Los paneles solares se han abaratado tanto que ya no solo van al tejado. En algunos mercados los módulos mayoristas rondan los 0,10 dólares por vatio, cerca de la mitad que hace un año, por la sobrecapacidad de producción, sobre todo en China. Esto abre una nueva etapa en la que vallas, fachadas y muros se convierten en pequeñas centrales eléctricas silenciosas.
Informes de organismos internacionales apuntan a que los precios de los módulos fotovoltaicos han caído alrededor de un 60 por ciento entre 2022 y 2024 y que desde 2010 el desplome supera el 90 por ciento, tanto en costes de panel como en el coste medio de la electricidad solar a gran escala. China concentra más del 80 por ciento de la fabricación mundial y su producción masiva ha empujado esos costes a la baja. Y eso se nota en la factura de la luz.
Hace algo más de una década pagar más de un dólar por vatio era lo normal. Hoy son comunes los paneles de 500 o 600 vatios, con eficiencias superiores al 20 por ciento y precios de módulo que representan una fracción del coste total. El foco pasa de exprimir cada vatio en el tejado a mirar el conjunto del proyecto, incluida la mano de obra y las estructuras.
Ahí entran los muros solares. Colocar los paneles en vertical no es lo ideal en cuanto a radiación solar, pero simplifica el montaje. No hace falta trabajar en altura, se reduce el riesgo para los instaladores, se abarata la estructura y se aprovecha un elemento que la vivienda ya necesitaba, como una valla. La generación anual será menor que en un tejado bien orientado, aunque el ahorro en instalación puede compensar en muchos casos.
Antes de lanzarse conviene revisar algunos puntos. La orientación del muro es clave, en la península la cara sur suele ser la más interesante. Las sombras de árboles, edificios vecinos o coches aparcados pueden reducir bastante la producción. También hay que tener en cuenta la normativa de autoconsumo y la capacidad de la red local.
¿Qué significa esto en la práctica para hogares y empresas? Que la energía solar deja de ser un lujo tecnológico y se convierte en un material de construcción más, capaz de recortar emisiones de CO2 y dar estabilidad a la factura de la luz en un contexto donde las renovables ya compiten de precio con los combustibles fósiles en la mayoría de proyectos nuevos. En la práctica, lo que hasta hace poco era una inversión grande empieza a parecerse más a una reforma energética de la vivienda o de la nave industrial.
El análisis detallado de la caída de precios de los módulos y del papel de China en la cadena de suministro fotovoltaica se recoge en el informe Renewables 2024.













