Científicos confirman que la Tierra se aleja del escenario más apocalíptico gracias a las energías renovables pero piden prudencia: todavía hay un inconveniente

Publicado el: 2 de junio de 2026 a las 20:41
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Paneles solares y aerogeneradores frente a un paisaje afectado por la sequía y el cambio climático.

Un nuevo estudio climático deja una noticia que, a primera vista, suena a respiro. El escenario más extremo de emisiones que manejaban los científicos ya no apunta a un calentamiento de 4,5 ºC para el año 2100, sino a una subida cercana a los 3,5 ºC respecto al periodo preindustrial.

La razón no es que el problema climático haya desaparecido. En buena parte, el cambio se debe a que la energía solar, la eólica y otras renovables han avanzado más rápido de lo esperado, y a que el mundo no ha seguido la trayectoria de emisiones más alta dibujada hace años. Pero cuidado. Tres grados y medio seguirían significando un planeta mucho más difícil de habitar. Y eso no es poca cosa.



Qué ha cambiado

El trabajo forma parte de ScenarioMIP-CMIP7, el nuevo conjunto de escenarios que utilizarán los grandes modelos climáticos en los próximos años. No son predicciones cerradas, sino caminos posibles para estudiar qué pasa si el mundo emite mucho, poco o algo intermedio.

El estudio describe siete escenarios de emisiones y uso del suelo. Van desde una acción climática muy ambiciosa hasta un caso de emisiones altas. Según los autores, los resultados esperados en 2100 cubren una horquilla que va desde alrededor de 1,5 ºC hasta casi 3,5 ºC de calentamiento sobre los niveles de 1850-1900.



En la práctica, esto significa que el antiguo escenario más apocalíptico pierde fuerza. La Agencia Neerlandesa de Evaluación Ambiental (PBL) explica que el escenario de emisiones más altas de CMIP7 queda por debajo de los anteriores RCP8.5 y SSP5-8.5, usados durante años como referencia de riesgo extremo.

Por qué baja el peor escenario

Hay una explicación sencilla, aunque no sea la única. Las renovables son hoy más competitivas frente a los combustibles fósiles. Eso cambia las cuentas de futuro, porque ya no parece tan probable que el carbón, el petróleo y el gas crezcan sin freno durante todo el siglo.

Además, desde que se construyeron los escenarios extremos anteriores han pasado unos 15 años. Durante ese tiempo, las emisiones globales no han seguido el camino más alto, sino una trayectoria más cercana a escenarios medios. Por eso, al empezar desde un punto menos extremo, el nuevo peor caso también baja.

Van Vuuren lo resume con prudencia, «la buena noticia es que hemos ajustado a la baja nuestra mejor estimación para el peor escenario de emisiones». Pero añade el matiz importante. Eso no significa que un calentamiento de 4,5 ºC sea imposible.

La trampa de los 3,5 grados

Aquí está el detalle que no conviene perder de vista. Que el peor escenario baje no convierte el futuro en seguro. Un aumento de 3,5 ºC a finales de siglo implicaría impactos climáticos muy graves, desde olas de calor más intensas hasta presión sobre el agua, los cultivos y la salud.

PBL advierte de que, si la sensibilidad del sistema climático resulta mayor de lo esperado, la subida de temperatura podría superar con facilidad los 4 ºC. También señala que las temperaturas han aumentado con fuerza en los últimos años, una señal que obliga a tratar estas cifras con cuidado.

Hay otro elemento incómodo. En el escenario alto, el calentamiento no se detiene en 2100. Según PBL, las temperaturas seguirían subiendo después y podrían alcanzar hacia 2150 niveles que antes se esperaban para 2100. El problema es que el reloj climático no se para cuando termina el siglo en los gráficos.

El 1,5 ºC también se complica

La otra noticia del estudio es menos amable. Ya no hay escenarios bajos que mantengan el calentamiento por debajo de 1,5 ºC durante todo el siglo. Incluso las rutas más optimistas pasan primero por un sobrepaso temporal de ese límite.

Dicho de forma sencilla, el mundo podría cruzar la línea de 1,5 ºC y después intentar volver a ella. PBL habla de un sobrepaso de al menos 0,2 a 0,3 ºC en los escenarios más favorables. Eso exige recortes rápidos de emisiones y, más adelante, retirar CO2 de la atmósfera en cantidades relevantes.

El propio artículo científico lo plantea así. El escenario muy bajo busca mantener el calentamiento lo más cerca posible de 1,5 ºC y volver a ese nivel hacia final de siglo, pero reconoce que algún sobrepaso parece ya inevitable en este momento.

Por qué importa para todos

Estos escenarios no son un ejercicio académico lejano. Sirven para decidir cómo se preparan ciudades, redes eléctricas, cultivos, costas y sistemas sanitarios. En España, donde el calor extremo, la sequía y los incendios ya forman parte de la conversación diaria, la diferencia entre 1,5 ºC, 2 ºC o 3,5 ºC se nota en la calle.

También importan porque serán una base clave para futuras evaluaciones climáticas internacionales. La revista Geoscientific Model Development señala que estos escenarios se usarán en la séptima fase del Proyecto de Intercomparación de Modelos Acoplados (CMIP7) y alimentarán el próximo gran informe del IPCC.

Conviene recordar algo. El IPCC no hace sus propias investigaciones, sino que evalúa la literatura científica disponible para explicar qué se sabe, qué dudas quedan y qué opciones tienen los gobiernos. Por eso, cuando cambia la base de escenarios, cambia también la forma de mirar el riesgo climático.

La noticia real

La lectura más honesta es doble. El mundo ha evitado, por ahora, parte del peor camino posible gracias al avance de las renovables y a ciertas políticas climáticas. Pero todavía está lejos de una senda segura.

En el fondo, esta actualización no es una invitación a relajarse. Es una señal de que actuar funciona, aunque hacerlo tarde sale caro. Si las emisiones bajan rápido, el daño se reduce. Si se retrasa la transición, el clima seguirá pasando factura, como una deuda que crece en silencio.

El estudio completo ha sido publicado en la revista científica Geoscientific Model Development.

Imagen autor

Adrián Villellas

Adrián Villellas es ingeniero informático y emprendedor en marketing digital y ad tech. Ha liderado proyectos de analítica, publicidad sostenible y nuevas soluciones de audiencia. Colabora además en iniciativas científicas ligadas a la astronomía y la observación espacial. Publica en medios de ciencia, tecnología y medioambiente, donde acerca temas complejos y avances innovadores a un público amplio.

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