Marruecos está moviendo una pieza clave en el tablero energético. No se trata solo de levantar más placas solares o aerogeneradores, sino de cambiar las normas para que la electricidad renovable pueda entrar mejor en la red, vender excedentes y demostrar su origen limpio con certificados.
La jugada interesa mucho a Europa, y también a España. Al otro lado del Estrecho hay sol, viento, puertos, industria y una conexión eléctrica submarina ya existente. Pero la pregunta importante es otra. ¿Está Marruecos listo para convertirse en un socio energético verde de primer nivel o todavía está preparando el terreno?
La llave está en la red
Las dos piezas legales que explican este movimiento son la ley 40-19 y la ley 82-21. La primera refuerza el marco de las energías renovables y la segunda regula la autoproducción eléctrica, una vía importante para empresas, industrias y consumidores que quieran generar su propia energía. Ambas figuran en el marco legislativo publicado por la Autoridad Nacional de Regulación de la Electricidad de Marruecos (ANRE).
En la práctica, lo que Marruecos intenta ordenar es algo muy sencillo de entender. Si una fábrica, un parque solar o una instalación eólica produce más electricidad renovable de la que consume, necesita una norma clara para saber si puede inyectarla a la red, a qué precio y bajo qué condiciones. Sin eso, el inversor se lo piensa dos veces.
Excedentes con precio
La ANRE ya ha fijado una tarifa para los excedentes eléctricos renovables que se vendan a los operadores de red. Para el periodo inicial del 1 de marzo de 2026 al 28 de febrero de 2027, el precio queda en 21 céntimos marroquíes por kWh en horas punta y 18 céntimos por kWh en horas valle.
Esto no significa que cualquier tejado solar doméstico vaya a cobrar desde mañana por verter energía. La propia ANRE aclara que la tarifa se aplica a redes de alta, muy alta y media tensión, mientras que la baja tensión queda pendiente de un marco técnico y regulatorio específico. El detalle importa. Y mucho.
El Estrecho gana peso
La conexión eléctrica entre Marruecos y España ya existe. Red Eléctrica explica que está formada por dos líneas de 400 kV, puestas en servicio en 1997 y 2006, con cables que cruzan el Estrecho entre Tarifa y Fardioua.
Ese enlace convierte al Estrecho en algo más que una frontera marítima. Es una puerta eléctrica entre África y Europa. Pero conviene no exagerar. Una interconexión permite intercambios en ambos sentidos, no garantiza por sí sola que Marruecos vaya a inundar Europa de electricidad verde.
Más capacidad renovable
La ANRE también ha publicado la capacidad de acogida del sistema eléctrico nacional para el periodo 2026-2030. Esa capacidad es la cantidad de renovables que la red puede absorber sin poner en riesgo su estabilidad, y el objetivo publicado llega a 10.429 MW en 2030.
Traducido a la vida diaria, es como ensanchar una carretera antes de que lleguen más coches. Si la red no está preparada, la electricidad limpia se pierde, se recorta o no llega a donde hace falta. Por eso, la reforma no va solo de producir más. Va de poder mover esa energía.
Certificar cada kilovatio
Otra pata del plan es demostrar que la electricidad es realmente renovable. La Agencia Internacional de la Energía recoge el decreto marroquí sobre certificados de origen, pensado para probar que la electricidad autoproducida procede de fuentes limpias.
Además, el Ministerio de Transición Energética y Desarrollo Sostenible de Marruecos lanzó en 2026 una convocatoria para crear y explotar un registro nacional de certificados de origen. El objetivo es garantizar la trazabilidad y la verificabilidad de la producción renovable. No basta con decir «verde». Hay que probarlo.
El hidrógeno entra en juego
La electricidad es solo una parte de la historia. Marruecos también quiere usar sus renovables para producir hidrógeno verde y derivados como amoniaco, metanol o combustibles sintéticos. La llamada «Morocco Offer», anunciada en marzo de 2024, cubre toda la cadena, desde la generación renovable y la electrólisis hasta la logística y la exportación.
Ahí Europa vuelve a aparecer en el horizonte. La industria europea necesita recortar CO2 y busca combustibles limpios para sectores difíciles de electrificar. Marruecos quiere ocupar un hueco en esa nueva economía, pero todavía queda camino. El hidrógeno verde promete mucho, aunque exige agua, infraestructuras, puertos, inversión y precios competitivos.
El matiz importante
Marruecos tiene un objetivo conocido, alcanzar un 52 % de capacidad eléctrica instalada renovable en 2030. Según la Agencia Internacional de la Energía, esa meta incluye un reparto previsto entre solar, eólica e hidráulica.
Pero el país aún no es un sistema plenamente limpio. Reuters informó en 2025 de que Marruecos quería añadir 15 GW de capacidad eléctrica hasta 2030, con 13 GW procedentes de renovables, mediante una inversión de unos 120.000 millones de dirhams. También señaló que la capacidad renovable actual rondaba los 5,5 GW.
Qué puede cambiar
Para Marruecos, estas normas pueden atraer inversión, reducir dependencia energética y crear una industria exportadora. Para Europa, abren una posible vía más de suministro limpio en un momento en el que la electricidad, el CO2 y la factura energética pesan cada vez más en la economía.
El punto clave es no confundir ambición con resultado inmediato. Marruecos está ordenando su mercado, poniendo precio a excedentes, ampliando capacidad de red y preparando certificados de origen. Si esas piezas encajan, el Estrecho puede convertirse en una autopista verde. Si no, se quedará en una buena idea sobre el papel.
El comunicado oficial sobre la tarifa de los excedentes eléctricos renovables ha sido publicado por la Autoridad Nacional de Regulación de la Electricidad de Marruecos (ANRE).











