Unos cristales de circón indican que un cráter enterrado bajo Oklahoma es casi 100 millones de años más joven de lo que se creía y lo acercan a una gran extinción marina

Adrian Villellas
Publicado el 7 de octubre de 2026 a las 20:46
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Mapa geológico de la estructura de impacto de Ames, en Oklahoma, con los tipos de roca y la ubicación de pozos de petróleo y gas

Bajo la localidad de Ames, en el centro-norte de Oklahoma (Estados Unidos), hay un cráter enterrado de entre 14 y 16 kilómetros de diámetro que no se ve desde la superficie y del que se extraen petróleo y gas. Desde los años noventa se le atribuía una edad de unos 467 millones de años, dentro de una lluvia de meteoritos del Ordovícico.

Un equipo de la Universidad de Texas en Austin ha fechado ahora unos diminutos cristales de circón de la roca que fundió el impacto y ha obtenido una edad media de 369,7 millones de años, con un margen de error de 5,9 millones, que los autores toman como la mejor acotación disponible de la fecha del choque. Esa cifra lo llevaría al Devónico Superior, casi 100 millones de años más tarde, y lo sitúa muy cerca de una de las grandes extinciones de la vida marina.

«Independientemente de la técnica que utilizáramos, siempre volvía a salir esta señal más joven», dijo Elizabeth Catlos, profesora asociada del Departamento de Ciencias de la Tierra y Planetarias y autora principal del trabajo, en un comunicado de la Universidad de Texas en Austin. El estudio se publicó el 7 de julio de 2026 y en él participaron también la Universidad de Heidelberg (Alemania) y el Centro Espacial Johnson de la NASA, entre otros.

La edad antigua se apoyaba en cuatro esquirlas de roca

Ames figuraba entre los mayores cráteres del llamado evento meteorítico del Ordovícico, que según el estudio empezó cuando un asteroide se fragmentó hace unos 466 a 468 millones de años y dispersó meteoritos en órbitas que cruzaban la de la Tierra durante millones de años.

Esa edad se basaba «únicamente» en conodontos hallados en la lutita que rellena el cráter, escriben los autores. Los conodontos eran animales marinos de aspecto parecido al de una anguila, y de ellos se conservan unas piezas de fosfato cálcico, similares a dientes, que les servían para alimentarse.

El artículo añade que la asignación descansa «en el análisis de solo estas cuatro pequeñas esquirlas», trozos de roca de 1 a 2 centímetros de grosor sacados de un pozo a algo más de 2700 metros de profundidad.

Según Catlos, esos dientes probablemente tenían ya millones de años cuando el asteroide golpeó Ames y quedaron revueltos con el resto de materiales. El trabajo plantea que el meteorito cayó en un mar de entre 10 y 50 metros de profundidad y que el agua que volvió a entrar en el cráter, con el reflujo del tsunami, arrastró dentro sedimentos más antiguos con sus fósiles.

«En lugar de indicar la edad del impacto, los conjuntos de conodontos acotan la edad de los estratos excavados durante la formación del cráter», escriben los autores.

Dieciséis circones de un testigo de roca de Oklahoma

Las muestras salieron de un testigo de perforación, el cilindro de roca que se obtiene al perforar un pozo, que guarda el Servicio Geológico de Oklahoma. Se tomaron en el tramo de roca fundida por el impacto, entre 2747 y 2754 metros de profundidad.

La investigación la puso en marcha Andrew Parisi, antiguo estudiante de posgrado de la Escuela de Geociencias Jackson, que se graduó en 2018 y ya ha fallecido. Según la universidad, él recogió el testigo, extrajo los circones y ayudó a fecharlos. El coautor Michael Brookfield murió también antes de la publicación, y el artículo está dedicado a ambos.

El circón, el mineral que ha permitido fechar algunos de los fragmentos más antiguos de la Tierra, incorpora uranio al cristalizar, y ese uranio se transforma en plomo a un ritmo conocido. La proporción entre ambos indica cuándo se formó o se reajustó el cristal.

El equipo analizó 16 granos en 37 puntos con dos técnicas distintas. Las fechas más antiguas apuntan en conjunto a unos 1401 millones de años, la edad del granito sobre el que cayó el meteorito, mientras que los datos más jóvenes, 10 de 11, coincidieron en una media de 369,7 millones de años.

Daniel Stockli, decano de la Escuela de Geociencias Jackson y coautor, explicó que esta datación es la forma más precisa de fechar sucesos así y que el circón puede registrar las presiones de choque de un impacto. «Estos pequeños cristales nos permiten viajar atrás en el tiempo y conocer los grandes cambios de los paisajes antiguos de la Tierra», dijo.

Solo dos cristales conservan las huellas del choque

Con la NASA, el equipo obtuvo imágenes de catodoluminiscencia, que muestran las capas de crecimiento del cristal por la luz que emite al recibir electrones, y de difracción de electrones retrodispersados, que revela si su red cristalina está deformada.

De los 10 granos estudiados con esta última técnica, 8 mostraban solo una ligera deformación. Los otros dos tenían abundantes microgrietas y láminas que cruzan sus capas, unas estructuras que el artículo describe como «coherentes con una deformación por choque».

Los circones que dan la edad devónica son, en cambio, cristales sin deformación apreciable, mientras que los dos deformados conservan edades mucho más antiguas. Los autores creen que esos granos jóvenes se recristalizaron con el calor del impacto y sostienen que «la repetición de fechas devónicas en varios granos y con métodos analíticos independientes respalda su autenticidad».

Una fecha a 2 o 3 millones de años de una extinción masiva

El límite entre el Frasniense y el Famenniense, dos etapas del Devónico Superior, se sitúa hace entre 371,8 y 372,4 millones de años y coincide con una extinción masiva que golpeó sobre todo a la vida marina. Entre esa fecha y la de Ames median entre 2 y 3 millones de años, menos que el margen de error de la datación.

«Con esta investigación, básicamente estamos sacando un peón importante del evento meteorítico del Ordovícico, llevándolo al evento del Frasniense-Famenniense y diciendo: “Aquí es donde encaja este impacto”», dijo Catlos.

En Norteamérica hay otros impactos devónicos a latitudes parecidas, como Flynn Creek, en Tennessee, y Nicholson Lake, en Canadá. «Si nuestra interpretación de las fechas de los circones es correcta, el impacto de Ames puede aportar pruebas adicionales de uno o varios grandes impactos de bólidos durante el Devónico Superior», escriben los autores.

Catlos explicó que importa saber si las extinciones masivas las provocó una fuerza extraterrestre, como un impacto, o una interna, como grandes erupciones volcánicas. El estudio no establece que Ames causara la extinción, y con casi 6 millones de años de margen tampoco permite afirmar que ambos sucesos fueran simultáneos.

La hipótesis del anillo de la Tierra pierde un cráter

En 2024, un equipo de la Universidad de Monash, en Australia, propuso que la Tierra pudo tener un anillo de restos de asteroide hace unos 466 millones de años, parecido a los de Saturno, porque los 21 cráteres de esa época que analizaron estaban entonces a menos de 30 grados del ecuador.

«A lo largo de millones de años, el material de este anillo fue cayendo gradualmente a la Tierra y creó el pico de impactos de meteoritos que se observa en el registro geológico», dijo entonces el profesor Andy Tomkins, autor principal de aquel trabajo.

El nuevo artículo recuerda que Ames, uno de los mayores cráteres confirmados del Ordovícico Medio, «desempeña un papel crítico a la hora de poner a prueba la hipótesis». Una edad devónica lo sacaría de la lista, aunque eso solo no basta para descartar el anillo.

Los límites de la nueva datación

Los autores no pueden descartar del todo que una actividad hidrotermal posterior, en el Carbonífero y el Pérmico, provocara una pérdida limitada de plomo y rejuveneciera los circones. Pero añaden que, si así fuera, «no está claro por qué varios granos de circón darían una firma devónica».

«Una limitación importante es la escasa cantidad de material de muestra disponible», escriben, ya que el Servicio Geológico de Oklahoma solo permite extraer un cilindro de 2,5 centímetros por cada 30 centímetros de testigo.

El equipo pide más dataciones y propone fechar también la capa de material expulsado por el choque. «La capa de eyección de Ames debió de ser muy extensa. Ahora se está buscando en las secciones correspondientes de rocas del Ordovícico y del Devónico de Oklahoma y de los estados vecinos», escriben.

Stockli cree que el método debería aplicarse a otros cráteres de impacto de Norteamérica. «Sería estupendo hacer esto en más lugares de impacto de meteoritos de todo el continente para obtener una cronología más precisa de estos grandes acontecimientos», dijo.

El estudio completo se ha publicado en Meteoritics & Planetary Science.

Imagen: Catlos et al. / Universidad de Texas en Austin

Adrian Villellas

Adrian Villellas

Adrián Villellas es ingeniero informático y emprendedor en marketing digital y tecnología publicitaria. Ha dirigido proyectos en análisis de datos, publicidad sostenible y nuevas soluciones de audiencia. También colabora en iniciativas científicas relacionadas con la astronomía y la observación espacial. Publica en medios de comunicación científicos, tecnológicos y medioambientales, donde acerca temas complejos y avances innovadores a un público amplio.

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