El rover Perseverance de la NASA acaba de sacar a la luz un paisaje que llevaba miles de millones de años escondido bajo el polvo de Marte. Gracias a su radar RIMFAX, ha detectado estructuras de río y delta enterradas a más de 35 metros en el cráter Jezero, a lo largo de un tramo de unos 6,1 kilómetros recorrido por el vehículo.
El hallazgo, publicado el 18 de marzo de 2026, sugiere que en esa zona hubo agua y sedimentación mucho antes de lo que indicaba la superficie. En el fondo, es como hacer una radiografía del terreno sin excavar, y eso cambia el mapa de dónde buscar pistas.
Un delta escondido bajo Jezero
Jezero no es un cráter cualquiera. Tiene unos 45 kilómetros de ancho y se encuentra justo al norte del ecuador marciano, en una región donde los científicos llevan años siguiendo la pista de antiguos ríos y lagos.
NASA eligió este lugar porque el antiguo sistema de lago y delta podía haber acumulado y conservado compuestos orgánicos y otras señales de un ambiente habitable. Desde el espacio ya se veía un delta en forma de abanico, uno de los grandes motivos para mandar allí a Perseverance,
Lo nuevo es que, bajo ese delta visible, el radar ha revelado otro sistema más antiguo que no se aprecia desde arriba. El equipo interpreta que hay capas inclinadas y superficies de erosión compatibles con sedimentos depositados cuando un río entraba en una masa de agua.
RIMFAX y el truco de mirar bajo tierra
RIMFAX funciona como un sistema de ecos. Envía pulsos de radar hacia el subsuelo y registra las señales que vuelven rebotadas en distintas capas, algo parecido a cuando un murciélago “lee” el aire con sonidos, pero aplicado a rocas y sedimentos.
En este estudio se usaron datos tomados en 78 recorridos entre septiembre de 2023 y febrero de 2024, durante unos 250 soles (días marcianos). Con esa información, los científicos reconstruyen un modelo en tres dimensiones de lo que hay bajo las ruedas del rover.
La otra cifra que llama la atención es la profundidad. El radar alcanzó más de 35 metros, un récord para RIMFAX en esa parte del trayecto, y casi el doble de lo que se había sondeado antes en la zona. No es poca cosa.
Fechas que empujan el calendario hacia atrás
Los investigadores estiman que el delta enterrado se formó entre hace 3.700 y 4.200 millones de años. Es decir, muy al inicio de la historia del planeta, teniendo en cuenta que Marte se formó hace unos 4.500 millones de años.
La comparación es clara. Ese registro subterráneo sería más antiguo que el Delta Occidental visible en Jezero, que se sitúa aproximadamente entre 3.500 y 3.700 millones de años.
En la práctica, esto apunta a episodios de agua separados por cientos de millones de años, con una diferencia máxima de alrededor de 500 millones. No implica que el agua estuviera presente de forma continua, pero sí que el “capítulo húmedo” de Jezero pudo empezar antes y ser más complejo de lo que parecía al mirar solo la superficie.
Por qué un delta importa tanto si buscas vida
Si alguna vez has visto cómo un río deja capas de arena y limo tras una crecida, ya tienes la idea. Un delta es, en buena parte, un archivo natural que va guardando sedimentos en capas, y esas capas pueden atrapar y conservar rastros del entorno.
En la Tierra, los deltas además pueden crear “microhábitats” donde la vida microbiana encuentra refugios y nutrientes. Por eso son objetivos tan atractivos cuando se habla de habitabilidad y de preservación de biosignaturas (señales químicas o físicas asociadas a vida).
La autora principal, la científica planetaria Emily Cardarelli, lo expresaba así en un comunicado. «This instrument allows us to actually see structures beneath the ground of another planet. It’s not every day that you get to look underground on Mars».
Qué significa esto para la misión Perseverance
Perseverance no solo toma imágenes y medidas, también recoge y almacena muestras de roca y regolito (polvo y fragmentos de roca) pensando en un posible retorno a la Tierra. La idea es que, algún día, esos materiales puedan analizarse con instrumentos de laboratorio mucho más potentes que los que caben en un rover.
Además, el contexto importa. En septiembre de 2025 se habló de una muestra de Jezero con “posibles biosignaturas”, pero los propios equipos han insistido en que esas señales todavía pueden explicarse por procesos no biológicos y que haría falta un análisis más profundo para confirmarlas.
Con mapas subterráneos como los de RIMFAX, elegir dónde buscar y dónde muestrear puede ser más preciso, porque señala capas antiguas que quizá no estén expuestas. ¿Qué más puede haber ahí abajo, esperando a que el rover pase por encima?
El estudio ha sido publicado en Science Advances.








