Bélgica está levantando en el Mar del Norte una infraestructura que suena casi a ciencia ficción, una isla artificial hecha con enormes cajones de hormigón para recoger electricidad de futuros parques eólicos marinos y enviarla a tierra. Se llama Princess Elisabeth Island, estará a 45 kilómetros de la costa belga y el Banco Europeo de Inversiones la presenta como la primera isla artificial de energía del mundo.
La obra ya ha superado un hito clave. DEME comunicó el 29 de enero de 2026 que el último de los 23 cajones de hormigón se había completado y puesto a flote en Vlissingen, en Países Bajos. Pero la noticia tiene una segunda lectura, porque el proyecto también arrastra una pregunta delicada, cuánto costará finalmente conectar toda esa electricidad sin cargar más de la cuenta a los consumidores.
Un enchufe gigante en el mar
La isla no será un parque eólico en sí mismo. Su papel será más parecido al de un gran punto de conexión en alta mar, una especie de enchufe gigante donde llegarán los cables de los aerogeneradores y desde donde la electricidad viajará hacia la red belga. En la práctica, esto puede ordenar mejor la eólica marina y reducir el caos de cables sueltos llegando a la costa.
¿Qué significa esto para alguien que solo piensa en la factura de la luz? Significa que Bélgica quiere aprovechar más viento del Mar del Norte y llevarlo a los centros de consumo con una red más fuerte. El BEI señala que el proyecto debe conectar nuevos parques eólicos e interconectores con la red terrestre. No es poca cosa.
Los cajones que forman la isla
La parte más visible del proyecto son los cajones de hormigón. No son cajas pequeñas, sino estructuras enormes que se fabrican en tierra, se remolcan por mar y se hunden de forma controlada en el punto elegido. Una vez colocadas, forman el perímetro exterior de la futura isla.
Cada uno pesa alrededor de 22.000 toneladas y mide unos 58 metros de largo, 28 metros de ancho y entre 23 y 32 metros de alto, según la configuración de la pared contra tormentas. Después se rellenan con arena para crear una superficie de unas seis hectáreas, con puerto y helipuerto para operaciones de mantenimiento. Es obra pesada, de la que no se improvisa con mal tiempo.
Cómo viajará la electricidad
El proyecto se apoya en infraestructura de alta tensión. La corriente alterna se usa de forma habitual en las redes eléctricas, mientras que la corriente continua de alta tensión suele tener sentido en grandes distancias y cables submarinos de mucha capacidad. Dicho más simple, no basta con poner molinos en el mar, también hay que sacar esa energía de forma estable.
La ficha publicada por el BEI para la segunda fase, fechada el 7 de abril de 2026, describe infraestructura eléctrica con una subestación de 220 kV, cabinas de 66 kV, transformadores y seis cables trifásicos de 220 kV entre la isla y la subestación terrestre. kV significa kilovoltios, una medida de tensión eléctrica. Es la parte menos vistosa del proyecto, pero la que decide si la energía llega a casa o se queda en el papel.
El coste ha cambiado el guion
Aquí está el punto más importante. La isla sigue adelante, pero la parte ligada a la corriente continua de alta tensión se ha revisado por el aumento de costes. Elia explicó en junio de 2025 que no firmará el contrato previamente negociado para la compra de infraestructura HVDC y que se buscará una alternativa más barata para mantener los objetivos principales.
Frédéric Dunon, consejero delegado de Elia Transmission Belgium, afirmó que apoyan una configuración «adaptada a las condiciones actuales del mercado». Ese matiz importa mucho. No se trata solo de una gran obra verde, sino de una infraestructura que debe ser útil, financiable y razonable para el sistema eléctrico. Si no, el entusiasmo inicial puede acabar convertido en sobrecoste.
También mira al Reino Unido
La ambición de la Princess Elisabeth Island no termina en Bélgica. El plan contempla que la isla pueda servir como punto de apoyo para interconexiones con otros países, especialmente con Reino Unido. Cuando una red se conecta mejor con otra, puede comprar o vender electricidad según la demanda, el viento disponible y los precios.
Eso puede reforzar la seguridad energética, sobre todo en una Europa que sigue intentando depender menos de los combustibles fósiles importados. Pero también añade complejidad. Habrá que coordinar gobiernos, reguladores, operadores de red y empresas, algo que nunca avanza tan rápido como una grúa en un vídeo promocional.
La parte ambiental
Una isla de hormigón en el mar tiene impacto, aunque se construya para acelerar las renovables. Por eso, Elia plantea un diseño que incluye medidas para favorecer la biodiversidad, con espacios de nidificación para aves y estructuras submarinas pensadas para ostras y otros organismos marinos. Según el BEI, la idea es que parte de la infraestructura pueda funcionar como arrecife artificial.
Esto no convierte la obra en naturaleza virgen. Simplemente intenta reducir daños y aprovechar una estructura inevitable para crear nuevos refugios. El propio BEI recoge que el proyecto fue sometido a evaluación ambiental y que la autoridad competente emitió un permiso ambiental el 26 de septiembre de 2023. Ese control será clave durante la construcción.
Lo que hay que vigilar ahora
El próximo paso será ver cómo avanzan la instalación de los cajones restantes en el mar, el relleno con arena y la preparación interior de la isla. También habrá que seguir la nueva solución para la parte eléctrica más cara, porque de ella dependen el calendario, el coste final y parte de la capacidad eólica que podrá conectarse.
En resumen, Bélgica no está construyendo una isla por capricho. Está probando una nueva forma de llevar la eólica marina a gran escala hasta la red eléctrica. Si funciona bien, puede marcar camino para otros países del Mar del Norte. Si se encarece demasiado, también será una advertencia.
El comunicado oficial más reciente sobre la finalización de los cajones de hormigón fue publicado por DEME Group.












