La eólica lidera el nuevo ciclo inversor en energía en España en un contexto internacional marcado por conflictos geopolíticos, tensiones comerciales y volatilidad energética.
Así lo ha defendido la presidenta de la Asociación Empresarial Eólica (AEE), Rocío Sicre, quien sitúa al viento como «tecnología ancla del sistema eléctrico» y como activo estratégico para garantizar soberanía, competitividad y estabilidad en el nuevo orden energético.
España cuenta con condiciones naturales especialmente favorables para el desarrollo eólico, tanto en tierra como en el ámbito marino. La amplia experiencia acumulada por el sector, junto con una sólida cadena de valor industrial, ha permitido atraer importantes inversiones nacionales e internacionales.
Grandes compañías energéticas y fondos de inversión están apostando por nuevos parques eólicos, así como por la repotenciación de instalaciones antiguas para aumentar su rendimiento y eficiencia.
La eólica lidera el nuevo ciclo inversor en energía en España como tecnología ancla del sistema
El sector reclama estabilidad normativa y acelera su papel como tecnología ancla del sistema eléctrico, tras cubrir el 23,5% de la demanda en 2025.
En un momento de tensión internacional abierta, el viento se convierte en política industrial.
La eólica lidera el nuevo ciclo inversor en energía en España y se consolida como el pilar sobre el que se articula el próximo sistema eléctrico. Así lo defendió Rocío Sicre en la inauguración del Wind Business Forum 2026 ante más de 200 representantes del sector.
«La eólica ya no es solo competitividad. Es seguridad nacional«, afirmó.
3.000 millones ahorrados y 116 metaneros evitados
En 2025, la energía eólica fue la primera fuente de generación eléctrica en España, cubriendo el 23,5% de la demanda. Durante el periodo noviembre 2025 – febrero 2026 produjo 26,8 TWh, superando ampliamente a la nuclear (17,77 TWh) y al gas (13,6 TWh). En los meses de mayor estrés del sistema, la eólica aportó casi el doble de energía que otras tecnologías del mix.
Gracias a su contribución, España evitó la compra de 116 metaneros de gas y ahorró más de 3.000 millones de euros en combustibles fósiles. Además, genera un ahorro estimado de 4.641 millones anuales para consumidores y empresas.
Los nuevos parques superan las 3.500 horas equivalentes, utilizando la red de forma eficiente y ofreciendo una generación distribuida geográficamente que aporta estabilidad.
Permitting lento e inseguridad jurídica frenan el ritmo
La eólica no depende de combustibles importados ni de recursos externos. Se basa en un recurso autóctono e inagotable, lo que reduce la exposición a crisis de suministro y chantajes energéticos. Sin embargo, el ritmo de instalación no está alineado con los objetivos del PNIEC para 2030.
El sector apunta a un problema estructural: el permitting. Plazos administrativos que no se cumplen, criterios ambientales no homogéneos y una aplicación restrictiva del principio de precaución frente al Interés Público Superior reconocido por el Reglamento europeo 2022/2577.
A ello se suma la inseguridad jurídica y la judicialización en determinados territorios, con especial preocupación en Galicia. «Garantizar un permitting ágil y estabilidad normativa no es solo administrativo: es financiero«, advirtió Sicre.
El nuevo ciclo inversor ya no compite solo en precio. Compite en valor estratégico, industrial y financiero. La percepción de riesgo influye directamente en el coste de capital. Incertidumbre regulatoria significa inversión más cara o directamente paralizada.
La repotenciación de parques antiguos es otro eje clave. El sector reclama incentivos, cobertura del lucro cesante y seguridad jurídica para acelerar decisiones de inversión. «Si la repotenciación es ágil y segura, el capital se activa. Si es incierta, se retrae«, resumió.
La eólica es la única tecnología cleantech en la que Europa mantiene una cadena de valor completa con alto valor añadido.
España conserva el 100% de cobertura industrial, con más de 280 centros y 37.000 empleos cualificados. Es el cuarto exportador mundial de aerogeneradores, con 1.950 millones de euros exportados en 2024.
Pero el sector advierte de que esta posición puede erosionarse sin políticas industriales que permitan competir frente a actores asiáticos. El «made in and by Europe» se convierte en prioridad estratégica.
Industria estratégica con 280 centros y 37.000 empleos
Los nuevos parques superan las 3.500 horas equivalentes, utilizando la red de forma eficiente y ofreciendo una generación distribuida geográficamente que aporta estabilidad.
La eólica marina flotante es el siguiente salto. La instalación de los primeros 3 GW podría aportar 9.500 millones de euros al PIB y generar más de 7.500 empleos. Puertos y astilleros podrían convertirse en hubs industriales de referencia.
El sector reclama acelerar el calendario regulatorio y convocar las primeras subastas. Porque el viento ya no es solo una cuestión ambiental. Es geopolítica. Es industria. Es inversión. Y, cada vez más, es soberanía.
En pleno escenario geopolítico complejo, la apuesta por la energía eólica representa una respuesta estructural a largo plazo. España busca consolidarse como referente en energías renovables, combinando sostenibilidad, competitividad y seguridad energética en un modelo más resiliente y adaptado a los desafíos globales. Seguir leyendo en ENERGÍAS RENOVABLES.

















