Las personas que empiezan muchas cosas pero no acaban nada, tienen un patrón común en su cerebro que lo hace adicto a esta sensación según la psicología

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Publicado el: 21 de abril de 2026 a las 22:03
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Persona haciendo manualidades que simboliza empezar proyectos y no terminarlos por la adicción a la novedad.

Seguro que te suena esta escena. Te apuntas a un curso, compras el material con ilusión y, cuando pasan unas semanas, el proyecto se queda a medias en una estantería. La psicóloga Silvia Severino le pone nombre a ese comportamiento y lo describe como «el patrón del todólogo», un perfil de personas que empiezan muchas cosas y les cuesta terminarlas porque su mente se engancha a lo nuevo.

Hasta aquí parece un tema de hábitos personales, pero el planeta lo nota. Ese mismo impulso por estrenar también mueve el consumo y, por tanto, los residuos. En 2022 se generó un récord de 62.000 millones de kilos de basura electrónica en el mundo, y en la UE se tiran millones de toneladas de ropa cada año. No es poca cosa.

El patrón del todólogo también se cuela en el consumo

Severino insiste en que no es un asunto de pereza, sino de recompensa rápida. Ella misma explica que el cerebro puede volverse «adicto a la novedad» y que los circuitos de recompensa liberan dopamina con estímulos nuevos, lo que empuja a buscar otra cosa cuando la emoción baja.

En la práctica, eso significa que el momento de empezar es el más potente. La parte lenta, la de repetir, practicar y acabar, cuesta más. ¿Qué pasa cuando esa lógica se traslada a lo que compramos, usamos y tiramos? Pues que el armario, el cajón de cables y el cubo de basura lo acaban notando.

Cuando cada estreno implica un objeto nuevo

Hay hobbies que casi invitan a gastar antes de probar. Un kit de iniciación, una herramienta «imprescindible», un aparato que promete ahorrarte tiempo. Y, a veces, el problema no es probar cosas nuevas, sino que cada prueba viene acompañada de un objeto más entrando en casa.

Además, vivimos rodeados de estímulos que empujan a empezar otra vez. Cursos infinitos, vídeos de «cómo hacerlo», ofertas que duran horas y envíos que llegan en un día. Si tu cerebro va detrás del subidón de lo nuevo, el carrito online se convierte en un atajo. A cambio, el planeta se queda con el coste de fabricar, transportar y gestionar esos productos cuando se abandonan.

La cara oculta de lo eléctrico y lo digital

Los números ayudan a entender la escala. El informe «The Global E-waste Monitor 2024» calcula que en 2022 se generaron 62.000 millones de kilos de residuos electrónicos en el mundo, unos 7,8 kilos por persona al año. Solo el 22,3 por ciento se documentó como recogido y reciclado de forma formal y ambientalmente adecuada.

Europa destaca por dos motivos que conviene mirar con calma. Es la región que más basura electrónica genera por persona, 17,6 kilos per cápita, y también la que más recoge y recicla de forma documentada, con una tasa del 42,8 por ciento. Aun así, el informe avisa de que el crecimiento de estos residuos va muy por delante del reciclaje, casi por un factor de cinco desde 2010.

Y aquí hay un detalle incómodo para la transición energética. Incluso tecnologías pensadas para ahorrar energía acaban entrando en la cuenta de residuos si no se planifica bien su fin de vida. Un experto de UNITAR citado por Reuters recordaba que en 2022 se estimó el descarte de unas 600.000 toneladas métricas de paneles fotovoltaicos.

Ropa barata, armarios llenos y CO2 de vuelta al aire

La moda tiene su propia versión del «estreno constante». En la UE se desechan más de 5,8 millones de toneladas de ropa al año, alrededor de 11,3 kilos por persona. Y un dato que duele en clave circular es que solo una pequeña parte vuelve a convertirse en ropa nueva, con estimaciones que hablan de alrededor del 1 por ciento.

La Agencia Europea de Medio Ambiente va un paso más allá y pone cifras al atasco de la recogida selectiva. En 2020 se generaron en la UE unos 16 kilos de residuos textiles por persona y solo alrededor de una cuarta parte, 4,4 kilos, se recogió por separado para reutilización y reciclaje. El resto acabó mezclado en la basura doméstica.

También hay impacto climático en lo que nunca llega a usarse. La EEA señala que una parte de los textiles se destruye sin haberse usado y que el procesado y destrucción de devoluciones o no vendidos puede estar asociado a millones de toneladas de emisiones en equivalente de CO2. Es el tipo de dato que te hace mirar distinto el «lo compro y ya veré».

Lo que está haciendo Europa para frenar el desperdicio

La respuesta normativa intenta atacar justo el punto donde la novedad se convierte en residuo. La Comisión Europea recuerda que la Directiva sobre normas comunes para promover la reparación se adoptó el 13 de junio de 2024, entró en vigor el 30 de julio de 2024 y deberá aplicarse desde el 31 de julio de 2026 tras su transposición nacional. La idea es clara, reparar más y tirar menos, dentro y fuera de garantía.

La misma lógica aparece cuando se habla de emisiones y basura evitables. La Comisión Europea estimó, según Reuters, que cada año se generan 35 millones de toneladas métricas de residuos y 260 millones de toneladas de emisiones de gases de efecto invernadero por tirar bienes de consumo que aún podrían usarse. Es una cifra que pone la reparación en otro lugar, ya no es solo «apañar», es política climática.

En textiles, el foco está en ordenar la recogida y evitar que lo que es residuo viaje como si fuera reutilizable. La Comisión comunicó que la revisión de la Directiva marco de residuos entró en vigor el 16 de octubre de 2025 e incluye nuevas reglas para los textiles recogidos por separado, con exigencias de clasificación antes de posibles envíos para frenar el etiquetado engañoso.

Qué puedes tener en cuenta sin renunciar a probar cosas nuevas

La clave no es demonizar la curiosidad. Es aprender a separar el impulso de empezar del impulso de comprar. Un truco sencillo es meter una pausa corta antes de gastar, aunque sea un par de días, y preguntarte si puedes probar sin estrenar, con alquiler, préstamo, segunda mano o materiales que ya tienes en casa. A veces el proyecto se cae solo, y te has ahorrado el residuo.

Con electrónica y pequeños aparatos, el hábito que más cambia el resultado es alargar la vida útil. Mirar si hay repuestos, si existe servicio de reparación y si el producto está diseñado para arreglarse. En 2026, además, la UE ya tiene marcado en el calendario que la reparación debe ser más fácil y accesible para el consumidor.

Y con ropa, el gesto más ecológico suele ser el menos glamuroso, usar lo que ya está en el armario. En España, una iniciativa que citó Reuters reunió a grandes cadenas para probar sistemas de recogida de textil y adelantarse a futuras exigencias, en un contexto donde la recogida separada todavía es baja según datos oficiales. Si el contenedor de textil está cerca, usarlo ayuda, pero todavía más ayuda comprar menos y elegir prendas que no dependan de la emoción del primer día.

El informe oficial que pone cifras a la montaña de residuos electrónicos se ha publicado en la web de la Unión Internacional de Telecomunicaciones y UNITAR.


Javier F.

Periodista, licenciado en la Universidad Nebrija, diez años en Onda Cero, y ahora en proyectos profesionales como Freelance. Especializado en contenido SEO y Discover

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