En Lemmes, Osches y Vadelaincourt, tres pueblos del Mosa golpeados por la sequía en Francia, el depósito de agua municipal aguanta unos dos días lleno, y lo rellenan camiones cisterna con un gasto de transporte de 700 euros al día.
El país ha llegado a octubre con 79 departamentos en el nivel de «crisis», el más alto de restricciones, según VigiEau, y con 81.300 personas que el 23 de septiembre dependían de camiones cisterna o de agua embotellada para beber, cocinar y lavarse, según el último recuento del Ministerio de Transición Ecológica revelado por France Inter.
Un depósito que se vacía en dos días
«Llenamos el depósito y ahora mismo aguantamos más o menos dos días, con el depósito lleno al máximo. Si no lo abastecemos nosotros, ya no hay agua en los pueblos, ya no hay agua en el grifo», explicó a France Inter Hervé Corvisier, presidente del sindicato de aguas de esos tres municipios.
En esa zona del Mosa el acuífero está seco y no se puede bombear. «Desde principios de abril no hemos tenido nada de precipitaciones, ni siquiera una tormenta, es algo nunca visto», añadió Corvisier, que pide ayuda económica al Estado para pagar ese sobrecoste.
El 9 de septiembre, la ministra de Transición Ecológica, Monique Barbut, habló de «64.000 habitantes que todavía tienen que ser abastecidos por camiones cisterna o con botellas de agua para beber, para comer o para lavarse», según recogió la agencia AFP, y dos semanas después el recuento del ministerio sumaba unas 17.300 personas más.
El tercer septiembre más seco desde 1958
El balance climático de Météo-France, la agencia meteorológica francesa, sitúa septiembre de 2026 como el segundo más cálido desde que empezaron las mediciones en 1900, con 3,1 °C por encima de la media de 1991-2020, solo por detrás de septiembre de 2023, que llegó a 3,6 °C por encima.
Fue también el tercer septiembre con menos lluvia desde 1958, por detrás de los de 1977 y 1985, con un déficit medio del 70 % en todo el país. «Desde marzo de 2026, Francia no ha tenido ningún mes excedentario en lluvia», escribe el organismo, que recuerda los déficits de abril (60 %), junio (50 %) y julio (60 %).
Es además el cuarto mes seguido con una anomalía de temperatura superior a 3 °C, algo «nunca visto durante más de tres meses consecutivos», y la ola de calor del 3 al 8 de septiembre dejó 40,3 °C en Lavaur (Tarn).
Los suelos marcan mínimos nunca vistos en esta época
El indicador nacional de sequía de los suelos, con el que Météo-France sigue el agua que queda en la tierra, «se mantuvo casi todo el mes de septiembre en un nivel bajo nunca observado para este periodo del año», y antes de las lluvias de finales de mes rozaba el récord seco absoluto que se había marcado en agosto.

«La práctica totalidad de Francia está afectada por una sequía que, de media, solo se produce una vez cada 10 años», escribe el organismo, que señala el eje suroeste-noreste como el más castigado.
A comienzos de septiembre, además, el 61 % de las capas freáticas, las reservas de agua subterránea que alimentan pozos y manantiales, estaba por debajo de sus niveles normales, según el BRGM, el servicio geológico nacional francés, citado por AFP.
Qué permite y qué prohíbe el nivel de crisis
Francia gradúa las restricciones en cuatro niveles: vigilancia, alerta, alerta reforzada y crisis. El último, explica la Régie Malouine de l’Eau, la empresa pública de agua de Saint-Malo, «activa prohibiciones para preservar los usos prioritarios: salud, seguridad civil, acceso al agua potable y mantenimiento de la salubridad». En casa se puede beber, cocinar y asearse, pero no lavar el coche ni llenar la piscina.
Los datos de VigiEau, la plataforma oficial que reúne las órdenes de los prefectos, daban el 9 de octubre 79 departamentos de los 96 de la Francia metropolitana con al menos una zona en crisis. France Inter contaba, además, 1,28 millones de personas que viven en zonas donde la red de agua potable tiene un riesgo real de corte y otros 6,22 millones en zonas con signos de fragilidad.
Saint-Malo calcula cuántos días de agua le quedan
En Bretaña, una región poco acostumbrada a quedarse sin agua, el sindicato Eau du Pays de Saint-Malo abastece a unas 145.000 personas a partir de embalses que se llenan con la lluvia. «Nos queda menos de un tercio de las reservas, lo que significa en concreto que, si no tenemos lluvia significativa en los próximos meses, nos faltará agua a finales de noviembre», dijo a France 2 su director, Franck-Olivier Henry.
En declaraciones a France 3 Bretagne, Henry explicó que «en los casos más pesimistas, estamos más o menos a 75 días de reserva de agua potable», y en «un 20 % de los casos» de sus previsiones los embalses acabarían vaciándose «a finales de noviembre o principios de diciembre». Para que los ríos reaccionen, calcula que harían falta unos 150 mm de lluvia como mínimo.
Entre marzo y agosto, según Henry, la zona ha vivido «el segundo año más seco desde 1950», y a eso se suma que la gente no está ahorrando como en la sequía de 2022. «Cuando pasamos a alerta de crisis [en 2022], vimos una bajada significativa de los consumos y un verdadero cambio de comportamiento de los usuarios; este año no lo observamos», lamentó.
Los carteles piden a los vecinos 40 litros por persona y día, frente a los 55 que se gastan ahora. Jean-Francis Richeux, cargo electo responsable del agua en la aglomeración, contó a France 2 que van a reutilizar el agua de la depuradora de Saint-Malo, en la línea de quienes en Francia ya buscan convertir las depuradoras en una reserva estratégica. «Pero si los consumidores no prestan atención, nos costará seguir el ritmo», advirtió.
Entre el 20 de octubre y el 1 de noviembre, en plena escasez, la ciudad acoge el village, el recinto de salida de la Route du Rhum, la regata transatlántica en solitario que en 2022 atrajo a 1,5 millones de visitantes y supuso un consumo extra de 35.000 metros cúbicos, el equivalente a día y medio de consumo medio en la comarca. «Si consideramos que nos quedan 75 días, un día y medio no es determinante, aunque tampoco es despreciable», resumió Henry.
Las lluvias del sur alivian solo una pequeña parte del país
Los días 29 y 30 de septiembre, un episodio mediterráneo descargó 340 mm en Saint-Hippolyte-du-Fort (Gard), 269 mm en Prades-le-Lez (Hérault) y 154 mm en Montpellier, y obligó a poner el Gard y el Hérault en vigilancia roja por lluvias e inundaciones, según Météo-France.
Según France Inter, esas lluvias tocaron solo una parte muy pequeña del territorio, y además la lluvia no borra enseguida las secuelas de la sequía.
Fuera de Francia, este verano la sequía bajó tanto el Danubio en Bulgaria que dejó a la vista restos de un mamut, y en Estados Unidos la caída del lago Mead ha sacado a la luz un pueblo de Nevada que la presa Hoover empezó a inundar en 1935.
Barbut, encargada por el primer ministro, Sébastien Lecornu, de reforzar el plan de adaptación al cambio climático, dijo en septiembre: «Quiero, en particular, que aceleremos en la reutilización de las aguas residuales tratadas y en la gestión de las aguas pluviales», y admitió que «no podremos adaptar Francia entera en 2027», aunque sí «limitar las zonas de crisis» vividas este año.
Lo que las cifras todavía no dicen
El dato de 81.300 personas es del 23 de septiembre y no hay un recuento oficial posterior, así que puede haber cambiado.
Los 79 departamentos tienen al menos una zona en crisis, y el resto de su territorio puede estar en niveles más bajos, porque las medidas se fijan por cuencas. Y los cálculos de Saint-Malo dependen de cómo llueva: «Si es en dos días o si es en dos meses, no es lo mismo», advirtió Henry en France 3.
El balance climático completo de septiembre de 2026 se ha publicado en la web de Météo-France, y el recuento de personas abastecidas con camiones cisterna procede del Ministerio de Transición Ecológica, con datos a 23 de septiembre de 2026.
Jocelyn Pierrard, director de la Régie Malouine de l’Eau, lo resumió así en France 3: «Es importante ahorrar el agua que nos queda».
Imagen: Marc Mongenet / Wikimedia Commons (CC BY-SA 4.0)












