China quiere llevar la automatización a uno de los lugares más delicados de cualquier país, su red eléctrica. Según la información publicada por Jiemian y recogida por South China Morning Post, State Grid Corporation of China planea comprar unos 8500 robots con inteligencia artificial en 2026, con una inversión de 6800 millones de yuanes, cerca de 1000 millones de dólares.
No hablamos solo de una imagen futurista con perros robot caminando por una subestación. En el fondo, lo que busca China es reducir riesgos para los trabajadores, detectar averías antes de que se conviertan en un problema y preparar una red cada vez más exigida por el crecimiento de las renovables. Y ahí está la clave.
Qué ha puesto China sobre la mesa
El plan, según Jiemian, aparece dentro del documento interno “2026 Embodied Intelligence Development Plan” de State Grid. La compañía quiere centrar el despliegue en cuatro tareas muy concretas, que son inspección eléctrica, trabajos con líneas en tensión, respuesta ante emergencias y logística.
La compra se haría por fases durante 2026. Primero llegarían pedidos piloto, después una adquisición a mayor escala y, al final del año, una ronda adicional para completar el despliegue. Es decir, no sería una prueba pequeña de escaparate, sino un salto hacia el uso real en infraestructuras críticas.
Perros robot entre cables y montañas
La parte más llamativa del plan son los 5000 perros robot de inspección. Según el documento citado, tendrán un presupuesto de 1500 millones de yuanes y se usarán sobre todo en subestaciones, líneas de transmisión y redes situadas en zonas montañosas. Sitios donde llegar a pie no siempre es fácil.
También aparecen otros dos grupos. El plan incluye 500 robots humanoides para trabajos con líneas en tensión, con un presupuesto de 2500 millones de yuanes, y 3000 robots de doble brazo para operar equipos y responder ante fallos, con 1800 millones de yuanes. No todos harán lo mismo. Y eso importa.
La red eléctrica ya no es tan simple
China ha añadido más de 430 gigavatios de nueva capacidad eólica y solar en 2025, según datos oficiales recogidos por el Gobierno chino. Con ese impulso, su capacidad renovable instalada superó los 1800 gigavatios y las renovables ya representan más del 60 % de la capacidad eléctrica total del país.
Eso cambia la forma de operar una red. No basta con producir más energía limpia, también hay que moverla, equilibrarla y mantener miles de kilómetros de cables, subestaciones y equipos. En la práctica, una avería en un punto remoto puede acabar notándose muy lejos. Incluso en la factura de la luz, aunque parezca algo lejano.
Menos riesgo para los trabajadores
El argumento más fuerte no es que los robots sean llamativos, sino que pueden entrar donde una persona se la juega. Las líneas de ultra alta tensión, los equipos dañados tras una tormenta o las zonas de difícil acceso obligan a exponer a técnicos a situaciones peligrosas. Ese calor pegajoso del verano, el barro, la nieve o una subida por montaña no salen en las fotos bonitas.
Según las estimaciones citadas por Jiemian, State Grid calcula que estos equipos podrían reducir más del 90 % la exposición de trabajadores a tareas de alto riesgo. El mismo plan habla de una mejora de cinco veces en la eficiencia de inspección y de una reducción del 60 % en el tiempo medio de respuesta ante fallos. Son previsiones internas, por lo que habrá que comprobarlas sobre el terreno.
No es magia, es mantenimiento
Conviene no imaginar a estos robots como máquinas autónomas capaces de resolverlo todo. Muchos irán cargados de sensores, visión artificial y sistemas de navegación, pero seguirán necesitando supervisión, datos fiables, mantenimiento y protocolos de seguridad. Un robot que falla en una fábrica ya es un problema. En una red eléctrica, el margen de error es mucho menor.
La Federación Internacional de Robótica recordó recientemente que China está situando la robótica en el centro de su nuevo plan industrial, pero también advirtió de que muchas capacidades de los humanoides siguen limitadas a demostraciones o pilotos en escenarios reales. Dicho de otra forma, una cosa es correr una media maratón para impresionar al público y otra trabajar cada día junto a cables de alta tensión.
La parte ecológica también cuenta
Para una transición energética seria, la red es tan importante como los parques solares o los aerogeneradores. Si la electricidad renovable crece más rápido que la capacidad para transportarla y gestionarla, aparecen cuellos de botella, pérdidas y retrasos. Por eso este despliegue de robots tiene una lectura ambiental clara.
Pero tampoco hay que venderlo como una solución verde automática. Fabricar robots consume materiales, energía y componentes electrónicos. La mejora ambiental llegará si ayudan a reducir desplazamientos innecesarios, evitar averías, alargar la vida de los equipos y conectar mejor la generación renovable con los lugares donde se consume. Ahí está el verdadero examen.
Una señal para Europa
La lección para España y para Europa no es que mañana haya que llenar las subestaciones de perros robot. La lección es más sencilla. Las redes eléctricas necesitan inversión, vigilancia y tecnología si queremos meter más renovables sin perder seguridad ni calidad del suministro.
A veces hablamos mucho de paneles solares y coches eléctricos, pero poco de la infraestructura que lo sostiene todo. Sin una red moderna, los apagones, las pérdidas y las reparaciones urgentes pueden reducirse en buena parte. Y eso se nota.
Lo que falta por demostrar
Ahora queda la parte menos vistosa. Comprobar si esos robots funcionan igual de bien con lluvia, polvo, nieve, interferencias, golpes y jornadas largas. También habrá que ver cómo se protegen los datos, quién responde si un sistema toma una mala decisión y qué formación reciben los técnicos que trabajarán con estas máquinas.
La información más reciente sobre el plan ha sido publicada por Jiemian News.








