El CSIC alerta de un riesgo nuevo para la eólica: las ‘sequías de viento’ que además ensucian el aire de las ciudades

Publicado el: 1 de julio de 2026 a las 09:42
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Parque eólico con varios aerogeneradores utilizado para ilustrar el estudio del CSIC sobre las sequías de viento y su impacto en la energía eólica.

El viento también puede entrar en sequía. No se ve como un embalse vacío ni deja grietas en el suelo, pero sus efectos pueden notarse en la factura de la luz, en el aire que respiramos y hasta en esas noches de verano en las que la ciudad parece no enfriarse nunca.

Un estudio liderado por el Centro de Investigaciones Sobre Desertificación (CIDE), centro mixto del CSIC, la Universitat de València y la Generalitat Valenciana, ha desarrollado el primer índice estandarizado para medir la variabilidad del viento en el mundo. La herramienta se llama Standardized Wind Speed Index (SWSI) y permite comparar sequías de viento entre países, regiones y años distintos sin depender solo de la velocidad absoluta del aire.



Qué es una sequía de viento

Una sequía de viento es un periodo prolongado en el que sopla menos viento de lo habitual para una zona y una época concreta del año. Puede parecer un detalle menor, pero no lo es. Buena parte de la energía eólica depende de que el viento mantenga cierta regularidad.

En la práctica, esto significa que un parque eólico puede producir menos electricidad durante semanas o meses, aunque sus aerogeneradores estén listos para funcionar. Y cuando eso ocurre, el sistema eléctrico necesita apoyarse más en otras fuentes.



El nuevo índice no solo mira si hay poco viento. Lo que hace es medir cuánto se aleja una situación del comportamiento histórico normal. Así se puede saber si estamos ante una variación común o ante un episodio realmente extremo.

Cómo funciona el SWSI

Para construir el índice, el equipo analizó datos de 2264 estaciones meteorológicas entre 1973 y 2023. La información procede de seis subregiones de América, Asia, Europa y Oceanía, lo que permite una visión amplia del comportamiento del viento en distintas partes del planeta.

Después, esos datos se someten a controles de calidad y se transforman en una escala que va de -3 a +3. El cero representa el promedio histórico de viento para ese lugar y ese momento del año. Los valores positivos indican periodos más ventosos de lo normal, mientras que los negativos señalan déficit de viento.

La ventaja es clara. Un día con 15 km/h de viento puede ser normal en una zona y muy bajo en otra. El SWSI corrige esa diferencia y permite comparar situaciones muy distintas con una misma regla.

Dos casos que encendieron la alarma

Los investigadores probaron el índice con dos episodios recientes de gran impacto económico. Uno ocurrió en el oeste de Estados Unidos en 2015 y otro en Reino Unido en 2021. En ambos casos, la producción de energía eólica llegó a caer hasta un 20 %.

En Estados Unidos, el SWSI bajó hasta -2,15, un nivel que el estudio asocia a un evento extremo con un periodo de retorno de 63 años. En Reino Unido, el déficit no fue un simple bache de unos días, sino una sequía de viento sostenida durante todo el año, con un periodo de retorno estimado de 70 años.

Miguel Andrés Martín, investigador del CIDE y autor principal del trabajo, resume la utilidad del índice al señalar que permite comparar la severidad de estos episodios «de forma totalmente objetiva». Dicho de otra manera, deja de ser una impresión y pasa a ser un dato medible.

Por qué se apaga el viento

A corto plazo, estas sequías suelen estar relacionadas con bloqueos atmosféricos. Es decir, situaciones en las que un anticiclón persiste durante bastante tiempo y actúa como una especie de barrera. El aire se mueve menos, el viento pierde fuerza y todo se queda más parado.

César Azorín, científico del CSIC y director del Climatoc-Lab del CIDE, apunta que cuando estos episodios duran meses suelen estar ligados a cambios en patrones de circulación atmosférica a gran escala. No es una simple semana rara de tiempo estable. El problema puede venir de una reorganización más amplia de la atmósfera.

Además, el estudio detecta una tendencia conocida como stilling, que describe el debilitamiento del viento a largo plazo. Según el trabajo, Europa acumula sequías de viento desde finales de los años 90 y hubo un déficit global entre 1995 y 2010. Aunque desde 2010 se ha producido una recuperación parcial, los valores actuales siguen por debajo de los registrados hace 40 años.

No solo afecta a la eólica

El primer impacto que viene a la cabeza es la energía. Si sopla menos viento, los aerogeneradores producen menos electricidad. Y eso importa en un momento en el que las renovables tienen cada vez más peso en el sistema eléctrico.

Pero el viento también limpia el aire de las ciudades. Cuando no sopla, los contaminantes se dispersan peor y pueden acumularse cerca de calles, avenidas y zonas con mucho tráfico. Quien vive en una gran ciudad conoce esa sensación de aire pesado después de varios días sin movimiento.

También entra en juego el calor urbano. Si el viento se detiene, la ciudad pierde parte de su capacidad natural de refrigeración. Por eso pueden aumentar las noches tropicales o tórridas, esas en las que abrir la ventana apenas sirve de nada. Y eso se nota.

Agricultura, agua y suelo

El viento influye en la evaporación y en la transpiración de los cultivos. En otras palabras, afecta a la cantidad de agua que necesitan las plantas y a cómo se mueve la humedad en el terreno. Para el campo, no es un factor secundario.

Las anomalías en la velocidad del viento también pueden modificar los procesos de erosión del suelo. Demasiado viento puede levantar partículas y degradar terrenos frágiles, pero la falta de viento también cambia el equilibrio local de humedad, temperatura y ventilación.

Por eso, el SWSI puede servir más allá de la energía eólica. Puede ayudar a diseñar ciudades mejor ventiladas, proteger recursos agrícolas y anticipar situaciones de riesgo en un clima cada vez más irregular.

Un visor para España

El equipo del Climatoc-Lab del CIDE trabaja ahora en un visor específico del SWSI para España. La idea es monitorizar el viento histórico y en tiempo real a diferentes escalas temporales.

Esto facilitará que administraciones, empresas energéticas, agricultores y gestores urbanos puedan evaluar mejor los cambios en los patrones de viento. No se trata solo de saber si mañana hará brisa. Se trata de entender si el viento está cambiando de comportamiento.

El fondo de la cuestión es sencillo. Si el viento va a ser una pieza clave de la transición energética, también hay que medir sus silencios. Las sequías de viento no hacen ruido, pero pueden afectar a muchas cosas a la vez.

El estudio completo ha sido publicado en la revista Atmospheric Research.

Imagen autor

Adrián Villellas

Adrián Villellas es ingeniero informático y emprendedor en marketing digital y ad tech. Ha liderado proyectos de analítica, publicidad sostenible y nuevas soluciones de audiencia. Colabora además en iniciativas científicas ligadas a la astronomía y la observación espacial. Publica en medios de ciencia, tecnología y medioambiente, donde acerca temas complejos y avances innovadores a un público amplio.

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