, mientras el animal gasta energía moviendo la cola, pateando o agrupándose con otros ejemplares.

Por eso, una defensa visual que reduzca los aterrizajes sin depender de insecticidas resulta atractiva. También podría aliviar el problema de la resistencia que algunas poblaciones de insectos desarrollan frente a estos productos. Pero conviene no correr demasiado.

Una idea con límites

El primer límite está en el tamaño del ensayo. Se trabajó con solo seis vacas de una misma raza, divididas entre dos temporadas, por lo que hacen falta pruebas con más animales, otras razas y diferentes condiciones climáticas.

El segundo problema es mucho más cotidiano. La pintura usada se borraba en pocos días, mientras que una temporada de moscas puede durar entre tres y cuatro meses. Repintar el ganado continuamente no parece una opción cómoda ni barata para una explotación normal.

Además, habría que comprobar la seguridad y la duración de cualquier producto destinado a permanecer sobre la piel durante semanas. El hallazgo es prometedor, pero todavía es una prueba de concepto. No es poca cosa, aunque tampoco es una receta cerrada.

Un premio que hizo mirar de nuevo

El estudio se publicó originalmente en octubre de 2019 y recibió una corrección en marzo de 2020 por varios valores de una tabla y algunos identificadores del archivo de datos. Esa revisión no modificó la conclusión central sobre la reducción de las moscas.

El trabajo volvió a ocupar titulares cuando sus autores recibieron el Premio Ig Nobel de Biología el 18 de septiembre de 2025. El galardón reconoce investigaciones que primero hacen reír y después hacen pensar, y pocas imágenes cumplen mejor esa idea que una vaca vestida visualmente de cebra. 

El estudio original y la corrección oficial más reciente han sido publicados en «PLOS ONE».

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