Científicos de Corea del Sur presentan un inesperado invento que podría transformar el CO2 en toneladas de combustible líquidos más eficiente de lo habitual

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Publicado el: 26 de mayo de 2026 a las 15:36
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Planta piloto de KRICT en Corea del Sur para convertir CO2 en combustible líquido y gasolina sintética.

Corea del Sur acaba de dar un paso llamativo en una de las carreras más difíciles de la transición energética. Un equipo del Instituto Coreano de Investigación en Tecnología Química ha demostrado una planta piloto capaz de transformar dióxido de carbono e hidrógeno en hidrocarburos líquidos, como gasolina y nafta, con una producción de 50 kilos al día.

La noticia suena casi a truco, pero no lo es. La clave está en una tecnología de hidrogenación directa que evita parte de los pasos tradicionales y busca convertir emisiones industriales en una materia prima útil. Eso sí, hay una pregunta que lo cambia todo. ¿De dónde sale el hidrógeno que alimenta el proceso?

Qué han conseguido realmente

El avance no significa que el CO2 desaparezca sin más. Lo que ha logrado el equipo surcoreano es usar dióxido de carbono junto con hidrógeno para producir combustibles líquidos en una instalación piloto, no solo en un ensayo pequeño de laboratorio. Y eso ya marca una diferencia.

El proyecto lo lidera el equipo de la doctora Jeong-Rang Kim en KRICT, junto a GS Engineering & Construction y Hanwha TotalEnergies. La investigación forma parte del programa surcoreano de fabricación química a partir de recursos de carbono, apoyado por el Ministerio de Ciencia y TIC de Corea del Sur.

Antes de este salto, el mismo grupo ya había completado una miniplanta de 5 kilos diarios y transfirió la tecnología a empresas en 2022. A finales de 2025, el equipo construyó una planta piloto de 50 kilos diarios, y ahora apunta a diseñar procesos comerciales de más de 100 000 toneladas anuales. No es poca cosa.

Cómo se convierte el CO2 en combustible

La mayoría de las tecnologías de este tipo suelen pasar por dos etapas. Primero convierten el CO2 en monóxido de carbono mediante una reacción que puede exigir temperaturas superiores a 800 ºC. Después, ese monóxido de carbono se transforma en hidrocarburos líquidos con hidrógeno.

El sistema de KRICT intenta acortar ese camino. Su catalizador permite que el CO2 y el hidrógeno reaccionen de forma directa para producir hidrocarburos líquidos, sin recurrir al paso convencional de conversión previa a monóxido de carbono como etapa separada. En la práctica, esto puede simplificar la planta y reducir parte del gasto energético.

La instalación trabaja en condiciones relativamente moderadas para este tipo de química, entre 270 y 330 ºC y entre 10 y 30 bar. Según KRICT, el sistema alcanza un rendimiento de síntesis cercano al 50 % gracias a reacciones en varias fases y a la recirculación de materiales que no reaccionan en el primer paso.

El catalizador es el corazón del invento

Detrás de la noticia hay una parte menos vistosa, pero decisiva. El estudio científico se centra en catalizadores KFeZnOx y Zn/HZSM-5, materiales que ayudan a dirigir la reacción hacia hidrocarburos del rango de la gasolina.

La investigación publicada en ACS Sustainable Chemistry & Engineering indica que ajustar el contenido de zinc y la acidez de la zeolita permite limitar la formación de aromáticos y compuestos pesados. La muestra 3Zn/HZSM-5 logró una selectividad del 97 % hacia hidrocarburos C5-C12 dentro de los productos líquidos.

Dicho de forma sencilla, no basta con juntar CO2 e hidrógeno y esperar un combustible útil. Hay que empujar la reacción para que produzca moléculas del tamaño adecuado. Si el catalizador se desvía, se pierde eficiencia y aparecen productos menos interesantes.

Por qué interesa a la energía

Este tipo de avance llama la atención porque los combustibles líquidos siguen siendo muy difíciles de sustituir en algunos sectores. Los coches eléctricos ya están cambiando la movilidad urbana, pero la aviación, el transporte marítimo y parte de la industria química tienen otro ritmo.

La nafta, por ejemplo, es una materia prima clave para fabricar plásticos y otros productos petroquímicos. La gasolina sigue asociada al transporte por carretera, aunque su papel deberá reducirse con la electrificación. En el fondo, lo que busca esta tecnología es ofrecer una vía para fabricar esos líquidos sin depender de extraer siempre más petróleo.

KRICT sostiene que, si llega a comercializarse, el sistema podría ayudar a reducir la dependencia del petróleo importado y reforzar la seguridad energética. Es una lectura industrial, pero también climática, siempre que el proceso se conecte con energías renovables y captura de CO2 bien medida.

El punto débil está en el hidrógeno

Aquí conviene bajar un poco la emoción. Un combustible sintético hecho con CO2 no es automáticamente limpio. Si el hidrógeno se obtiene a partir de gas natural o carbón sin capturar sus emisiones, el beneficio climático puede quedar muy tocado.

Por eso, el propio equipo apunta a la conexión con energías renovables. En palabras de los investigadores, «cuando se conecte con energías renovables, esta tecnología puede convertirse en un elemento clave» de los sistemas Power to Liquids. Esa expresión se refiere a usar electricidad renovable, hidrógeno verde y CO2 capturado para fabricar combustibles sintéticos líquidos.

¿Qué significa esto para alguien que lee la noticia desde casa? Que el invento no sustituye a la reducción de emisiones, ni a la eficiencia, ni a la electrificación cuando sea posible. Puede ser una herramienta para los sectores más difíciles, pero no una excusa para seguir quemando combustibles como siempre.

Lo que falta antes de verlo a gran escala

El salto de 50 kilos diarios a más de 100 000 toneladas al año es enorme. Para llegar ahí, el equipo tendrá que acumular datos de operación a largo plazo, optimizar la planta piloto, estudiar costes reales y evaluar con rigor cuánto CO2 se reduce en todo el ciclo.

También habrá que comprobar la estabilidad de los catalizadores, el precio del hidrógeno renovable y la disponibilidad de CO2 capturado. En una fábrica real, cada parada, cada pérdida de rendimiento y cada subida de la electricidad se nota. Y eso se paga.

Aun así, el avance tiene algo importante. Ya no se habla solo de una reacción prometedora en un laboratorio, sino de una planta piloto con producción diaria medible, bidones de combustible y un plan de escalado industrial. El reloj de la descarbonización corre deprisa, pero este tipo de tecnologías empiezan a enseñar sus cartas.

El comunicado oficial ha sido publicado por el Instituto Coreano de Investigación en Tecnología Química.


Javier F.

Periodista, licenciado en la Universidad Nebrija, diez años en Onda Cero, y ahora en proyectos profesionales como Freelance. Especializado en contenido SEO y Discover

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