Portugal acaba de dar luz verde a una infraestructura que puede marcar un antes y un después en la gestión del agua al sur del país. La Agencia Portuguesa de Medio Ambiente ha aprobado el arranque de la primera Estación de Desalinización de Agua de Mar para abastecimiento público en Portugal continental, que se levantará en Albufeira y cuya entrada en funcionamiento está prevista para 2028.
La noticia llega con una cifra grande encima de la mesa, 107,9 millones de euros, y con una promesa muy concreta. La planta podrá producir en una primera fase hasta 16 hectómetros cúbicos de agua potable al año, con opción de ampliarse más adelante hasta 24 hectómetros cúbicos. Pero no es una solución mágica. Es una obra estratégica, sí, aunque también llega rodeada de condiciones ambientales, vigilancia pública y contestación social.
La primera del continente
La futura desaladora del Algarve será una nueva fuente de agua potable para una región acostumbrada a mirar al cielo con preocupación. Cuando no llueve durante meses, los embalses bajan, los pozos sufren y la presión sobre el sistema se nota en casas, hoteles, campos agrícolas y servicios públicos.
Según Águas do Algarve, la autorización llega tras la evaluación de los elementos previos exigidos en la Decisión de Conformidad Ambiental del Proyecto de Ejecución, emitida el 25 de noviembre de 2025. Esa viabilidad no es una carta blanca. Está condicionada al cumplimiento de medidas de mitigación, minimización, seguimiento y compensación ambiental.
El auto de consignación de la obra se firmó el 22 de abril de 2026. El proyecto será ejecutado por un agrupamiento de empresas formado por Luságua, Aquapor y GS Inima Environment, de acuerdo con la información oficial de Águas do Algarve.
Cuánta agua producirá
La capacidad inicial será de 16 hm³ al año. Traducido a una escala más fácil de imaginar, hablamos de 16 millones de metros cúbicos de agua potable al año. No es poca cosa.
El diseño también deja preparada la infraestructura para una segunda fase, en la que podría llegar a 24 hm³ anuales. La propia documentación oficial señala que la planta se ha planteado con una primera producción de 500 litros por segundo y con posibilidad de subir hasta 750 litros por segundo en la ampliación futura.
¿Qué significa esto en la práctica? Que el Algarve contará con una fuente de agua que no depende directamente de la lluvia de ese invierno. A cambio, la desalación exige energía, control técnico y una gestión muy fina de sus impactos.
Por qué el Algarve mira al mar
El sur de Portugal vive desde hace años una relación complicada con el agua. La región tiene ciclos de sequía prolongada, mucha presión turística en verano y una demanda que sube justo cuando el calor aprieta más. Ese calor pegajoso que ya todos conocemos en el Mediterráneo también pesa en las decisiones públicas.
Águas do Algarve justifica el proyecto por la necesidad de garantizar el abastecimiento público incluso en periodos de sequía prolongada. Además, sitúa la obra dentro del Plan Regional de Eficiencia Hídrica del Algarve y de la Componente C09 del Plan de Recuperación y Resiliencia portugués.
En el fondo, lo que se busca es diversificar. No depender solo de embalses, acuíferos o trasvases. La desaladora sería una especie de seguro para los años malos, aunque ese seguro también tiene costes.
El coste ambiental importa
La desalación convierte agua de mar en agua apta para consumo humano, pero el proceso no termina ahí. También genera salmuera, que debe gestionarse correctamente para no dañar el entorno marino. En la documentación del contrato se recoge un emisario para transportar esa salmuera hasta el mar.
Por eso el proyecto incorpora equipos de alta eficiencia, sistemas de recuperación de energía y medidas de protección de ecosistemas marinos y terrestres. Águas do Algarve asegura que habrá seguimiento ambiental continuo y acciones para proteger la biodiversidad.
La pregunta clave no es solo si la desaladora funciona. La pregunta es cómo funcionará, en qué momentos se usará a plena capacidad y qué controles reales tendrá sobre el agua captada, la salmuera y el consumo energético. Ahí está buena parte del debate.
Una obra vigilada
El Gobierno portugués ha creado un grupo de acompañamiento para seguir la construcción de la EDAMA. Estará presidido por la Agencia Portuguesa de Medio Ambiente e incluirá, entre otros, a Águas do Algarve, municipios, asociaciones de pescadores, organizaciones ecologistas, Turismo do Algarve y la Universidad del Algarve.
La ministra portuguesa de Ambiente y Energía, Maria da Graça Carvalho, defendió que se busca una obra «acompañada de cerca por las comunidades y por las entidades que conocen el territorio». También afirmó que el agua desalinizada será «un seguro estratégico» y no un sustituto de una mejor gestión de los recursos existentes.
Ese matiz es importante. La desaladora no debería entenderse como permiso para gastar más agua. Debería servir para reducir el riesgo en momentos críticos.
La contestación sigue abierta
La obra no llega sin oposición. RTP informó de protestas de pescadores y ambientalistas contra la desaladora, con una marcha por mar y un cordón humano en la zona de Albufeira. Los críticos piden más estudios y alertan sobre posibles impactos en el medio marino y en la actividad pesquera.
Además, el calendario tiene un matiz legal reciente. La antigua propietaria de un terreno expropiado presentó una providencia cautelar contra actos administrativos vinculados al proyecto, con efectos suspensivos inmediatos sobre las obras, según informó Lusa a través del Jornal do Algarve. Águas do Algarve confirmó que había sido notificada y señaló que la decisión final corresponde a los tribunales.
Esto no significa, por sí solo, que el proyecto quede cancelado. Pero sí obliga a mirar las fechas con prudencia. En una infraestructura de este tamaño, el agua importa, pero los permisos también.
Lo que viene ahora
Los próximos pasos pasan por resolver el frente judicial, mantener el control ambiental y concretar cómo se integrará esta nueva fuente en el sistema de abastecimiento del Algarve. También habrá que comprobar si la planta se usará solo como apoyo en periodos de escasez o si acabará teniendo un papel más habitual.
La desaladora del Algarve abre una etapa nueva para Portugal continental. Puede reforzar la seguridad hídrica de una región vulnerable, pero su éxito dependerá de algo más que construir tuberías y membranas. Dependerá de ahorrar agua, vigilar el mar y explicar bien cada decisión. Y eso se nota.
El comunicado oficial más reciente sobre la autorización de la obra ha sido publicado por Águas do Algarve.










