En pleno 2026, un equipo internacional a bordo del rompehielos alemán Polarstern se ha topado con una sorpresa poco común. En el noroeste del mar de Weddell han identificado una isla que no figuraba como costa en las cartas náuticas con las que trabajaban, solo como una zona con “peligros no explorados” para la navegación.
El hallazgo es llamativo, pero el contexto lo es aún más. La expedición está midiendo el hielo marino y el agua fría que sale de la plataforma Larsen, en una región clave para las corrientes oceánicas globales, y lo que están viendo apunta a cambios rápidos en el hielo antártico.
Una isla que estaba marcada como peligro, pero no como tierra
La campaña del Instituto Alfred Wegener (AWI) trabaja en la zona desde el 8 de febrero de 2026 con un equipo de 93 personas entre científicos y tripulación. En un momento dado, el mal tiempo obligó a parar las mediciones y buscar refugio a sotavento de la isla Joinville.
En esa maniobra apareció la sorpresa. El especialista en cartografía submarina Simon Dreutter se fijó en un aviso extraño en la carta y lo resumió así, “en nuestra ruta, la carta mostraba un área con peligros no explorados para la navegación, pero no estaba claro qué era ni de dónde salía la información”.
Del “iceberg sucio” a una roca que no encajaba
Desde el puente, lo que se veía parecía un iceberg manchado, como si tuviera sedimentos pegados. Pero al acercarse, el equipo empezó a notar que aquello no se comportaba como hielo a la deriva y que podía ser roca sólida.
“Vimos un ‘iceberg’ que parecía sucio. Al mirarlo mejor, nos dimos cuenta de que probablemente era roca”, contó Dreutter. Cambiaron el rumbo y se hizo evidente que tenían una isla delante.
Cómo se confirma un hallazgo en un mar de hielo
En estas aguas no basta con señalar una mancha en el horizonte. Los navegantes del Polarstern se aproximaron con cuidado, manteniendo al menos 50 metros de agua bajo la quilla, hasta colocarse a unos 150 metros de la costa.
A partir de ahí, el equipo rodeó la isla y cartografió el fondo marino con la ecosonda multihaz del barco. También desplegaron un dron y analizaron las imágenes con fotogrametría para obtener un modelo de elevación y una imagen aérea georreferenciada con la que medir la línea de costa.
Las cifras del hallazgo y por qué sorprenden
La primera medición sistemática dejó datos claros. La isla tiene unos 130 metros de largo, unos 50 metros de ancho y sobresale alrededor de 16 metros sobre el nivel del mar, una escala pequeña pero suficiente para condicionar una ruta.
El AWI explica que es ligeramente más larga que el Polarstern (118 metros) y aproximadamente el doble de ancha. Los expertos también señalan que en la carta su posición estaba desviada alrededor de una milla náutica y que no aparecía como costa en otros registros.
Por qué una isla puede “desaparecer” en los satélites
La pregunta sale sola, ¿cómo se pierde una isla en plena era de los satélites? Según el AWI, en las imágenes revisadas costaba distinguirla de los numerosos icebergs cercanos porque estaba cubierta de hielo y se confundía con el entorno.
Además, en el océano Austral la cobertura de mediciones directas sigue siendo limitada. El equipo recuerda que mapas batimétricos como el IBCSO (International Bathymetric Chart of the Southern Ocean) dependen de datos escasos e interpolaciones, y ahí un objeto sin registrar puede acabar “borrado”.
Una expedición que también habla de clima y carbono
El descubrimiento ocurrió durante el proyecto SWOS (Summer Weddell Sea Outflow Study), centrado en el flujo de hielo y agua desde la plataforma Larsen y en el retroceso del hielo marino en una zona clave para las corrientes globales. No estaban buscando una isla, estaban intentando entender por qué el hielo se está comportando de otra forma.
El AWI recuerda que durante años se pensó que el hielo marino antártico era relativamente estable. Pero avisa de que la extensión del hielo en verano en el noroeste del mar de Weddell cae con fuerza desde 2017, probablemente por aguas superficiales más cálidas.
Lo que han visto bajo el hielo y por qué importa
Uno de los puntos que más destacan es la variabilidad del grosor del hielo. El responsable de la expedición, Christian Haas, explica que en la plataforma continental occidental, poco profunda, el hielo llegó a alcanzar hasta cuatro metros, algo que atribuyen a la deformación por las mareas y a la cercanía de la costa.
Más al este, el hielo procedente de las plataformas Ronne y Filchner estaba menos deformado y rondaba el metro y medio. Además, observaron un deshielo superficial fuerte, sobre todo en la nieve y la parte superior del hielo, con un aspecto que Haas describe como “casi condiciones árticas”.
Mapas, seguridad y un cambio que se nota en la práctica
En la Antártida, una carta náutica es una herramienta de seguridad. Si una isla no está registrada, un barco puede creer que navega en aguas abiertas y acabar acercándose demasiado a una costa helada y difícil de ver.
Por eso el AWI insiste en que la información se incorporará a cartas náuticas internacionales y a bases de datos esenciales. Parece un detalle pequeño, pero en un mar con pocos datos y mucho hielo, no lo es.
Qué pasa ahora con la isla y cuándo habrá un nombre oficial
La isla sigue sin nombre oficial y el siguiente paso es pasar por el proceso internacional de denominación. El AWI ha explicado que publicará la posición exacta cuando ese trámite esté completo y que después se integrará en las cartas y conjuntos de datos relevantes.
La expedición prevé analizar después los datos y modelizar qué papel tienen los organismos del hielo en el ciclo del carbono del océano Austral. El AWI indica que la campaña terminaba en las Islas Malvinas el 9 de abril de 2026 y que el Polarstern regresaría a Bremerhaven a mediados de mayo.
El comunicado oficial se ha publicado en el Instituto Alfred Wegener (AWI).












