La flor del aguacate cambia de forma, aunque no se observa a simple vista. Abre primero en fase femenina para recibir el polen, vuelve a cerrarse y al día siguiente reabre en fase masculina para liberarlo. A pesar de que no produce una modificación en su forma, sí se transforma la función sexual de la flor. Este curioso «reloj floral» se conoce desde hace un siglo, aunque su mecanismo genético era un enigma.
Un grupo de investigadores de las universidades de California en Davis y Riverside ha identificado ahora el gen que marca la pauta de las dos horas de apertura: el gen SDMYB.
La flor que se abre dos veces
Esa separación horaria de las funciones sexuales se denomina dicogamia. En los árboles del tipo A, la fase femenina ocurre por la mañana, mientras que la masculina se desarrolla por la tarde del día siguiente. Por el contrario, los árboles del tipo B siguen la programación inversa, aunque el clima puede alterar el ritmo.
El gen SDMYB se comporta como un interruptor que regula su actividad a lo largo del día y marca los momentos exactos de apertura y cierre. Los investigadores hallaron dos versiones de este gen, la variante dominante corresponde al tipo A, mientras que el tipo B tiene dos copias de la versión recesiva. En el caso de los ejemplares de tipo A, el pico de actividad del gen sufre un retraso que coincide exactamente con la segunda apertura de las flores.
Para identificar el gen los científicos analizaron el ADN de 374 aguacates resultantes de cruzar la variedad Gem (tipo A) con Luna UCR (tipo B). La pista se centró en una región del cromosoma 10 que llevaba directamente a SDMYB. Además, el equipo confirmó en el campo el tipo floral de más de 500 árboles.
Por qué existen los tipos A y B
Estos cambios de horario hacen posible la polinización cruzada y evitan que la flor se fecunde a sí misma. Cuando un árbol libera polen, el del tipo contrario está en el momento óptimo para recibirlo; por eso, en una plantación comercial se suelen mezclar los tipos A y B.
Un atajo para crear nuevas variedades
Identificar este gen supone una revolución para la agricultura. Hasta hoy los agricultores debían esperar entre cinco y diez años a que un árbol floreciera para saber si era tipo A o B. Gracias a los marcadores de ADN de SDMYB, ahora se puede conocer en fase de plántula, ahorrando años de agua, tierra y trabajo.
En regiones como California, los productores destinan un 10% del terreno a árboles de tipo B para polinizar variedades cotizadas como Hass, aunque esos frutos tengan menor valor comercial. Este hallazgo permitirá acelerar el desarrollo de variedades B de alta calidad, como Luna UCR.
Además, la investigación muestra que estas dos variantes genéticas están presentes en 26 especies emparentadas y que su separación se produjo hace unos 42 millones de años, lo que pone de manifiesto que la naturaleza lleva milenios perfeccionando este ingenioso sistema.
El estudio se ha publicado en Proceedings of the National Academy of Sciences.



