Un robot submarino grabó frente a Malta entre 100 y 150 rayas águila comiendo pescado bajo una jaula de atún y los científicos creen que es la mayor concentración conocida de esta especie amenazada

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Por HoyECO
Publicado el 15 de octubre de 2026 a las 12:36
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Rayas águila nadando sobre el fondo cubierto de pescado bajo una jaula de atún en Malta, grabadas por un robot submarino

El 24 de octubre de 2024, a unos 50 metros de profundidad frente a la costa nororiental de Malta, la cámara de un robot submarino recorrió el fondo de una granja de atún cubierto del pescado fresco que caía de una de las jaulas. Sobre ese fondo nadaban y comían a la vez entre 100 y 150 rayas águila (Myliobatis aquila), la mayor concentración de esta especie descrita hasta ahora, según sus autores.

Andrew Agius, Joseph A. Borg y Patrick J. Schembri, del Departamento de Biología de la Universidad de Malta, publicaron la observación el 11 de abril de 2026 en la revista Marine Biodiversity. Concluyen que el pescado sobrante del engorde del atún fue el motivo principal de la reunión, sin descartar del todo el apareamiento.

Una inspección rutinaria bajo las jaulas

Las imágenes salieron del seguimiento ambiental que se hace dos veces al año en la granja, con una metodología pactada con las autoridades ambientales maltesas. La empresa Ecoserv Ltd grabó el vídeo y AJD Tuna Ltd, que gestiona la instalación, autorizó a los investigadores a usarlo.

Un ROV, un vehículo submarino manejado desde la superficie, hizo un recorrido de unos cinco minutos bajo cada una de las ocho jaulas elegidas al azar entre las 24 de la granja, a entre 50 y 55 metros de profundidad. También grabó cuatro puntos de control alejados de la granja, con la misma profundidad y el mismo tipo de fondo.

Más de cien rayas donde caía el pescado

Tres de las ocho jaulas tenían pescado fresco acumulado debajo. Junto a una de ellas apareció el grupo grande, y contarlo con exactitud fue difícil, porque eran muchísimas y no dejaban de moverse.

«Basándonos en recuentos manuales de capturas de pantalla de las imágenes, estimamos que la agregación reunía entre 100 y 150 individuos», escriben los autores. En una sola de esas capturas calculan que podría haber unas 100 rayas.

Bajo las cinco jaulas sin pescado en el fondo solo vieron una raya águila, y en los puntos de control, situados a cerca de un kilómetro, no apareció ninguna raya de ningún tipo.

Comían el pescado que sobra del engorde del atún

El engorde de atún rojo del Atlántico es una de las grandes actividades acuícolas de Malta y sigue el modelo de las granjas que encierran atunes salvajes en jaulas para engordarlos. Parte del pescado con que se alimenta a los atunes acaba en el fondo, y allí se concentraban las rayas.

La cámara las grabó bajando a comer. «Cuando se alimentaban de los peces del fondo, chocaban con frecuencia entre sí, y también se observó a dos individuos tirando del mismo pez», describen los investigadores.

Para el equipo, «sólidas pruebas circunstanciales apuntan a que la agregación de M. aquila se formó para carroñear los restos de pescado de la alimentación del atún». Y aunque no fuera la única razón, «la presencia de comida parece ser un factor que contribuye con fuerza a la formación de estas agregaciones».

La raya águila común come sobre todo moluscos. Los autores plantean que esta oferta fácil puede cambiar su dieta y retenerla cerca de las granjas en la temporada alta.

Un récord en una especie que rara vez se ve en grupo

Las agregaciones de esta raya se han descrito pocas veces. En las Azores, Pedro Afonso y Nuno Vasco-Rodrigues vieron en 2014 grupos de entre 20 y 30 ejemplares que parecían todas hembras, y frente a la isla de Marettimo, al noroeste de Sicilia, Grancagnolo y Arculeo describieron en 2021 grupos de unos 30 animales dentro de un área marina protegida. Las grabaciones de rayas grandes en el Mediterráneo todavía sorprenden a los científicos, como ocurrió con la manta gigante oceánica filmada en Cabo Tiñoso, en Murcia.

En el Adriático, el 26 % de los 218 pescadores encuestados en un estudio de Barbato y colaboradores, publicado en 2021, dijo haber visto o capturado grupos de esta raya, de más de 50 ejemplares de tallas y sexos mezclados, y los encuestados añadieron que cada vez son menos frecuentes. Aun así, «las pruebas de este tipo de agregaciones en imágenes o vídeo son extremadamente raras», escriben los autores malteses.

Ejemplares grandes y jóvenes recién incorporados

Varias rayas del grupo principal tenían un disco, el cuerpo aplanado en forma de rombo, de más de 80 centímetros de ancho, y otras rondaban los 20 centímetros. Las medidas salen de compararlas con los peces del fondo, de unos 20 centímetros.

Las más pequeñas serían, según los autores, reclutas recientes: jóvenes recién incorporados a la población. La guía de rayas del Mediterráneo de la CIESM sitúa el tamaño al nacer de la especie en unos 19 centímetros de anchura de disco.

Las que pudieron ver de cerca parecían hembras, porque no tenían pterigopodios, los órganos copuladores de los machos. El ROV solo se acercó lo suficiente a un puñado de animales, así que el equipo no descarta que hubiera machos en el grupo.

La observación coincidió más o menos con la época de cría, aunque los ejemplares pequeños indican, según los autores, que podía haber terminado ya. Si hay una zona de cría cerca sigue sin saberse, y comprobarlo exige estudios como el que llevó a la Universidad de Alicante a concluir que la playa de San Juan es una guardería de rayas.

El riesgo de una concentración tan previsible

La raya águila común figura como en peligro crítico a escala mundial en la Lista Roja de la UICN de 2021 y como vulnerable en el Mediterráneo, según la evaluación regional de 2016. «La reunión de un número muy grande de individuos en un área pequeña tiene implicaciones para la conservación», escriben los autores.

Las zonas de engorde de atún en Malta están restringidas a la navegación, pero solo en la superficie que ocupa la instalación, y «los pescadores son libres de faenar a pocos metros de las granjas de atún», recuerda el artículo.

En Malta no hay una pesquería dirigida a esta raya, aunque sí se pesca y se comercia en otras partes del Mediterráneo. La guía de la CIESM la señala como «la especie más afectada por los arrastreros pelágicos en el mar Adriático».

Según los investigadores, saber que se forman grupos tan grandes junto a las granjas «podría convertir a la especie en un objetivo de oportunidad para los pescadores locales», y sugieren que limitar más la pesca en una franja de protección alrededor de la instalación podría ser beneficioso.

Lo que el vídeo no puede responder

El trabajo se basa en un único recorrido de vídeo por jaula: no se capturó ni se manipuló a ningún animal, y las tallas y el sexo se estimaron solo con las imágenes. En el apartado de conflictos de interés, el artículo deja escrito que Schembri «ha prestado servicios de consultoría al operador de la granja de atún en el pasado», que Borg «presta actualmente esos servicios» y que Agius trabaja ahora en programas de seguimiento de terceros para esa granja. Los autores declaran, eso sí, que no tienen intereses económicos en el trabajo.

Para su tesis de máster en la Universidad de Malta, de 2026, Devin Rae Seckar hizo 19 entrevistas a personal y técnicos de seguimiento de cuatro granjas maltesas y anotó 41 especies silvestres y 143 observaciones. Según su resumen, las reuniones de fauna se deben sobre todo «al pescado de cebo no consumido», al refugio que dan las jaulas y a la cercanía de rutas migratorias. Seckar ve algunos beneficios locales, pero advierte de que esos aportes de comida previsibles «pueden crear trampas ecológicas, dependencia conductual y cambios en los patrones naturales de movimiento».

Agius y sus colegas escriben algo parecido: si los animales de la zona se acostumbran demasiado a festines como este, «esto podría afectar a su capacidad de obtener alimento cuando esas fuentes oportunistas no estén». Y reconocen que «queda por ver si este avistamiento es una mera coincidencia oportunista, si estas agregaciones son estacionales, si hay una zona de cría en las inmediaciones» o si tienen que ver con el horario de alimentación de los atunes.

Para sus autores, seguir grabando bajo las jaulas, «y posiblemente un seguimiento específico de esta especie», ayudaría a entender mejor los movimientos de estas rayas.

Imagen: Agius, Borg y Schembri (2026), Marine Biodiversity / Springer Nature (CC BY 4.0)

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