La expedición GREAT ha completado 18 días de operaciones en el Ártico con ayuda de Étaín, un robot submarino de la Universidad de Limerick. A bordo del buque irlandés Celtic Explorer, un equipo internacional investigó fondos marinos donde las montañas sumergidas y las fuentes hidrotermales crean hábitats poco conocidos.
La campaña ha dejado registros del relieve y de la vida submarina, según el equipo de robótica que participó en ella. Su interés va más allá de las imágenes llamativas del fondo del mar, porque esa información puede ayudar a comprender cómo funcionan ecosistemas que apenas podemos observar desde la superficie.

Una misión desde Groenlandia
La investigación estuvo dirigida por Diana Krawczyk, del Instituto de Recursos Naturales de Groenlandia, y contó con financiación del programa europeo AQUARIUS. Sus responsables la presentan como la primera expedición liderada desde Groenlandia para estudiar fuentes hidrotermales y montes submarinos del Ártico.
El área prevista se situaba en el sur del mar de Groenlandia e incluía el complejo de montes submarinos de Logi Ridge. Los mapas del proyecto señalaban fuentes conocidas y posibles surgencias, además de jardines de esponjas y corales en la región.
Vida sin luz solar
¿Qué hace especiales a estas fuentes? El agua de mar se filtra por grietas de la corteza, se calienta al circular cerca de rocas calientes y vuelve a salir cargada de minerales. En torno a esas salidas pueden desarrollarse comunidades que aprovechan una fuente de energía distinta de la luz.
La clave está en la quimiosíntesis, un proceso por el que ciertos microorganismos producen materia orgánica utilizando energía de reacciones químicas. Esos organismos sostienen cadenas alimentarias en la oscuridad, según explica la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA). Allí abajo, la química permite alimentar formas de vida que no dependen directamente del sol.
Un robot unido al barco
Étaín es un vehículo operado a distancia, conocido por las siglas ROV, que trabaja conectado al barco mediante un cable. La ficha de la universidad atribuye 1130 kilos al vehículo base, una cifra que no incluye toda la infraestructura necesaria para utilizarlo.
Su documentación técnica describe siete propulsores eléctricos y un suministro de 35 kilovatios a 3000 voltios. También incorpora cámaras, luces y sonar, además de un sistema hidráulico para accionar los brazos. En la práctica, permite observar el fondo y manipular objetos desde la superficie.
El equipo tiene, además, una conexión con las energías renovables. Fue presentado para apoyar la inspección, reparación y mantenimiento de instalaciones de energía marina, mediante mejoras en navegación y control desarrolladas en Limerick. Esa tecnología ha encontrado otra aplicación en la investigación de los ecosistemas árticos.
Un garaje submarino
Para las operaciones profundas, el sistema dispone de una estructura de acero inoxidable que funciona como un pequeño garaje. Un cable principal de 2200 metros conecta el conjunto con la superficie y otro de 400 metros permite al robot moverse desde esa estructura.
La ficha técnica establece una capacidad máxima de 2000 metros con ese sistema y de 600 metros en su configuración de operación libre. Son límites de diseño, no profundidades que el comunicado de cierre confirme para GREAT. Tampoco los 18 días de campaña equivalen a una inmersión continua del robot.
Qué registró la expedición
La crónica publicada por el centro de robótica de Limerick el 3 de septiembre aporta detalles del trabajo realizado. El equipo reconoció un volcán submarino con una caldera, un monte aislado y dos valles sumergidos, para construir una imagen más precisa de sus paisajes y hábitats.

Durante las inmersiones, dos cámaras 4K grabaron el fondo marino. Dos láseres verdes proporcionaban una referencia de escala para calcular el tamaño de los organismos y las estructuras geológicas. Es el equivalente a colocar una regla junto a lo que se fotografía, pero bajo el agua.
Para esta misión, el robot también llevaba una plataforma instrumental adaptada al trabajo científico. Incluía brazos para recoger animales y extraer testigos de sedimento, una botella de muestreo de agua y un sensor de temperatura aportado por los investigadores.
El valor de las muestras
El plan científico de GREAT contempla combinar mapas de alta resolución con muestras y análisis genéticos y químicos. El propósito es relacionar la biodiversidad con las condiciones del fondo y entender qué factores favorecen la presencia de unas comunidades en determinados lugares.
Los comunicados consultados describen la campaña y sus herramientas, pero no presentan todavía un catálogo de nuevas especies ni un balance de nuevas fuentes hidrotermales descubiertas. El cierre de la expedición también se recoge en el boletín oficial de AQUARIUS publicado el 25 de septiembre de 2026.
Foto: CRIS / Universidad de Limerick







