Bajo una antigua caldera volcánica en la frontera de Nevada y Oregón se esconde un recurso que puede cambiar la carrera del coche eléctrico. En la zona de Caldera McDermitt, los geólogos han identificado una de las mayores concentraciones conocidas de litio del mundo. Algunos titulares ya hablan de cientos de miles de millones de euros. La ciencia, sin embargo, va un poco más despacio y con los pies en la tierra.
Qué han descubierto realmente los científicos
Los estudios recientes describen un paquete de arcillas ricas en litio asociado a antiguos sedimentos volcánicos dentro de esta caldera. La clave está en minerales como la esmectita y, sobre todo, la ilita, que habrían sido enriquecidos por fluidos hidrotermales hace millones de años.
El trabajo publicado en la revista científica Science Advances detalla cómo estos procesos concentraron el metal blanco en la parte sur de la caldera y estiman que la zona podría albergar entre 20 y 40 millones de toneladas de litio in situ. Algunos modelos llegan a cifras más altas, pero los propios autores insisten en que se trata de recursos geológicos, no de reservas garantizadas que se puedan extraer con beneficio asegurado.
En otras palabras, sabemos que la roca contiene mucho litio, pero todavía falta demostrar cuánta parte de ese litio se podrá extraer de forma técnica y económicamente viable.
De la arcilla al coche eléctrico
En el borde occidental de la caldera se encuentra el proyecto de Thacker Pass, impulsado por la empresa Lithium Americas. Allí está en marcha la construcción de una gran planta de procesado de arcillas de litio, con fuerte apoyo del Departamento de Energía de Estados Unidos, que ha aprobado un préstamo multimillonario para levantar la instalación.
Cuando esté plenamente operativa, la planta aspira a producir unas cuarenta mil toneladas anuales de carbonato de litio de calidad batería. Con ese volumen, las autoridades estadounidenses calculan que se podría evitar la quema de unos 317 millones de galones de gasolina cada año, lo que equivale a una reducción aproximada de 3,07 millones de toneladas de dióxido de carbono.
Este impulso no es casual. Según los datos más recientes del Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS), alrededor del 87 por ciento del litio que se consume en el mundo se destina ya a baterías, principalmente para vehículos eléctricos y almacenamiento estacionario. En un contexto en el que Europa, China y Estados Unidos compiten por asegurar materias primas críticas, un yacimiento de este tamaño es, en buena medida, un movimiento estratégico.
Beneficios climáticos frente a impactos locales
Sobre el papel, sustituir gasolina por kilovatios procedentes de baterías suena bien para el clima. Menos CO2, menos humos en las ciudades, menos dependencia del petróleo importado. Pero en la otra cara de la moneda está el coste ambiental y social de abrir una megamina en pleno entorno desértico.
La extracción de estas arcillas requiere grandes cantidades de agua y el uso intensivo de ácido sulfúrico para liberar el litio. En una región seca, donde los acuíferos alimentan vegas, manantiales y pequeños cursos de agua, esto preocupa mucho a las comunidades locales y a los científicos que estudian especies ya amenazadas, como la trucha Lahontan o algunas aves esteparias.
A ello se suma el impacto sobre el paisaje. El proyecto implica abrir grandes cortas a cielo abierto, construir nuevas carreteras y levantar alojamientos para miles de trabajadores. Para quienes viven en pequeños pueblos ganaderos de la zona, la llegada de camiones, polvo y ruido no es un detalle menor.
Varios colectivos indígenas consideran además que esta parte de la caldera, conocida como Peehee Mu’huh, es un lugar sagrado. Diferentes tribus y asociaciones han presentado demandas y protestas, alegando que no se las consultó de forma adecuada y que la mina puede destruir restos culturales y cementerios ancestrales.
Un gigante del litio con muchas preguntas abiertas
¿Qué significa todo esto para quien solo quiere comprarse un coche eléctrico y reducir su factura de combustible? Que detrás de cada batería hay decisiones complejas sobre dónde y cómo se extraen los minerales.
Si el proyecto de Thacker Pass demuestra que puede producir litio a gran escala con controles estrictos sobre el agua, los residuos y la biodiversidad, se convertirá en una referencia para otras minas de arcillas en Estados Unidos. Si los costes ambientales o sociales resultan demasiado altos, el caso McDermitt será también un aviso de que la transición energética no puede basarse solo en multiplicar la minería sin más.
La geología ha puesto sobre la mesa un recurso enorme. Ahora la política, la tecnología y la sociedad tendrán que decidir cómo se utiliza y bajo qué condiciones.
El estudio científico que describe la concentración de litio en la caldera de McDermitt ha sido publicado en la revista Science Advances.












