Las autoridades alertan de la presencia de animales salvajes con síntomas neurológicos y piden precaución al pasear a los perros en EEUU: convulsiones, mareos y pérdida de conciencia

Publicado el: 10 de junio de 2026 a las 08:02
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Zorro rojo con posibles síntomas neurológicos en un centro de recuperación de fauna en Massachusetts.

Un pequeño municipio de Massachusetts ha pedido prudencia a los vecinos después de detectar un aumento de animales salvajes con síntomas neurológicos. La alerta afecta a Athol, una localidad del condado de Worcester, donde control animal ha recibido más avisos de lo habitual por ejemplares que caen, tropiezan, giran sobre sí mismos o parecen no reaccionar ante la presencia humana.

La primera recomendación es sencilla, pero importante. Las mascotas no deberían quedarse solas en el exterior y conviene comprobar que tienen al día sus vacunas, sobre todo frente a la rabia y el moquillo. La última actualización oficial apunta a un posible brote de moquillo canino entre fauna salvaje, aunque las autoridades insisten en que la rabia no puede descartarse en todos los casos.



Qué está pasando en Athol

El Servicio Regional de Control Animal de North Quabbin informó inicialmente de animales con comportamientos extraños en el centro de Athol y en zonas como Pinedale y Pequoig. Los signos descritos son bastante llamativos para cualquier persona que vea fauna cerca de casa.

Los animales pueden caminar con dificultad, perder el equilibrio, moverse en círculos, no prestar atención a las personas o mostrar síntomas parecidos a convulsiones. ¿Qué haría cualquiera al ver algo así en el jardín? Acercarse parece una reacción natural, pero es justo lo que no recomiendan las autoridades.



En una actualización posterior, control animal explicó que durante las dos últimas semanas había respondido a un número elevado de avisos relacionados sobre todo con zorros, mapaches y mofetas. Uno de los zorros sintomáticos fue enviado a análisis de rabia y el resultado recibido el 1 de junio de 2026 fue negativo. No es poca cosa, aunque tampoco cierra por completo la investigación.

La pista del moquillo

La principal hipótesis de trabajo es ahora el moquillo canino. Según la información compartida por las autoridades locales, esta opción se maneja tras consultar con agencias estatales, veterinarios y otros expertos. Aun así, se mantiene la cautela porque cada animal enfermo debe tratarse como un posible riesgo hasta que haya más datos.

El moquillo canino es una enfermedad vírica muy contagiosa que afecta a perros y a varias especies salvajes. El Manual Veterinario Merck explica que puede provocar fiebre, pérdida de apetito, secreción nasal, neumonía, diarrea y, en algunos casos, signos neurológicos como espasmos musculares, convulsiones o movimientos en círculo.

En la práctica, esto significa que un animal con moquillo puede parecer desorientado o demasiado tranquilo ante los humanos. Y ahí está parte del problema. Lo que a simple vista puede parecer un animal dócil, cansado o perdido, en realidad puede ser un animal enfermo y muy vulnerable.

No es una alerta para entrar en pánico

Control animal fue claro al pedir calma. La idea no es generar miedo, sino reducir contactos innecesarios entre fauna salvaje, personas y mascotas. La propia advertencia local incluyó una frase muy directa, «no hay necesidad de pánico», pero sí pidió tener cuidado al dejar salir a los animales domésticos.

El matiz importa. El moquillo canino no se considera un riesgo para las personas, pero puede ser grave para perros no vacunados. La Facultad de Veterinaria de la Universidad de Illinois recuerda que el virus puede afectar al sistema respiratorio, digestivo y nervioso, y que también circula entre fauna como mapaches, zorros, coyotes, mofetas y hurones.

Por eso, la recomendación no cambia aunque el riesgo para humanos sea bajo. No tocar animales enfermos, no intentar capturarlos y no dejar que un perro se acerque a ellos. Parece básico, pero en un barrio tranquilo, con niños jugando o un perro suelto en el patio, ese margen de prudencia puede marcar la diferencia.

Qué deben hacer los dueños de mascotas

La medida más inmediata es revisar la cartilla veterinaria. Las autoridades locales han pedido que perros y otros animales estén al día frente a la rabia y el moquillo. En Massachusetts, además, la vacunación antirrábica de perros, gatos y hurones es obligatoria según la normativa estatal.

También conviene supervisar a las mascotas cuando salgan al jardín, especialmente al amanecer, al atardecer o en zonas donde haya comederos, basura o restos de comida. El alimento fácil atrae a la fauna salvaje, y cuando varios animales se concentran en el mismo punto, las enfermedades se transmiten con más facilidad.

La Universidad de Illinois insiste en un detalle muy cotidiano. Dejar comida fuera o alimentar fauna salvaje crea puntos de encuentro entre especies. Puede parecer un gesto amable, pero a cambio aumenta el contacto entre animales y ayuda a que virus como el moquillo encuentren nuevos huéspedes.

Qué hacer si aparece un animal extraño

Si un vecino ve un zorro, mapache o mofeta que se tambalea, gira sin rumbo o no huye, la recomendación es llamar a las autoridades locales. En este caso, North Quabbin Regional Animal Control pidió avisar a la línea no urgente de la Policía de Athol en el 978 249 3232.

No hay que tocarlo, perseguirlo ni intentar ayudarlo con las manos. Tampoco conviene dejar que una mascota lo olfatee, aunque parezca muerto o agotado. La rabia ha dado negativo en un zorro analizado, pero las autoridades han sido prudentes al recordar que no puede descartarse en todas las circunstancias.

La convivencia con la fauna salvaje tiene estas zonas grises. Queremos ver animales cerca de casa, pero no siempre entendemos lo que estamos viendo. Un ejemplar que no teme a las personas puede estar enfermo, intoxicado o desorientado. Y eso exige distancia.

Una señal para vigilar la fauna urbana

Este episodio recuerda algo que muchas veces pasa desapercibido. La salud de los animales salvajes también forma parte de la salud ambiental de una comunidad. Cuando zorros, mapaches o mofetas empiezan a aparecer enfermos en zonas habitadas, no es solo una cuestión veterinaria.

También habla de patios, residuos, comida disponible, mascotas sin supervisión y barrios que comparten espacio con la vida silvestre. En el fondo, lo que se pide a los vecinos de Athol es sencillo. Menos contacto, más vigilancia y vacunas al día.

La investigación continúa y las autoridades locales han adelantado que el municipio prepara una clínica de vacunación en Athol. Mientras tanto, la pauta es clara. Si un animal salvaje actúa de forma extraña, se informa y se mantiene la distancia.

La actualización oficial ha sido publicada por North Quabbin Regional Animal Control.

Imagen autor

Adrián Villellas

Adrián Villellas es ingeniero informático y emprendedor en marketing digital y ad tech. Ha liderado proyectos de analítica, publicidad sostenible y nuevas soluciones de audiencia. Colabora además en iniciativas científicas ligadas a la astronomía y la observación espacial. Publica en medios de ciencia, tecnología y medioambiente, donde acerca temas complejos y avances innovadores a un público amplio.

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