Las ranas arlequín de Panamá que siguen vivas resisten casi todas en refugios donde el clima frena al hongo quitridio más del 80 % de las temporadas, sobre todo en zonas más bajas

Adrián Villellas
Publicado el 16 de octubre de 2026 a las 20:46
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Rana arlequín Atelopus limosus de Panamá sobre una hoja

Casi todas las ranas arlequín que siguen vivas en libertad en Panamá resisten en refugios climáticos, lugares donde el clima frena al hongo quitridio en más del 80 % de las temporadas. Es la conclusión de un estudio del Zoo Nacional e Instituto de Biología de la Conservación del Smithsonian (NZCBI) y del Instituto Smithsonian de Investigaciones Tropicales (STRI) publicado en la revista Journal for Nature Conservation.

La única excepción es la rana arlequín variable (Atelopus varius), que aparece también en sitios favorables al hongo. Las demás viven en lugares donde el clima le pone las cosas difíciles, muchas veces más bajos que las montañas donde el hongo está a gusto.

El trabajo lo dirigió Carrie Lewis, doctoranda de la Universidad George Mason. El autor sénior es Brian Gratwicke, biólogo de conservación del Zoo Nacional e Instituto de Biología de la Conservación del Smithsonian (NZCBI), y firman también investigadores del Instituto Smithsonian de Investigaciones Tropicales (STRI), en Panamá.

«Hemos intentado devolver a la naturaleza ranas arlequín criadas en cautividad y hemos sufrido muchas bajas por el hongo quitridio de los anfibios, que persiste en el medio», explicó Gratwicke en la nota de prensa del Smithsonian del 1 de octubre.

Un hongo que se ceba con las ranas arlequín

La enfermedad se llama quitridiomicosis y la causa el hongo Batrachochytrium dendrobatidis, o Bd, que infecta la piel de las ranas, les altera el equilibrio de sales y agua y acaba matándolas. Según el Smithsonian, se ha extendido por Centroamérica y Sudamérica desde los años setenta y hoy está en todas partes.

En Panamá hay siete especies nativas de ranas arlequín, del género Atelopus, y todas están en peligro crítico o extinguidas, aunque cinco se mantienen en colonias de cría. Ya contamos por qué las ranas arlequín son uno de los anfibios con peor diagnóstico, en un país donde el 43 % de los anfibios está en alguna categoría de riesgo.

Pero el hongo necesita un ambiente fresco y húmedo, y no prospera cuando hace demasiado calor o el aire está muy seco, así que un mismo bosque puede ser peligroso en una temporada y bastante más seguro en la siguiente.

Un mapa del hongo temporada a temporada

El nuevo mapa se apoya en dos trabajos anteriores. Uno, de 2019, estimaba dónde podían vivir las ranas arlequín, y el otro, de 2025, cruzaba datos diarios de temperatura y humedad con más de 4900 muestras tomadas a anfibios en 314 sitios del país.

Los dos son modelos de distribución de especies, programas que cruzan los lugares donde se ha encontrado un ser vivo con su clima para calcular dónde más podría estar.

Cada año se dividió en una estación seca y dos lluviosas, lo que da 42 temporadas entre 2005 y 2018.

Las supervivientes viven donde el hongo lo pasa mal

Para saber dónde quedan ranas arlequín, el equipo reunió los avistamientos subidos entre 2018 y 2024 a iNaturalist, una web donde la gente comparte fotos de fauna. Tras revisarlos y pedir las coordenadas al Ministerio de Ambiente de Panamá, se quedaron con 21 sitios y cinco especies.

En cuatro de ellas, Atelopus limosus, A. certus, A. glyphus y A. fronterizo, los sitios ocupados fueron desfavorables para las infecciones medias y fuertes en más del 80 % de las temporadas.

«Es posible, por tanto, que la mayoría de las especies de Atelopus que sobreviven en Panamá (…) estén resistiendo en refugios climáticos», escriben los autores.

El caso contrario es Atelopus chiriquiensis. Todos sus sitios y temporadas conocidos eran 100 % favorables al hongo, y hoy se da por extinguida.

La rana arlequín variable es la excepción

Solo la rana arlequín variable (Atelopus varius) apareció en sitios donde el hongo lo tiene fácil buena parte del año. Los autores creen que puede haber desarrollado secreciones en la piel que frenan a Bd.

En 2018, un equipo que dirigió Voyles, de la Universidad de Nevada en Reno y coautora del nuevo estudio, ya vio en la revista Science que el hongo seguía siendo igual de letal y que eran las ranas las que sobrevivían más.

«Las pruebas indican que el patógeno no ha cambiado. Es posible que los hospedadores hayan desarrollado mejores defensas en un periodo de tiempo relativamente corto», dijo entonces Voyles en la nota de su universidad.

Los refugios están sobre todo en zonas más bajas

En el conjunto del país, las montañas más altas eran sobre todo terreno favorable para el hongo y las zonas más bajas, en general, no. Grandes partes de la cordillera de San Blas y del oeste de la península de Azuero salieron desfavorables para Bd en todas las versiones del modelo.

El equipo marcó también zonas que se están volviendo peores para el hongo en las serranías de Tabasará y Veraguas, Azuero y el Darién. En los sitios de ranas arlequín, la temperatura media subió unos 0,41 °C entre los cinco primeros años del periodo y los cinco últimos.

La rana dorada abrió el camino de las liberaciones

En un ensayo que dio a conocer en febrero de 2026, el proyecto de rescate soltó 100 ranas doradas en recintos cerrados del Parque Nacional Altos de Campana, y en las 12 semanas que pasaron allí murió de quitridiomicosis cerca del 70 %. Era una especie que no se veía en libertad desde 2009, como contamos entonces.

«Guiados por estos mapas de refugios climáticos y de idoneidad del hábitat para Atelopus, ya hemos empezado a inspeccionar posibles sitios para comprobar si el hábitat es adecuado y para posibles ensayos de liberación», explicó en la nota del Smithsonian Roberto Ibáñez, científico del STRI, director del Proyecto de Rescate y Conservación de Anfibios de Panamá y coautor del estudio.

«Al cartografiar los refugios climáticos tenemos por fin una herramienta para clasificar los posibles lugares de liberación, que nos permite elegir sitios donde los animales liberados tengan las mejores opciones de sobrevivir», dice ahora Gratwicke.

«Estas herramientas nos permitirán poner a prueba de forma experimental la hipótesis de los refugios climáticos con futuros ensayos de liberación», dijo Ibáñez en la nota del Smithsonian.

Lo que el mapa todavía no demuestra

El estudio tiene límites. Los modelos del hongo usan muestras de muchas especies de ranas, y una foto en iNaturalist prueba que una rana estuvo en un sitio un día concreto, pero no que allí viva una población que se reproduce.

El mapa da por hecho, además, que el clima de 2005 a 2018 sigue describiendo estos bosques, cuando las temperaturas ya están subiendo. La nota del Smithsonian advierte de que ese cambio también puede perjudicar a las ranas adaptadas a montañas frescas.

Nadie ha comprobado aún que las ranas soltadas en un refugio vivan más que las soltadas donde el hongo prospera.

El estudio completo se ha publicado en Journal for Nature Conservation.

«Estas poblaciones que persisten podrían aportar genes para reforzar las poblaciones que están bajo cuidado humano y ofrecer oportunidades para aumentar las poblaciones silvestres», añade Lewis en la nota del Smithsonian.

Imagen: Brian Gratwicke / Wikimedia Commons (CC BY 2.0)

Adrián Villellas

Adrián Villellas

Adrián Villellas es ingeniero informático y emprendedor en marketing digital y ad tech. Ha liderado proyectos de analítica, publicidad sostenible y nuevas soluciones de audiencia. Colabora además en iniciativas científicas ligadas a la astronomía y la observación espacial. Publica en medios de ciencia, tecnología y medioambiente, donde acerca temas complejos y avances innovadores a un público amplio.

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