Cuando Jim Willis y John Webb compraron el rancho WW, en el condado de Colorado (Texas), encontraron una finca castigada por el sobrepastoreo y con muy poca fauna. Era el año 2000 y tenían unas 91 hectáreas por delante, equivalentes a 225 acres, para recuperar un paisaje donde las aves pudieran alimentarse, criar y refugiarse.
La transformación combinó más de 40 hectáreas de pradera restaurada, la plantación de 3000 ciruelos de arena y un humedal de unas dos hectáreas. Las codornices, los ciervos y las aves acuáticas encontraron mejores condiciones para regresar, y el Departamento de Parques y Vida Silvestre de Texas (TPWD) reconoció el trabajo con un premio en 2005.
Recuperar la vegetación
El problema iba más allá de la cantidad de hierba. Los pastos introducidos para alimentar al ganado habían desplazado a la vegetación propia de la pradera, que ofrecía una combinación de alimento y refugio más adecuada para las especies que Willis y Webb querían recuperar.
Los propietarios retiraron temporalmente las vacas y prepararon el terreno mediante quemas prescritas y tratamientos con herbicida antes de sembrar plantas autóctonas. Algunas tardaron más de un año en aparecer, según el reportaje del Houston Chronicle publicado en diciembre de 2008. La recuperación necesitó tiempo.
Refugios y agua
Los 3000 ciruelos de arena aportaban cobertura leñosa, un escondite para las codornices frente al calor y los depredadores. Pero hubo errores durante los trabajos, como recoge el estudio de caso del TPWD de 2007. Parte de los ejemplares murió por el herbicida que alcanzó las plantaciones, aunque sobrevivieron suficientes para proporcionar refugio.
El agua fue otra pieza importante del proyecto. Con ayuda de Ducks Unlimited, ampliaron un estanque poco profundo hasta unos cinco acres (dos hectáreas) e incorporaron un sistema para regular su nivel. Así podían favorecer el crecimiento de vegetación que después serviría de alimento a los patos.
Las actuaciones incluyeron además cajas nido, siete estanques y una red de tuberías para abastecer al ganado y a la fauna, según el comunicado oficial de 2005. La finca reunió así distintos espacios de alimentación, descanso y reproducción. Cada intervención cubría una necesidad diferente.
El ganado volvió
Una vez establecida la vegetación autóctona, las vacas regresaron con un sistema de pastoreo rotacional, alternando las zonas donde comían. El rebaño ayudaba a mantener zonas donde la hierba no se volviera demasiado densa y contribuía a dispersar e incorporar semillas al suelo.
¿Cómo podía ayudar a recuperar la finca una actividad que antes la había degradado? La diferencia estaba en cambiar su manejo y moderar el número de animales, tal como describe el TPWD. El pastoreo pasó a utilizarse como una herramienta dentro del plan de recuperación, además de proporcionar ingresos.
Las aves dieron la señal
El estudio de caso de 2007 recogía un aumento de las codornices desde una presencia casi nula hasta aproximadamente un ejemplar por acre. No se habían soltado aves para repoblar la finca, sino que procedían de los pocos individuos que quedaban allí o de zonas cercanas.
El documento también señalaba que, en ocasiones, se habían observado más de cien patos en el estanque ampliado. Son resultados de aquella etapa, no un censo actual del rancho. Su interés está en mostrar cómo respondió la fauna cuando volvió a disponer de condiciones adecuadas.
Más allá de las vallas
Willis y Webb comprendieron que podían ampliar el alcance de la recuperación si implicaban a otros propietarios. En 2004 participaron en la fundación de Wildlife Habitat Federation (WHF), una organización creada para ayudar a restaurar hábitats en otras fincas. El objetivo era conectar terrenos y compartir conocimientos.
En 2012, el programa oficial Passport to Texas describía un corredor de unos once kilómetros entre el rancho y el Refugio Nacional de Vida Silvestre Attwater Prairie Chicken. “Los propietarios privados son la clave para ampliar el hábitat”, explicaba Willis en aquella emisión. La iniciativa contó con asistencia técnica y financiación pública, además de aportaciones de los participantes.
Un proyecto que creció
La historia institucional de WHF sitúa la finalización del corredor en 2010 y recoge la expansión posterior de su actividad. Para 2023, la organización comunicaba mejoras de gestión en más de 110 000 acres (unas 44 500 hectáreas) repartidos por 50 condados de Texas. Estas cifras corresponden al conjunto de su trabajo, no a la superficie del rancho original.
El caso muestra el valor de combinar vegetación autóctona, agua, refugios y colaboración entre propietarios. También deja una lección práctica, porque recuperar un terreno exige mantenerlo y corregir los errores que aparecen por el camino.
La evolución de la iniciativa, con hitos hasta 2025, está publicada en la historia oficial de Wildlife Habitat Federation.
Imagen: Channel City Camera Club / Wikimedia Commons (CC BY 2.0)













