La NASA observa la Antártida desde el cielo y lo que encuentra parece imposible pero es real: halla un extraño lago con agua que no se congela ni a -58ºC

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Publicado el: 4 de junio de 2026 a las 07:56
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Vista aérea de Don Juan Pond en la Antártida, la laguna hipersalina estudiada por la NASA que no se congela.

En una de las zonas más frías y secas del planeta hay una laguna que parece ir contra las reglas básicas del hielo. Se llama Don Juan Pond, está en los valles secos de McMurdo, en la Antártida, y sus aguas cargadas de sales pueden seguir líquidas cuando el entorno cae hasta unos -50 ºC. Ese dato suele confundirse con -58 ºC, pero la referencia de la NASA habla de -58 ºF, que equivalen aproximadamente a -50 ºC.

Lo importante no es su tamaño, porque es una masa de agua muy pequeña. Lo que de verdad llama la atención es su química. Don Juan Pond tiene una salinidad superior al 40 %, mucho más que el mar Muerto y unas doce veces más que el océano medio. Por eso la NASA lo observa como un laboratorio natural para entender la Tierra y, de paso, hacerse una pregunta incómoda y fascinante. ¿Podrían existir salmueras parecidas en Marte?

El secreto está en la sal

Don Juan Pond no se mantiene líquido por magia ni por calor oculto. Su truco está en una sal muy concreta, el cloruro de calcio, que cambia el comportamiento del agua. En la práctica, dificulta que las moléculas se unan para formar cristales de hielo.

La NASA explica que las partículas de sal bajan el punto de congelación al interponerse entre las moléculas de agua. Dicho de forma sencilla, el hielo no lo tiene fácil para cerrarse. Y eso, en un lugar como la Antártida, no es poca cosa.

Esta salmuera es tan densa que algunos investigadores la describen como un líquido casi «siroposo». No hablamos de una laguna agradable ni de un paisaje amable. Es un charco extremo, frío, salado y raro, justo el tipo de lugar donde la ciencia se detiene a mirar con lupa.

Una laguna diminuta

El tamaño también ayuda a entender la historia. La Universidad de Washington señala que Don Juan Pond mide aproximadamente 100 por 300 metros y tiene unos 10 centímetros de profundidad media. Es decir, más que un gran lago, parece una lámina de agua pegada al suelo.

Fue visitado por primera vez en 1961 y recibió su nombre por los pilotos de helicóptero Donald Roe y John Hickey. Desde entonces, su rareza ha mantenido ocupados a geólogos, astrobiólogos e hidrólogos. Pocos lugares tan pequeños han generado tantas preguntas.

Y la principal sigue ahí. ¿De dónde sale el agua que alimenta una laguna líquida en un desierto polar donde casi no llueve y donde el frío manda durante buena parte del año?

De dónde viene el agua

Durante años se pensó que Don Juan Pond podía estar alimentado por aguas subterráneas profundas. Luego llegó una explicación distinta. En 2013, investigadores de Brown University propusieron que las sales del suelo absorbían humedad de la atmósfera mediante un proceso llamado deliquescencia y que esa salmuera bajaba por las laderas hasta la laguna.

El equipo instaló cámaras y tomó 16 000 imágenes en dos meses. Según Jay Dickson, la idea era sencilla, mirar el estanque durante semanas y ver hacia dónde se movía el agua. Las imágenes mostraron flujos oscuros en las pendientes, parecidos a marcas que también se habían estudiado en Marte.

Pero el debate no terminó ahí. En 2017, un trabajo de la Universidad de Washington recuperó con fuerza la hipótesis del agua subterránea profunda. Jonathan Toner resumió bien la duda al admitir que, tras décadas de estudio, todavía «no sabemos exactamente de dónde viene». Su modelo indicaba que la composición química encajaba mejor con un sistema profundo de aguas subterráneas.

Un espejo de Marte

Aquí entra la parte más llamativa. Los valles secos de McMurdo son fríos, áridos y ricos en sales. No son Marte, claro, pero se parecen lo suficiente como para servir de ensayo terrestre. Es como tener una pequeña maqueta natural de procesos que podrían haber ocurrido, o quizá seguir ocurriendo, en el planeta rojo.

La propia NASA ha señalado que una de las claves de Don Juan Pond es su valor para la astrobiología. Hay biología en los alrededores y alguna señal de actividad en la propia laguna, aunque esa actividad también podría tener una explicación no biológica. «Marte tiene mucha sal y tuvo mucha agua», dijo Dickson.

Conviene no exagerar. Esta laguna no demuestra que haya vida en Marte. Lo que sí hace es mostrar que el agua líquida puede comportarse de formas poco intuitivas cuando entra en juego una química extrema. Y eso abre preguntas muy serias.

Lo que vio la NASA

La imagen destacada por NASA Earth Observatory fue captada el 3 de enero de 2014 por el instrumento Advanced Land Imager del satélite Earth Observing-1. En ella aparece Don Juan Pond como una pequeña forma oscura dentro de un fondo claro cubierto de sales. Alrededor se distinguen Wright Valley, Lake Vanda y una red de canales erosionados en la roca.

No es una imagen espectacular al estilo de un huracán visto desde el espacio. Es más discreta. Pero precisamente por eso resulta tan potente. Desde arriba, la NASA puede detectar señales que sobre el terreno exigirían semanas de trabajo en un lugar remoto y protegido.

En buena medida, esta es la utilidad de observar la Tierra desde el espacio. No solo sirve para ver incendios, hielo marino o grandes tormentas. También permite fijarse en rincones diminutos donde se esconden pistas sobre el agua, el clima y la vida.

El debate sigue abierto

La investigación más reciente no ha cerrado del todo la discusión. Un estudio publicado en The Cryosphere en 2022 usó estudios electromagnéticos aéreos y detectó salmueras no congeladas bajo partes de Wright Valley, cerca de Don Juan Pond, Lake Vanda y North Fork. Pero los autores fueron prudentes y señalaron que sus datos no podían confirmar ni descartar una conexión profunda directa entre todas esas zonas.

Eso deja una imagen más compleja, pero también más interesante. Puede haber procesos superficiales, puede haber salmueras profundas y puede que ambos mecanismos participen en distintos momentos. La naturaleza rara vez funciona como una línea recta.

Don Juan Pond no es solo una curiosidad helada. Es una advertencia de que incluso en los lugares más hostiles del planeta el agua encuentra caminos inesperados.

 El comunicado oficial se ha publicado en NASA Earth Observatory.


Adrian Villellas

Adrián Villellas es ingeniero informático y emprendedor en marketing digital y ad tech. Ha liderado proyectos de analítica, publicidad sostenible y nuevas soluciones de audiencia. Colabora además en iniciativas científicas ligadas a la astronomía y la observación espacial. Publica en medios de ciencia, tecnología y medioambiente, donde acerca temas complejos y avances innovadores a un público amplio.

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