Dinamarca desafía las reglas con la primera turbina eólica del mundo hecha con acero verde y palas reciclables

Publicado el: 24 de abril de 2026 a las 09:46
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Turbinas eólicas offshore en Dinamarca con tecnología de acero verde y palas reciclables del proyecto Thor de RWE.

Cuando miramos un aerogenerador marino, casi siempre pensamos en lo mismo: viento, electricidad y menos CO2. Pero hay una parte menos visible que también cuenta, y mucho, la de los materiales con los que se fabrica. En abril de 2026, RWE ha instalado en Dinamarca una turbina offshore que combina dos cambios clave, una torre hecha con acero de menor huella de carbono y palas diseñadas para poder reciclarse al final de su vida útil.

El movimiento es más que simbólico. Forma parte del parque eólico marino Thor, de 1,1 GW, el mayor que se está levantando en el país y que debería estar plenamente operativo en 2027. La idea de fondo es clara, la eólica no solo quiere generar energía limpia, también quiere “limpiar” su propia cadena de suministro. Y eso se nota.



El hito en Thor

RWE presentó esta instalación como la primera turbina eólica marina que une una torre de acero con CO2 reducido y palas reciclables en un mismo equipo. El anuncio se sitúa dentro de las obras de Thor, frente a la costa oeste de Dinamarca, cerca de Jutlandia, donde ya ha empezado la fase de instalación de aerogeneradores.

En números, el proyecto es grande. Thor contará con 72 turbinas de Siemens Gamesa de hasta 15 MW cada una, con palas de 115 metros y una altura aproximada de 148 metros sobre el nivel del mar en cada máquina. Las operaciones de montaje se están apoyando en el puerto de Esbjerg y en el buque de instalación Brave Tern, que puede transportar e instalar varios juegos por ciclo.



Lo más relevante es que el parque ya está entrando en la fase “real”, la que convierte planos en electricidad. RWE indicó que el año anterior se instalaron la subestación marina y todas las cimentaciones, y que Thor llegó a entregar electricidad a la red danesa por primera vez durante el avance de la obra.

Por qué el acero importa

La eólica marina tiene, en general, una de las huellas de carbono más bajas entre las tecnologías de generación eléctrica si se mira todo el ciclo de vida. Pero eso no significa que sea “cero” en su fabricación. De hecho, RWE recuerda que la producción de la torre representa aproximadamente un tercio de las emisiones de CO2 asociadas a una turbina eólica.

Aquí entra la torre “más verde”. En el caso de Thor, la solución se llama GreenerTower, de Siemens Gamesa. Según la información del proyecto, las chapas de acero de estas torres se fabrican con un proceso que logra al menos un 63% menos de emisiones de CO2 frente al acero convencional, gracias a hornos alimentados con energía renovable y al uso de chatarra, entre otras medidas.

Conviene matizarlo porque es importante para el lector. Menor huella no es huella nula, y por eso se habla de verificación externa. En Thor, se indica que una certificación de terceros verificará un máximo de 0,7 toneladas de CO2 equivalente por tonelada de acero en estas torres, manteniendo las mismas propiedades y calidad del material.

La parte difícil son las palas

Si hay un componente que lleva años dando quebraderos de cabeza en reciclaje, son las palas. La torre y buena parte de los equipos metálicos tienen vías de recuperación bastante asentadas, pero las palas suelen estar hechas de materiales compuestos (fibras y resinas) que no se separan fácilmente. Por eso se repite una idea en el sector, que se puede recuperar gran parte del peso total de un aerogenerador, pero las palas siguen siendo el eslabón más complejo.

La propuesta de Siemens Gamesa, que RWE está desplegando, es usar palas con una resina diseñada para facilitar el desmontaje químico o técnico del “sándwich” de materiales. La empresa explica que, gracias a esa resina, los compuestos pueden separarse y reutilizarse, por ejemplo, en nuevas aplicaciones de fundición en industrias como la automoción o los bienes de consumo.

Esto no es un detalle menor. En la web del proyecto se menciona que se espera instalar globalmente más de un millón de toneladas de material de palas cada año, lo que da una pista del tamaño del reto si esos materiales acaban sin salida al final de su vida útil. Mejor que no termine en un vertedero, claro.

Un despliegue a medias

Otra clave que a veces se pierde en titulares es que Thor no será “todo” así desde el primer día. El plan combina innovación y realismo industrial. En total, 36 de las 72 turbinas llevarán torres con acero de menor huella de carbono, y 40 turbinas equiparán 120 palas reciclables (tres por turbina), mientras el resto irá con componentes más convencionales.

Que no todas sean iguales también dice algo. Estas mejoras suelen tener un coste adicional y requieren cadenas de suministro preparadas, desde acerías con electricidad renovable hasta procesos que certifiquen la huella real del material. Por eso, verlas ya en un parque de 1,1 GW es una señal de que el cambio empieza a escalar.

Además, no es un experimento aislado. RWE ya venía utilizando palas reciclables en otros proyectos, como Kaskasi (Alemania) y Sofia (Reino Unido), y ahora las traslada a una obra de referencia en Dinamarca.

Qué cambia en la práctica

Para quien solo quiere saber si esto afecta a su día a día, la respuesta es sencilla. La electricidad que salga de Thor será electricidad renovable como la de otros parques marinos, pero con una huella “embebida” potencialmente menor por máquina gracias a materiales con menos emisiones y a un enfoque de circularidad. En el fondo, es intentar que la transición energética no tenga puntos ciegos.

RWE insiste en que la eólica marina ya parte con ventaja climática, pero que su objetivo es ir más allá. Su consejero delegado de eólica offshore lo resumió con una idea muy directa, “nuestra ambición es ir aún más lejos”, al hablar de combinar acero más limpio y palas reciclables para reducir todavía más la huella.

Y hay otro dato que ayuda a ponerlo en perspectiva. Siemens Gamesa defiende que, juntando GreenerTower y RecyclableBlade, se puede reducir alrededor de un 20% las emisiones totales asociadas a la turbina. No es magia, pero es una mejora concreta sobre un sistema que ya era bajo en carbono.

Lo que falta por resolver

También hay que mirar la letra pequeña, porque ahí se juega la credibilidad. El acero “más verde” depende de cosas muy terrenales, como el origen de la electricidad que alimenta los hornos y el porcentaje real de chatarra frente a mineral. Por eso es buena señal que el proyecto hable de certificación externa y de límites medibles de CO2 por tonelada de acero.

Con las palas pasa algo parecido. Diseñarlas para reciclarlas es solo el primer paso, luego hay que construir la infraestructura y el mercado para procesarlas dentro de 20 o 30 años, cuando toque retirarlas. Y no olvidemos el tamaño, mover y tratar palas de más de 100 metros no es como bajar una bolsa al contenedor.

En otras palabras, esto va de pasar de la promesa a la práctica, justo como decía Siemens Gamesa al presentar el hito de Thor. Si la industria consigue que esa “segunda vida” sea real y masiva, la eólica marina estará un paso más cerca de ser tan circular como limpia. No es poca cosa.

El comunicado oficial más reciente sobre este hito ha sido publicado por RWE.

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Adrián Villellas

Adrián Villellas es ingeniero informático y emprendedor en marketing digital y ad tech. Ha liderado proyectos de analítica, publicidad sostenible y nuevas soluciones de audiencia. Colabora además en iniciativas científicas ligadas a la astronomía y la observación espacial. Publica en medios de ciencia, tecnología y medioambiente, donde acerca temas complejos y avances innovadores a un público amplio.

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