En el este de Alemania, una mina de lignito a cielo abierto en desuso está dejando de ser un agujero gris para convertirse en un paisaje de agua. Es el Lausitzer Seenland (la región de los lagos de Lusacia), un proyecto de rehabilitación que ya apunta a un hito muy visible este verano.
La clave es sencilla de entender y difícil de ejecutar. El lago Sedlitz se prepara para abrir al baño y la navegación a finales de abril, y el 29 de junio de 2026 cinco grandes lagos quedarán unidos por canales navegables. Suena a postal, pero detrás hay décadas de obras, gestión del agua y decisiones que afectan también a los ríos de la zona.
De minas a orillas
La Lusacia de hoy no se entiende sin el carbón. En la antigua RDA se extrajeron más de dos mil millones de toneladas de lignito a más de 60 metros de profundidad, dejando cráteres enormes en el paisaje.
El cambio empezó en 1967 con la inundación del lago Senftenberg. Desde entonces, la LMBV (empresa federal) coordina una rehabilitación que, en palabras de uno de sus responsables, «dura dos generaciones».
Un distrito de 14.000 hectáreas
Para ponerlo en contexto, el Umweltbundesamt recuerda que Alemania tiene más de 290.000 masas de agua quietas, aunque solo 1.120 superan las 50 hectáreas. Por eso, cuando se habla de un «distrito lacustre» nuevo, conviene mirar la escala.
En el Lausitzer Seenland se cuentan 23 lagos postmineros con unas 14.000 hectáreas de superficie total de agua. El plan es unir nueve de ellos con el lago Senftenberg mediante 13 canales navegables, hasta formar una vía continua de unas 7.000 hectáreas, con cuatro canales ya terminados y seis en construcción.
Sedlitz y el gran estreno de 2026
El lago Sedlitz es la pieza que faltaba para que el conjunto se sienta «conectado». Tiene unas 1.400 hectáreas y la previsión es que quede liberado para el uso público el 24 de abril, con baño y navegación en las zonas permitidas.
La segunda fecha clave llega poco después. El 29 de junio de 2026 se abre el sistema de cinco lagos, con Senftenberg, Geierswalde, Partwitz, Sedlitz y Großräschen enlazados por canales, hasta sumar alrededor de 5.300 hectáreas de lámina de agua continua. Si alguien quiere cruzarlos todos, puede recorrer en torno a 50 kilómetros por agua, según la ruta elegida.
Y hay letra pequeña, de la que evita sustos. En los canales hay altura limitada, no se puede navegar a vela y los veleros necesitan abatir el mástil, además de respetar el tamaño máximo que marca la infraestructura.
El agua no se llena sola
Ver un lago nuevo puede dar la sensación de que «el tiempo lo hizo todo». En estos huecos mineros, sin aporte controlado, el llenado podría tardar entre 80 y 100 años solo con lluvia y aguas subterráneas, según explica la LMBV.
Por eso existe una gestión activa. La LMBV indica que en 2025 se usaron unos 61 millones de metros cúbicos para la inundación y la gestión de estos lagos, con la mayor parte desde la cuenca del río Spree y aportes también de Schwarze Elster y de la Neiße.
La historia no va solo de «llenar», sino de equilibrar. En ese mismo balance se habla de derivaciones de 48 millones de metros cúbicos hacia los ríos para sostener niveles en periodos de bajo caudal y apoyar su conservación ecológica. Cuando el verano aprieta y el agua escasea, esa cifra cobra sentido.
Calidad del agua y seguridad
Convertir un cráter en un lago seguro no es cuestión de estética. Hay que estabilizar taludes, vigilar aguas subterráneas con carga mineral y construir entradas y salidas que controlen cómo entra y sale el agua, porque cada lago tiene sus propios riesgos.
La entrada rápida de agua de río con un pH más neutro cumple una función clave. La LMBV explica que así se dificulta que el agua ácida de los estériles termine filtrándose al lago, y se acelera el momento en que esos lagos pueden conectarse a otros cursos de agua con garantías.
Además, no es un «lago cualquiera» a efectos ambientales. Un estudio del Umweltbundesamt recuerda que la inundación de minas de lignito creará en Alemania alrededor de 500 lagos artificiales y que, en los mayores, se debe alcanzar un buen potencial ecológico bajo la Directiva Marco del Agua, con plazos que llegan hasta 2027.
Turismo que reemplaza chimeneas
El turismo es la parte visible de esta transformación, y también la que más empleo suele arrastrar. En 2025 se registraron alrededor de 800.000 pernoctaciones en alojamientos de diez o más camas, y el mercado checo creció más de un 12 por ciento, según la asociación turística de la región.
En la práctica, esto significa más hostelería, más servicios y más rutas alrededor del agua. También significa que la población local puede ver un retorno tangible, con trabajo en restauración, alojamiento y ocio, incluso para familias vinculadas a la minería. Y eso se nota.
Un modelo que cuesta dinero y tiempo
La idea de convertir un agujero minero en un destino de agua es atractiva, pero no es barata. La rehabilitación en la Lusacia ya suma unos 7.000 millones de euros, y la previsión es que hagan falta otros 4.800 millones en los próximos 25 años, según cifras citadas por la LMBV.
Y el mapa aún no está cerrado. Mientras sigan existiendo minas a cielo abierto activas en la región, habrá nuevos huecos que, tarde o temprano, también deberán inundarse y gestionarse, con el mismo reto de agua, seguridad y calidad.
Si algo enseña el Lausitzer Seenland es que la transición no llega de golpe, sino a base de obras largas, reglas claras y mucha vigilancia.
La información oficial con las fechas, normas de navegación y preguntas frecuentes del sistema «cinco lagos un solo sistema» se ha publicado en Lausitzer Seenland.











