Ann Hammond vio en agosto de 2021 un abejorro en peligro de extinción en la finca de casi 5 hectáreas que su familia restaura en Iowa (Estados Unidos). Era un abejorro de manchas rojizas (Bombus affinis), según un comunicado de Monarch Research de septiembre de 2026.
La organización publicó la nota después de que una reina de la misma especie apareciera en agosto junto a su estación de Marion. La finca de los Hammond está en el sureste de Cedar Rapids. La familia ha visto al insecto por su jardín durante los tres últimos años, según la web de la entidad.
Agracejo japonés bajo los árboles
Cuando los Hammond compraron la propiedad, el suelo del bosque estaba cubierto de agracejo japonés. Es un arbusto invasor, y bajo los árboles apenas quedaba sotobosque autóctono.
La familia arrancó esas plantas, recuperó un estanque y sembró una pradera con árboles, flores y hierbas de la zona. Siguió ampliándola tras el derecho de 2020, una tormenta de vientos muy fuertes en línea recta. También dejó de usar pesticidas.
«Nos emocionó ver el efecto positivo de nuestro trabajo de restauración», dijo Hammond en el comunicado. A su juicio, quitar invasoras, plantar especies nativas y renunciar a los pesticidas «sí restaura la biodiversidad».

Su camino hacia la conservación empezó criando mariposas monarca, con ayuda de Monarch Research. Con los años pasó a restaurar toda la finca. Su consejo a otros propietarios cabe en tres pasos: menos pesticidas, plantas autóctonas y tiempo para mirar lo que vuelve.
Una reina junto a Marion
Monarch Research nació en el condado de Linn para proteger a la mariposa monarca y hoy planta también árboles, praderas y flores nativas. Su estación de Marion, en Lakeside Road, ocupa unas 32 hectáreas.
A finales de agosto de 2026, el equipo vio una reina de esta especie en esos terrenos. En diez años no habían registrado ninguna.
Su fundador, Clark McLeod, lo tomó como prueba de que allí se reconstruyen «partes de un ecosistema» y no solo jardines bonitos. Que una especie en peligro llegue a un hábitat que ellos mismos han restaurado le parece muy alentador.
Del norte de Georgia a Quebec
El Servicio de Pesca y Vida Silvestre de Estados Unidos incluyó a este abejorro en la lista federal de especies en peligro en 2017. Canadá ya lo había catalogado así en 2012.
Antes vivía en el este de Estados Unidos y en la parte alta del Medio Oeste, desde el nordeste de Georgia hasta las Dakotas. También ocupaba el sur de Quebec y Ontario. Desde alrededor de 2007 se ha documentado un declive amplio y rápido en todo su territorio estadounidense.
La agencia federal admite que no conoce la causa exacta. Las pruebas apuntan a un patógeno introducido unido a los insecticidas y fungicidas. La pérdida de hábitat y el cambio climático presionan además a las poblaciones que quedan.
Varios de esos factores aparecen también entre las causas de la desaparición de los abejorros en otras regiones. Iowa sigue siendo uno de los estados donde todavía se detecta, sobre todo en su mitad oriental, según Monarch Research.
Nidos en madrigueras abandonadas
Cada colonia nace en primavera, cuando una reina sale del lugar donde pasó el invierno. Una colonia sana puede superar las 1000 obreras, que buscan comida, defienden el nido y cuidan de las crías.
Los nidos suelen estar entre 30 centímetros y 1,2 metros bajo tierra, en madrigueras de roedores abandonadas. En otoño mueren la reina fundadora, las obreras y los machos. Solo las reinas nuevas pasan el invierno.
Por eso necesitan flores desde marzo o abril hasta principios de octubre. Monarch Research añade que hacen vibrar las flores para que suelten el polen, algo que necesitan muchas plantas nativas y algunos cultivos.
Césped convertido en flores
Con su programa Native Oasis, Monarch Research ayuda a los vecinos del condado a cambiar parte del césped por plantas autóctonas. Gran parte del condado es privado. Así, cada jardín puede servir de paso entre zonas naturales más grandes, como las praderas nativas.
«Un propietario no necesita hectáreas de pradera para marcar la diferencia», defendió McLeod. Entre las plantas que propone la entidad están la monarda silvestre, el algodoncillo de pantano y la vara de oro.
Según el servicio federal, conviene dejar rincones sin tocar y con hojarasca. Los pesticidas, solo cuando hagan falta y nunca mientras las abejas buscan alimento. Hammond lo dijo a su manera: «las flores son bonitas, pero una flor con un insecto es exquisita».
Una reina no es una colonia
Ni la nota ni la web de Monarch Research dicen cuántas colonias hay en la finca o en la estación. Un avistamiento demuestra que la especie pasó por allí, pero no si se reproduce en ese terreno.
Las fuentes tampoco explican cómo se confirmó la identificación del ejemplar de 2021. Y se sabe poco de dónde pasan el invierno las reinas: la agencia federal solo ha documentado una en pleno letargo.
Quien crea haber visto uno no debe atraparlo. Basta con fotografiarlo desde arriba, de lado y en primer plano de la cabeza. La imagen, con fecha y lugar, se puede enviar a plataformas como Bumble Bee Watch, donde especialistas confirman la especie.
Foto: Ann Hammond / Monarch Research












