Científicos australianos descubren un hongo que se introduce en las pepitas del oro y lo usa como un caparazón: el hallazgo transforma la minería

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Publicado el: 8 de mayo de 2026 a las 15:33
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Imagen microscópica de un hongo Fusarium oxysporum cubierto de partículas microscópicas de oro

Un hongo común del suelo ha hecho algo que, a primera vista, parece casi imposible. Investigadores de la agencia científica australiana CSIRO comprobaron que una cepa de Fusarium oxysporum puede disolver partículas microscópicas de oro y volver a depositarlas sobre sus propios filamentos, como si se cubriera con una capa brillante que solo puede verse al microscopio. El estudio fue publicado en Nature Communications en 2019 y se centró en suelos auríferos de Boddington, en Australia Occidental.

La clave no está en imaginar hongos fabricando lingotes, porque no va de eso. Lo importante es que este organismo podría ayudar a entender cómo se mueve el oro en la naturaleza y, quizá, a localizar nuevos depósitos con menos perforaciones y menos daño ambiental. En la práctica, sería una herramienta más para mirar el suelo con otros ojos. Y eso no es poca cosa.

El hongo que se cubre de oro

El protagonista del hallazgo es una cepa de Fusarium oxysporum, un hongo filamentoso que crece en forma de hebras muy finas. CSIRO explicó que estas hebras pueden unir oro a su superficie tras disolver y precipitar partículas de su entorno, un proceso llamativo porque el oro suele ser muy poco reactivo.

La imagen es potente, pero conviene aterrizarla. No hablamos de pepitas visibles ni de un recubrimiento que pueda rasparse con una navaja. Las partículas son microscópicas, tan pequeñas que un buscador aficionado no las vería ni aunque encontrara el hongo en el campo.

El propio equipo de CSIRO lo resumió con una frase clara. “Los hongos pueden oxidar diminutas partículas de oro y precipitarlas sobre sus filamentos”, señaló el autor principal, el doctor Tsing Bohu. Esa reacción, según explicó, podría influir en cómo se distribuyen el oro y otros elementos cerca de la superficie terrestre.

Por qué sorprende tanto

El oro tiene fama de metal noble por una razón sencilla. No se oxida con facilidad y no suele participar en reacciones químicas normales, algo que explica por qué se conserva tan bien en joyas, monedas o piezas antiguas.

Por eso este caso ha llamado tanto la atención. El estudio plantea que el hongo puede iniciar una interacción de oxidación y reducción con el oro bajo condiciones propias de la superficie terrestre. Dicho de forma más sencilla, consigue movilizarlo y después volver a fijarlo en forma de partículas diminutas.

La investigación apunta a un mecanismo en el que los filamentos del hongo producen compuestos capaces de ayudar a disolver oro coloidal. Después, ese oro puede unirse a moléculas orgánicas y reaparecer como nanopartículas. Parece ciencia de laboratorio, pero ocurre en el suelo. Ahí está lo fascinante.

Una ventaja para crecer

La pregunta lógica es inmediata. ¿Para qué le sirve a un hongo cubrirse de oro?

Los investigadores observaron que los hongos recubiertos de oro crecían más y se extendían más rápido que otros que no interactuaban con el metal. CSIRO también indicó que estos hongos parecían ocupar una posición importante dentro de una comunidad de suelo más diversa.

El estudio no dice que el oro sea “alimento” para el hongo, y esa diferencia es importante. La hipótesis es más fina. La presencia de oro iónico podría reducir el coste energético de aprovechar ciertas sustancias y facilitar que el hongo colonice su entorno con más rapidez. En buena parte, sería una ayuda química en un suelo difícil.

No es una fábrica de riqueza

Aquí toca frenar un poco el entusiasmo. Este descubrimiento no significa que vayamos a cultivar hongos en macetas para producir oro en casa. Tampoco convierte a Fusarium oxysporum en una mina viviente.

La aplicación más realista está en la exploración minera. Si ciertas comunidades de hongos aparecen asociadas a suelos con señales de oro, podrían actuar como pistas biológicas. Es parecido a lo que ya se investiga con hojas de eucalipto o termiteros, que pueden guardar trazas diminutas de metales procedentes de yacimientos más profundos.

En el fondo, lo que se busca es reducir el margen de error. Menos perforaciones a ciegas, menos maquinaria entrando y saliendo de zonas sensibles, menos gasto y, si se hace bien, menos presión sobre el territorio. La minería nunca es inocua, pero explorar mejor puede evitar daños innecesarios.

Una ayuda para una minería menos invasiva

La propia CSIRO habló de herramientas de exploración de bajo impacto para encontrar nuevos depósitos. Esta idea encaja con un cambio de mentalidad bastante claro. Antes de abrir el suelo, conviene leer mejor las señales que ya existen en la superficie.

¿Qué significa esto para el medio ambiente? Significa que la biología puede ayudar a decidir dónde merece la pena investigar y dónde no. No sustituye a los estudios geológicos ni a los permisos ambientales, pero puede afinar el mapa inicial.

También se ha mencionado la posibilidad de usar hongos en recuperación de metales desde residuos, como lodos o basura electrónica. Es una línea prometedora, aunque todavía necesita mucha investigación antes de convertirse en una solución industrial real. De momento, lo prudente es hablar de potencial, no de revolución cerrada.

El riesgo que no debe olvidarse

Hay otro matiz importante. Fusarium oxysporum no es un nombre cualquiera en agricultura. Algunas cepas de este grupo pueden causar enfermedades graves en cultivos, como ocurre con la enfermedad de Panamá en el plátano, provocada por Fusarium oxysporum f. sp. cubense raza tropical 4.

Eso no significa que la cepa estudiada para el oro vaya a arrasar campos. Pero sí recuerda que cualquier uso industrial tendría que pasar por controles muy estrictos. En biotecnología, una buena idea sin bioseguridad puede convertirse en un problema.

Por eso el camino no será rápido. Harán falta pruebas, modelos, control de cepas, seguimiento ambiental y una evaluación clara de riesgos. La naturaleza ofrece pistas brillantes, nunca mejor dicho, pero no todas pueden copiarse sin cuidado.

Lo que queda por demostrar

El hallazgo abre una puerta, no la cierra. Los científicos aún necesitan entender mejor por qué este hongo interactúa con el oro, si su presencia puede indicar depósitos más grandes bajo el suelo y hasta qué punto este método puede funcionar fuera de las condiciones concretas estudiadas en Australia.

Aun así, la historia tiene algo poderoso. Un organismo discreto, casi invisible para cualquiera que pase por encima, podría ayudar a explicar cómo se mueve uno de los metales más codiciados del planeta. No con explosivos ni con grandes máquinas, sino con química microscópica.

El estudio completo ha sido publicado en Nature Communications.


Javier F.

Periodista, licenciado en la Universidad Nebrija, diez años en Onda Cero, y ahora en proyectos profesionales como Freelance. Especializado en contenido SEO y Discover

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