Es el parque solar más grande de toda Cataluña y ya funciona en Alcarràs (Lleida) con una potencia en principio prevista de unos 300 megavatios (MW), pero que con toda seguridad crecerá debido a sus dimensiones. Y es que, en un breve espacio de tiempo, este complejo sumará a su extensión otros 100 MW que se traducirá en un aumento del 33 % sobre su capacidad actual. Esto facilitará, según el presidente de la Generalitat, Salvador Illa, que se pueda duplicar la potencia fotovoltaica instalada en Cataluña, al margen eso sí de lo que se genera por autoconsumo.
Sin duda, este dato hace de este un proyecto que significa algo más que la puesta en marcha de una nueva instalación energética. Esta planta solar de Alcarràs permite ver así de golpe la escala que precisa alcanzar la comunidad para por fin acelerar el despliegue de las energías renovables y, al mismo tiempo, el retraso que llevan frente a otros territorios.
El propio Govern de Salvador Illa ya ha puesto sobre la mesa un dato esclarecedor en este sentido: el pasado año, apenas el 21 % de la electricidad que se producía en Cataluña venía del empleo de energías limpias, frente a la mitad que se registraba de media en el conjunto de todo el país. La macroplanta de Alcarràs se convierte de esta manera en uno de los escenarios clave en lo que se refiere a la aceleración energética impulsada por el presidente de la Generalitat.
«Es un salto de nivel muy importante», ha defendido durante su visita a las instalaciones, en las que estuvo acompañado por la consellera de Territorio y portavoz del Govern, Sílvia Paneque; el alcalde de Alcarràs, Jordi Castany, y representantes de Solaria, empresa promotora del proyecto.
De 300 a 400 MW: un reto más allá de tan solo producir
Cataluña quiere recuperar el terreno perdido, reducir su dependencia energética y aumentar la producción limpia. Para conseguirlo necesitará más parques, más redes y más almacenamiento.
La segunda fase del proyecto suma otro elemento que es estratégico y clave en este objetivo que no es otro que en un futuro incorporar una serie de sistemas de almacenamiento por medio del uso de baterías. Sin duda, una apuesta que responde a uno de los principales retos de la energía solar cuando la producción se concentra durante las horas de mayor radiación, mientras que la demanda eléctrica no siempre coincide con ese instante preciso.
Estas baterías facilitarían el almacenar parte de los excedentes que se hayan generado de energía solar durante el día y trasladar esa electricidad a horas de menor producción fotovoltaica. El modelo de Alcarràs plantea así dos pasos complementarios: primero aumentar de forma significativa la capacidad de generación y, después, mejorar la capacidad de gestionar esa energía.
El 2 % del territorio, en el centro del debate
La dimensión energética guarda una relación a nivel territorial. En este sentido, desde el ejecutivo autonómico se apunta a que para desarrollar el despliegue de la energía eólica y fotovoltaica en el territorio es preciso localizar aproximadamente el 2 % de su territorio.
Puede parecer en un primer vistazo que este porcentaje es muy bajo, pero su impacto puede ser mucho mayor en función de la ubicación de las instalaciones solares. La localización de estos parques solares no solo condiciona el suelo agrícola disponible, sino que afecta al paisaje, a las las infraestructuras eléctricas necesarias para ello y al futuro no tan lejano de las localidades que tienen en su territorio estos proyectos.
En el caso del municipio de Alcarràs se puede ver un ejemplo de como pueden ir de la mano generación renovable junto con actividad agrícola. En este sentido, tanto Illa y Paneque han destacado la colaboración que ha ofrecido en todo momento el consistorio para ayudar en el impulso de la instalación; al tiempo que recuerdan que la transición energética puede desarrollarse sin romper la actividad económica del territorio.
Pero el consenso alcanzado en este municipio se suma a un debate que no se queda solo ahí.
¿Qué es el Plater? A medio camino entre las energías renovables y el territorio
La dimensión energética tiene su equivalente territorial. El Govern sostiene que para desarrollar el despliegue de eólica y fotovoltaica previsto en Cataluña será necesario localizar aproximadamente el 2 % de su territorio.
El Govern está dando forma al denominado Plan territorial sectorial y con ello se busca generar electricidad por medio de la energía eólica y fotovoltaica en Cataluña. Se le conoce como Plater y su impronta será clave para organizar el futuro de este despliegue. Su tramitación ha recibido más de 12.000 alegaciones y ha provocado el rechazo de más de 300 ayuntamientos, consejos comarcales y entidades sociales.
El conflicto refleja que la discusión ya no puede reducirse a estar a favor o en contra de las energías renovables. La pregunta es dónde instalar los parques, cuánta superficie ocupar, qué suelos agrícolas pueden verse afectados, cómo repartir las instalaciones entre territorios y qué papel tendrán los municipios en las decisiones.
Illa ha reconocido que proyectos como el de la macroplanta en la localidad de Alcarràs traen consigo un impacto paisajístico, pero ha defendido que su compatibilidad con la agricultura es posible, por lo que se ha lanzado a abrir un debate que sea «educado, respetuoso e informado». De la misma manera, el presidente también ha reivindicado la necesidad de que Cataluña deje atrás su retraso energético y mire al futuro con ganas en este sentido.
En otras palabras y a modo de resumen, este proyecto ubicado en el municipio catalán de Alcarràs concentra en un mismo modelo la que son las dos caras de la transición energética catalana. De un lado se muestran cómo las grandes instalaciones pueden cambiar de forma muy rápida los datos a la hora de generar energía renovable y, por otro, se pone de manifiesto la dimensión territorial cuando se toman decisiones que a la larga serán clave para mantener ese ritmo.
Con esta premisa, Cataluña quiere recuperar el terreno perdido en esta materia para rebajar su dependencia energética y subir con ello la producción desde un origen que sea limpio. Y para lograrlo no solo precisará de más parques, más redes y más almacenamiento. Otro elemento que necesitará es decidir dónde colocar todo ese nuevo sistema energético.
En definitiva, la pregunta no es solo cuánta energía renovable necesita el territorio catalán, sino cuánto territorio está dispuesta a dedicarle, cómo se reparte ese esfuerzo y qué consenso consigue construir alrededor de él.



