Una estudiante canadiense de 15 años construyó una linterna que se enciende con el calor de la mano, sin pilas ni enchufes, y ganó su categoría en la Feria de Ciencias de Google con una luz que usa menos de una milésima de vatio

Por HoyECO
Publicado el 29 de septiembre de 2026 a las 09:43
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Una pequeña linterna LED metálica sobre una superficie blanca

En 2013, la canadiense Ann Makosinski tenía 15 años y construyó una linterna capaz de encender un LED aprovechando el calor de la mano. Su proyecto, llamado Hollow Flashlight, ganó la categoría de 15 a 16 años de la Feria de Ciencias de Google.

La idea permitía obtener luz sin cambiar pilas ni buscar un enchufe, pero dependía de una condición fundamental. La palma debía estar más caliente que el ambiente para mantener la diferencia de temperatura que alimentaba el dispositivo.

Una amiga como inspiración

Makosinski estudiaba en St. Michaels University School, en Victoria, Columbia Británica. Según relató posteriormente su colegio, una amiga de Filipinas tenía dificultades para estudiar por la noche porque carecía de electricidad, y aquella situación impulsó el proyecto.

El problema era concreto y cotidiano. Poder abrir un libro después de ponerse el sol dependía de disponer de una fuente de luz, así que la joven buscó una forma de aprovechar una energía que ya tenía cerca.

Cómo convierte calor en electricidad

El diseño utilizaba cuatro módulos termoeléctricos conocidos como placas Peltier. Cuando sus dos caras se encuentran a distinta temperatura, estos componentes pueden generar una pequeña tensión eléctrica mediante el efecto Seebeck.

La mano calentaba una cara y el aire ayudaba a refrigerar la otra. El dispositivo aprovechaba parte del calor que fluía entre ambas, un principio físico conocido desde el siglo XIX y utilizado también en generadores de misiones espaciales.

¿Bastaba con conectar las placas a una bombilla? Hacía falta adaptar la electricidad obtenida, por lo que el diseño incorporaba un circuito que elevaba la tensión hasta permitir el funcionamiento del LED.

El hueco tenía una función

El nombre Hollow Flashlight significa “linterna hueca” y describe una pieza decisiva del invento. Un tubo de aluminio permitía disipar calor hacia el aire que circulaba por su interior, ayudando a mantener fría una de las caras de los módulos.

Si ambos lados alcanzaran la misma temperatura, desaparecería la tensión generada por ese contraste térmico. De ahí se deduce una limitación práctica, pues un ambiente demasiado cálido reduciría la diferencia disponible respecto a la mano y dificultaría obtener electricidad.

Qué demostraron las pruebas

En la ficha del proyecto presentada a la feria científica canadiense de 2013, Makosinski indicaba que su linterna funcionaba con una diferencia de temperatura de cinco grados. Era una demostración de que un pequeño salto térmico podía bastar para producir luz.

Una crónica de la universidad KAUST, publicada tras una charla de la inventora en 2017, recogió que el dispositivo podía iluminar durante unos 20 minutos. Esa duración describe el funcionamiento divulgado del prototipo y no debe interpretarse como una autonomía garantizada en cualquier ambiente.

La patente estadounidense de 2017 aporta otra referencia útil para entender la escala del experimento. En dos montajes ensayados registró potencias eléctricas en el LED de 0,7 y 0,45 milivatios, ambas inferiores a una milésima de vatio.

Menos pilas y nuevos retos

Prescindir de pilas de recambio plantea una posible ventaja ambiental, porque evitaría consumirlas durante el uso. Para saber cuánto mejoraría el balance del dispositivo habría que evaluar también sus materiales, fabricación, duración y tratamiento al convertirse en residuo.

La propia Makosinski reconocía que había margen de mejora. “Planeo hacer mi linterna más pequeña, más brillante y más eficiente”, escribió en la documentación del concurso canadiense, dejando claro que el proyecto tenía trabajo por delante.

El aprovechamiento del calor corporal también ha interesado a otros investigadores. En 2021, un equipo de la Universidad de Colorado Boulder presentó un generador flexible que podía llevarse como anillo o pulsera, con la intención de alimentar pequeños aparatos electrónicos mediante el calor de la piel.

Del prototipo al mercado

¿Se puede comprar aquella linterna como cualquier modelo de una ferretería? La web oficial de Makosinski presenta la llegada al mercado de su tecnología como una aspiración, de modo que esa información no permite anunciar una disponibilidad comercial confirmada.

Lo demostrado sigue siendo interesante por sí mismo. Una estudiante consiguió utilizar una pequeña diferencia de temperatura para alimentar una luz, y el resultado ayuda a entender tanto las posibilidades de recuperar calor como los límites que impone la potencia disponible.

El proyecto corresponde a 2013 y debe leerse con esa fecha en mente. La descripción del invento y sus perspectivas de comercialización están publicadas en la web oficial de Ann Makosinski.

Imagen: El Grafo / Wikimedia Commons (CC BY-SA 4.0)

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