El mayor yacimiento de litio del planeta estaba oculto bajo un supervolcán y su valor supera ya los 400.000 millones de euros

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Publicado el: 26 de marzo de 2026 a las 20:47
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Vista del yacimiento de litio en Thacker Pass dentro de la caldera volcánica de McDermitt en Nevada.

Un antiguo supervolcán situado entre Nevada y Oregón ha vuelto a poner el litio en el centro del debate energético. Un estudio publicado en Science Advances concluye que la caldera de McDermitt alberga arcillas con concentraciones extraordinariamente altas de este mineral, clave para fabricar baterías, sistemas de almacenamiento y buena parte de la tecnología limpia que se quiere desplegar en las próximas décadas. Los propios autores sostienen que el área podría estar entre los mayores yacimientos de litio conocidos del planeta.

La parte más llamativa del hallazgo está en Thacker Pass, dentro del sector sur de la caldera. Allí, los investigadores analizaron sedimentos de un antiguo lago volcánico y detectaron que las arcillas ricas en illita concentran mucho más litio que otros materiales del mismo entorno. Algunas muestras alcanzaron contenidos de hasta un 2,4% en peso, una cifra muy alta para este tipo de depósitos. En la práctica, esto significa que no se trata solo de «haber encontrado litio», sino de haber identificado una zona donde ese litio está mucho más concentrado de lo habitual.

La historia geológica también ayuda a entender por qué este lugar está dando tanto que hablar. La caldera de McDermitt se formó hace unos 16,3 millones de años tras una enorme erupción volcánica. Después, en ese gran hueco se desarrolló un lago donde se acumularon cenizas y sedimentos durante miles de años. Más tarde, fluidos hidrotermales calientes alteraron esas arcillas y transformaron parte de la esmectita en illita rica en litio. Según el estudio, ese proceso posterior es justamente lo que explica las leyes tan elevadas encontradas en la zona sur de la caldera.

¿Por qué importa tanto este descubrimiento? Porque el litio se ha convertido en una pieza básica de la transición energética. La Agencia Internacional de la Energía calcula que, en su escenario de promesas anunciadas, la demanda total de litio pasaría de 165 kilotoneladas en 2023 a 1.326 kilotoneladas en 2040. Es decir, unas ocho veces más. Traducido a la vida diaria, hablamos de más baterías para coches eléctricos, más almacenamiento para renovables y, en el fondo, más presión sobre el suministro mundial de materias primas. La factura no solo se juega en el enchufe, también en la mina.

Ahora bien, conviene poner contexto. El estudio científico describe cómo se enriqueció el litio en esa formación geológica, pero no equivale por sí solo a decir que todo el recurso vaya a extraerse ni que vaya a abaratar de forma automática los coches eléctricos. Entre el hallazgo geológico y una explotación real hay mucha distancia. Hacen falta permisos, inversión, infraestructuras, agua, control ambiental y años de desarrollo industrial. Por eso los expertos suelen distinguir entre recurso geológico, reserva explotable y producción efectiva.

Y ahí entra la parte más delicada. El proyecto de Thacker Pass ya cuenta con permisos y sigue avanzando, pero también arrastra una fuerte controversia ambiental y social. La administración de Nevada explica que la mina necesitará controles sobre restauración del terreno, contaminación del agua y emisiones atmosféricas. Además, la evaluación ambiental federal reconoce impactos sobre recursos hídricos, humedales, zonas ribereñas y otros elementos del entorno a lo largo de la vida útil del proyecto. Es decir, el litio puede ayudar a descarbonizar, sí, pero extraerlo no sale gratis para el territorio.

En el fondo, eso es lo que convierte a McDermitt en una noticia importante. No solo por el tamaño potencial del hallazgo, sino porque resume una de las grandes contradicciones de la transición ecológica. El mundo necesita más minerales críticos para dejar atrás los combustibles fósiles, pero obtenerlos exige abrir un debate incómodo sobre agua, paisaje, biodiversidad y comunidades locales. El reloj corre deprisa para la energía limpia. El suelo, en cambio, tiene sus propios límites.

El estudio oficial ha sido publicado en Science Advances.


Javier F.

Periodista, licenciado en la Universidad Nebrija, diez años en Onda Cero, y ahora en proyectos profesionales como Freelance. Especializado en contenido SEO y Discover

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