La eólica marina tiene un reto incómodo que no desaparece solo porque produzca electricidad limpia. Sus aerogeneradores pueden cruzarse con aves marinas, y aunque los choques no son la norma en todos los parques, la industria sabe que debe reducir ese riesgo todo lo posible.
Ahora Vestas, el fabricante danés de aerogeneradores, llevará esa discusión a una prueba muy visible. En el parque Hollandse Kust West VI, en el mar del Norte neerlandés, siete turbinas tendrán una sola pala roja para comprobar si ese contraste ayuda a las aves a esquivar antes el rotor. No es poca cosa.
Una pala roja en cada turbina
El ensayo no consiste en pintar todo el aerogenerador. La idea es instalar una pala roja, y dejar las otras dos con el tono habitual, en cada una de las siete turbinas incluidas en la prueba. Ecowende asegura que el objetivo es comparar si esta pala más llamativa mejora la visibilidad frente a las palas grises tradicionales.
La investigación de campo está liderada por Ecowende, con Waardenburg Ecology, DHI y Robin Radar Systems. Vestas se encargará de producir, entregar e instalar las palas rojas. En la práctica, el parque se convierte en un laboratorio en mitad del mar.
Por qué se eligió el rojo
¿Por qué rojo y no negro, amarillo o fluorescente? La explicación no es solo estética. Ecowende indica que se estudiaron varias opciones de color, pero el rojo se escogió por criterios de rendimiento, entre ellos la gestión del calor y la durabilidad de la pala.
Line Kyndi Behrens, responsable técnica de Vestas en Hollandse Kust West VI, lo resumió al explicar que se valoraron colores como el negro y los fluorescentes, pero que el rojo permitía «evitar el sobrecalentamiento y asegurar la durabilidad». Ese detalle es clave en una estructura que trabaja años expuesta a sal, viento, frío, calor y golpes de partículas.
La propia Vestas añade que el ensayo incluye una pala roja de 115,5 metros en cada una de las siete turbinas V236-15.0 MW. Varios juegos de palas ya están en camino hacia Países Bajos, según la actualización difundida por la compañía.
El problema de las aves
La escena puede parecer sencilla. Un ave vuela, ve una pala enorme y cambia de rumbo. Pero no siempre es así, porque las palas en movimiento pueden generar una especie de borrón visual que reduce el tiempo de reacción.
Un estudio publicado en Ecology and Evolution probó en Noruega una idea parecida, aunque con una pala negra. Los investigadores trabajaron en el parque de Smøla y observaron una reducción superior al 70 % en la tasa anual de mortalidad de aves en las turbinas con una pala pintada, frente a turbinas de control sin pintar.
Ese antecedente no demuestra automáticamente que el rojo vaya a funcionar igual en el mar del Norte. Las especies, el entorno, el color y el tipo de parque son diferentes. Pero sí da una pista importante. A veces, una medida muy simple puede cambiar la forma en la que un animal percibe un obstáculo.
Un parque pensado para convivir mejor
Hollandse Kust West VI no es un proyecto cualquiera dentro de la eólica marina neerlandesa. Ecowende es una alianza de Shell y Eneco, y el pedido a Vestas incluye 52 turbinas V236-15.0 MW para un parque con 760 MW de capacidad de conexión a red, situado a unos 53 kilómetros de la costa, cerca de IJmuiden.
La puesta en marcha está prevista para finales de 2026, según Vestas. Ecowende calcula que su producción renovable podrá hacer más verde alrededor del 3 % de la demanda eléctrica actual de Países Bajos. Es una cifra grande, pero el foco de este proyecto no está solo en los megavatios.
El diseño incluye un corredor para aves, mayor altura del buje para dejar más espacio vertical y sistemas de detección y disuasión para aves y murciélagos. También se investigan medidas bajo el agua, desde diseños de protección de cimentaciones hasta actuaciones relacionadas con arrecifes y ostras. La energía limpia tiene que mirar también lo que ocurre alrededor.
Lo que se medirá de verdad
La palabra clave aquí es prueba. Vestas señala que la investigación busca evaluar si aumentar la visibilidad de las palas puede mejorar el comportamiento de evitación de las aves marinas. Lisa Malmquist Ekstrand, vicepresidenta de sostenibilidad de Vestas, afirmó que el ensayo puede «reforzar la base de pruebas» para una eólica más compatible con la naturaleza.
Eso significa que no basta con ver una pala roja y dar el problema por resuelto. Harán falta cámaras, radares, seguimiento de trayectorias y tiempo. En el mar, además, la niebla, los reflejos, las tormentas y la luz cambiante pueden complicar cualquier conclusión rápida.
Ecowende ya trabaja con tecnologías de radar, cámaras y reconocimiento de especies para estudiar aves y murciélagos en el parque. DHI explica que estos sistemas ayudarán a evaluar el impacto ecológico y la eficacia de las innovaciones aplicadas. No se trata solo de pintar, sino de medir.
Una solución sencilla, pero no milagrosa
Lo interesante del ensayo es que no promete una revolución imposible. Promete comprobar si una modificación visual, barata si se integra antes de montar el aerogenerador, puede reducir riesgos sin frenar la producción renovable.
También conviene decirlo claro. Una pala roja no sustituye a una buena ubicación del parque, a los corredores de paso, a la parada adaptativa de turbinas o al seguimiento científico. Es una pieza más. Si funciona, podría convertirse en una herramienta útil para nuevos parques marinos. Si no funciona, habrá datos para no repetir el error.
En el fondo, la pregunta es sencilla. ¿Puede la eólica crecer sin dar la espalda a las aves que comparten ese mismo espacio? Hollandse Kust West VI quiere responder con datos, no con promesas. Y eso se nota.
El comunicado oficial sobre el ensayo de las palas rojas ha sido publicado por Ecowende.













