El loro más pesado del mundo supera los 300 individuos por primera vez en unos 75 años, aunque la escasez de hábitats sin depredadores y la baja diversidad genética mantienen a la especie en una situación crítica.
El kākāpō, un loro nocturno y no volador endémico de Nueva Zelanda, ha alcanzado los 325 ejemplares. La cifra supone el máximo registrado desde que comenzó su programa moderno de recuperación y confirma que una especie reducida a solo 51 aves en 1995 puede responder cuando la protección se mantiene durante décadas.
El Departamento de Conservación de Nueva Zelanda incorporó oficialmente 90 polluelos al censo el 1 de septiembre de 2026. El recuento se actualizó cuando el ejemplar más joven alcanzó los 150 días de vida, edad a partir de la cual estas aves se consideran independientes.
El kākāpō pasa de 51 a 325 ejemplares
El Programa de Recuperación del Kākāpō comenzó en 1995 con 31 machos y únicamente 20 hembras. Tres décadas después, la población es más de seis veces mayor y probablemente ha superado los 300 individuos por primera vez en alrededor de 75 años. Los 90 jóvenes añadidos este año constituyen además el mayor incremento conseguido durante una sola temporada reproductiva.
La cifra ilustra una característica común de la recuperación de especies. Los resultados visibles suelen llegar después de años de seguimiento, protección del territorio, colaboración institucional y manejo de cada ejemplar. En el caso del kākāpō, el éxito depende también de científicos, guardaparques, voluntarios y representantes de Ngāi Tahu, el principal pueblo maorí del sur de Nueva Zelanda.
Los depredadores introducidos llevaron al kākāpō hacia la extinción
La incapacidad para volar convirtió al kākāpō en una presa especialmente vulnerable. La especie evolucionó sin mamíferos depredadores terrestres, por lo que la llegada de gatos, ratas y armiños provocó un desplome que se agravó con la caza y la pérdida de hábitat.
Los últimos supervivientes fueron trasladados a islas protegidas y santuarios cercados. Allí quedaron separados de los principales depredadores introducidos y comenzaron a ser vigilados individualmente mediante transmisores de radio. El seguimiento permite conocer su localización, actividad, estado de salud y comportamiento reproductivo.
La recuperación neozelandesa contrasta con el declive de las aves observado en numerosos ecosistemas. Esa diferencia refuerza una lección importante. Frenar la pérdida exige intervenir sobre las causas concretas y sostener las medidas durante el tiempo suficiente para que varias generaciones lleguen a reproducirse.
El rimu explica el récord de 90 polluelos en 2026
El crecimiento del kākāpō no puede producirse de manera constante. Estas aves suelen reproducirse cada dos o cuatro años, cuando los árboles de rimu generan grandes cantidades de frutos. La temporada de 2026 llegó después de cuatro años sin reproducción y coincidió con una fructificación abundante en las islas donde viven las principales poblaciones.
Esta dependencia hace que la recuperación avance mediante saltos. Durante los primeros años del programa fueron necesarios 16 años para obtener tantos jóvenes como los incorporados al censo en una sola temporada de 2026. El récord demuestra que la población conserva capacidad reproductiva, pero también que una mala cosecha de rimu puede retrasar durante años el siguiente aumento.
La conservación del kākāpō entra en una nueva fase
El cambio más significativo no está únicamente en la cantidad de aves. El programa está pasando de evitar una extinción inmediata a comprobar si la población puede reproducirse con menos asistencia humana.
Durante 2026 se redujeron algunas revisiones de huevos y polluelos, se limitó la alimentación suplementaria en determinados casos y se utilizó más información procedente de sistemas remotos instalados en los nidos. El objetivo no consiste en retirar la protección, sino en identificar qué intervenciones siguen siendo imprescindibles y cuáles pueden sustituirse por procesos más naturales.
Este avance crea un nuevo cuello de botella. Una población mayor necesita más territorio, del mismo modo que otros proyectos de restauración ecológica muestran que recuperar fauna exige reconstruir ecosistemas completos y conectados. En Nueva Zelanda, el futuro del kākāpō dependerá de ampliar las zonas seguras y mantenerlas libres de depredadores.
Los 325 kākāpō todavía forman una población vulnerable
Las tres poblaciones reproductoras permanecen en Whenua Hou, Pukenui y Te Kāhaku. Esta concentración facilita el control, pero también limita la expansión y mantiene la dependencia de espacios gestionados. La baja diversidad genética, la infertilidad y los problemas de eclosión siguen siendo obstáculos importantes.
La aspiración a largo plazo es volver a establecer la especie en Rakiura, territorio del que procedía casi toda la población fundadora moderna. Para conseguirlo será necesario reducir de forma duradera la presencia de depredadores introducidos. Los primeros modelos apuntan a que la siguiente temporada reproductiva podría llegar en 2028.
El paso de 51 a 325 aves es una recuperación excepcional, pero no representa el final del rescate. El verdadero éxito llegará cuando el kākāpō disponga de suficiente hábitat para crecer y reproducirse sin que cada huevo, polluelo y adulto necesite una intervención constante.
El comunicado oficial ha sido publicado en el Departamento de Conservación de Nueva Zelanda.












