Toyota ha decidido dar un paso mucho más serio en el negocio de los taxis aéreos eléctricos. El fabricante japonés y Joby Aviation anunciaron el 30 de junio de 2026 una empresa conjunta para preparar la fabricación comercial del eVTOL de Joby, una aeronave que despega como un helicóptero y vuela hacia delante como un avión.
Esto no significa que mañana vayamos a pedir un vuelo desde el móvil para saltarnos un atasco. La clave es convertir un aparato que ya vuela en un producto fabricable de forma repetida, con costes controlados, calidad constante y capacidad para responder a una futura demanda.
Una empresa para fabricar
La nueva sociedad se llama Joby Toyota Aero Manufacturing Preparation Company y tendrá su sede en California. Toyota controlará el 51 % y Joby el 49 %, mientras que Yosuke Tsuruta será su máximo responsable.
Su primera misión será sentar las bases de la producción comercial. Ambas compañías trabajarán en productividad, calidad y costes, además de ampliar la capacidad industrial necesaria para apoyar la certificación. El anuncio no fija cuántos aparatos fabricará la empresa ni cuándo comenzarán las entregas.
Toyota lleva años dentro
La alianza no ha aparecido de la noche a la mañana. Toyota lleva casi una década asesorando a Joby y, desde 2019, sus ingenieros colaboran en procesos de producción, herramientas y control de calidad.
En 2023, las compañías acordaron que Toyota suministraría componentes del sistema de propulsión y mecanismos que controlan movimientos esenciales de la aeronave. Un año después, el fabricante anunció otros 500 millones de dólares de inversión, elevando su compromiso total con Joby hasta 894 millones. «Vemos la movilidad aérea como una extensión natural de esa filosofía, de la tierra al cielo», afirmó Akio Toyoda, presidente del consejo de Toyota.
Así es el taxi aéreo
El vehículo de Joby es un eVTOL totalmente eléctrico. Estas siglas describen una aeronave capaz de despegar y aterrizar en vertical y de inclinar después sus seis hélices para volar apoyada en sus alas.
Está diseñado para un piloto y cuatro pasajeros. Joby indica una velocidad máxima de hasta 200 millas por hora, unos 322 kilómetros por hora, y una autonomía de hasta 100 millas, alrededor de 161 kilómetros, con una carga.
La energía se almacena en cuatro paquetes de baterías y alimenta seis motores. La compañía declara 45 decibelios en vuelo de crucero medidos desde 500 metros y 65 decibelios durante el aterrizaje desde 100 metros. Promete menos ruido que un helicóptero, aunque las ciudades deberán comprobar qué ocurre cuando haya operaciones frecuentes.
Del prototipo a la fábrica
Joby ya ha superado la etapa de las maquetas. En marzo de 2026 comenzó a volar su primera aeronave fabricada conforme a los diseños previstos para las pruebas finales de certificación de la Administración Federal de Aviación de Estados Unidos.
Que sea una aeronave «conforme» importa. No es solo un prototipo experimental, sino una unidad construida siguiendo planos, componentes y procedimientos que deben ser examinados por los reguladores. Los pilotos de la FAA todavía tendrán que realizar pruebas oficiales antes de que el modelo reciba la certificación de tipo.
Mientras tanto, Joby amplía sus instalaciones en California y Ohio. Su plan es alcanzar una capacidad de cuatro aeronaves al mes en 2027. Es una meta industrial, no una producción garantizada, pero explica por qué Toyota entra con más fuerza justo ahora.
La certificación sigue mandando
La FAA clasifica estos vehículos en la categoría «powered-lift», que combina características de aviones y helicópteros. El organismo ya dispone de normas para pilotos y operaciones, pero cada modelo debe demostrar que cumple los requisitos de diseño, producción, aeronavegabilidad y seguridad.
Por eso, una alianza de fabricación no equivale a una autorización para transportar pasajeros. Todavía hacen falta pruebas, certificados para los operadores, pilotos preparados, puntos de aterrizaje y sistemas de carga. No es poca cosa.
El anuncio tampoco establece un precio para los billetes ni una fecha mundial de lanzamiento. Los primeros servicios probablemente se parecerán más a rutas de helicóptero entre aeropuertos y zonas urbanas que a una red disponible en cada barrio. La propia FAA prevé que las operaciones iniciales utilicen, cuando sea posible, helipuertos y otras infraestructuras ya existentes.
Menos emisiones, pero no huella cero
Durante el vuelo, el taxi aéreo de Joby no quema combustible y no produce emisiones directas. Eso puede reducir humos y ruido cerca de las ciudades, dos problemas que cualquiera reconoce después de pasar una hora entre tráfico, motores y bocinas.
Pero «cero emisiones durante el vuelo» no significa impacto ambiental cero. También cuentan la electricidad para recargar, la fabricación del aparato, la vida útil de las baterías, la ocupación de cada trayecto y el transporte terrestre hasta el punto de salida.
Joby calcula que, en un recorrido de 37 millas en Los Ángeles, unos 60 kilómetros, su aeronave podría generar un 90 % menos de emisiones que un helicóptero y un 40 % menos que un coche medio de gasolina. Es una estimación de la propia empresa para una ruta concreta, no un resultado aplicable automáticamente a cualquier ciudad.
¿Adiós a los atascos?
Un aparato para cuatro pasajeros no sustituirá al metro, al tren o al autobús. Tampoco eliminará los atascos de cada mañana. Su función más razonable estaría en trayectos donde el tiempo por carretera es muy alto, como las conexiones entre aeropuertos y centros urbanos.
A cambio, puede abrir una opción sin emisiones directas y con menos ruido que un helicóptero convencional. La campaña realizada con Toyota en el circuito Fuji Speedway de Japón en diciembre de 2025, con 14 vuelos pilotados durante una semana, mostró que el proyecto está bastante más allá de una promesa dibujada en una pantalla.
Lo que cambia ahora
La gran aportación de Toyota no es enseñar a Joby a despegar. Es ayudarle a fabricar unidades iguales, seguras y con un coste que permita operar un servicio real. Ahí suelen tropezar muchas tecnologías llamativas.
La nueva empresa conjunta acerca ese objetivo, pero no resuelve por sí sola la certificación, la infraestructura ni la aceptación pública. El taxi aéreo de Joby ya puede volar. Ahora debe demostrar que también puede producirse, mantenerse y utilizarse de forma segura y ambientalmente razonable a gran escala.
El comunicado oficial sobre la alianza estratégica de fabricación ha sido publicado en Toyota Global Newsroom.
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