¿Puede un mundo frío situado a 48 años luz conservar una atmósfera durante miles de millones de años? Un equipo internacional ha detectado helio escapando de LHS 1140 b, la señal más sólida hasta ahora de que un planeta rocoso dentro de la zona habitable de otra estrella mantiene una envoltura de gas.
El resultado no demuestra que haya vida, oxígeno ni océanos. Pero sí responde a una duda que llevaba años abierta y plantea la siguiente, qué gases forman el resto de esa atmósfera y qué ocurre cerca de la superficie.
Un mundo frío y masivo
LHS 1140 b es una supertierra, el nombre que reciben los mundos mayores que nuestro planeta pero bastante menores que Neptuno. Tiene unas 5,6 veces la masa terrestre, su diámetro es alrededor de 1,73 veces el de la Tierra y completa una órbita cada 24,7 días alrededor de una pequeña enana roja.
Recibe cerca del 42 por ciento de la energía que llega a la Tierra desde el Sol y su temperatura de equilibrio ronda los 47 grados bajo cero. Esa cifra no mide directamente el suelo, ya que la atmósfera podría redistribuir el calor y cambiar las condiciones reales.
El helio dio la pista
El estudio fue dirigido por Collin Cherubim, investigador formado en la Universidad de Harvard y vinculado al Centro de Astrofísica Harvard y Smithsonian. En el equipo participaron también Shreyas Vissapragada, de Carnegie Science, y los astrónomos David Charbonneau y Robin Wordsworth.
Cherubim partió de un modelo que predecía una atmósfera superior rica en helio y pobre en hidrógeno. Parte de ese gas escaparía por el calentamiento causado por los rayos X y la radiación ultravioleta extrema de la estrella.
Para comprobarlo, el grupo utilizó el espectrógrafo WINERED instalado en el telescopio Magellan Clay del Observatorio Las Campanas, en Chile. Este instrumento separa la luz como un prisma muy preciso y permite reconocer la huella de un gas cuando el planeta pasa por delante de su estrella.
Una noche poco común
El 23 de septiembre de 2024, LHS 1140 b y su vecino LHS 1140 c cruzaron la estrella con solo 39 minutos de separación. Durante seis horas y media, los astrónomos reunieron 70 espectros y compararon la luz recibida antes, durante y después de ambos tránsitos.
La señal de helio apareció alrededor de LHS 1140 b y se extendía más allá de su disco visible, como una cola de gas dispersándose en el espacio. “Ante todo, el helio nos dice que hay una atmósfera, y punto. Es una respuesta de sí o no”, explicó Cherubim.
Una fuga que cambia
El helio se detectó en 2024, pero no volvió a aparecer en las observaciones de 2025, lo que apunta a una fuga atmosférica variable. El equipo revisó posibles errores ligados a la actividad estelar, la atmósfera terrestre y el tratamiento de los datos, aunque todavía no sabe por qué la señal cambia.
Los modelos indican que la parte alta de la atmósfera está dominada probablemente por helio y contiene muy poco hidrógeno. En capas más bajas podrían permanecer gases más pesados con oxígeno, carbono o nitrógeno, pero su composición concreta no se ha determinado.
La vida sigue sin confirmar
La zona habitable es la región alrededor de una estrella donde podría existir agua líquida si el planeta dispone de la atmósfera adecuada. No es una etiqueta que garantice mares, vegetación o seres vivos, del mismo modo que vivir a buena distancia de una estufa no asegura que una habitación sea cómoda.
Una atmósfera puede repartir el calor y proteger parcialmente la superficie, pero el helio no convierte a LHS 1140 b en otra Tierra. El nuevo trabajo no ha detectado oxígeno, vapor de agua, dióxido de carbono ni señales biológicas.
Un análisis de 2024 con el telescopio James Webb descartó una gran envoltura rica en hidrógeno y encontró indicios provisionales de una atmósfera con mucho nitrógeno. También planteó que LHS 1140 b podría ser un mundo rico en agua, cubierto en gran parte por hielo y quizá con una zona oceánica, pero ese escenario sigue sin confirmar.
Dos planetas, dos destinos
En LHS 1140 c, más pequeño y sometido a una radiación mayor, los investigadores no encontraron la misma huella de helio. La comparación sugiere que ese mundo perdió casi todo su gas mientras LHS 1140 b habría conservado una atmósfera durante más de 3.000 millones de años.
El sistema encaja con la llamada costa cósmica, una frontera teórica entre planetas rocosos que retienen su atmósfera y otros que la pierden con rapidez. Además, buscar gases que escapan con telescopios terrestres podría ayudar a estudiar más mundos pequeños antes inaccesibles.
Qué buscarán ahora
El siguiente paso será averiguar de qué está compuesta la atmósfera profunda y buscar agua o dióxido de carbono. También harán falta más tránsitos para entender la fuga variable de helio y comprobar qué condiciones existen cerca de la superficie.
“La siguiente pregunta era si alguno había conseguido conservar una atmósfera. Ahora sabemos que al menos uno lo ha logrado”, señaló Wordsworth. Es un avance importante en la búsqueda de mundos habitables, pero no un descubrimiento de vida.
El estudio oficial se ha publicado en Science.



